La vigencia de un proyecto y los nuevos intentos de exterminar a la UP

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Roberto Romero Ospina

Creada en 1984, hace 29 años, la Unión Patriótica sigue vigente. Ayer 20 de marzo, varias noticias retomaron el tema del movimiento que padeció, tras el genocidio del gaitanismo, otro de similares características: más de 3.600 de sus líderes y militantes de base fueron asesinados.

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En primer lugar, el Consejo de Estado ordenó a la Nación pedir perdón a los familiares del dirigente agrario y cofundador de la UP, Julio Poveda, asesinado por sicarios el 14 de febrero de 1999 y le exigió a la Justicia penal que actúe y esclarezca el crimen.

La Sección Tercera, en su fallo, ordena al Estado pedir perdón en una ceremonia pública, a indemnizar a los familiares del líder político de izquierda con más de 500 millones de pesos y pidió el envío de copias del fallo a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), instancia que analiza una demanda contra la Nación por los más de dos mil militantes de esa organización política asesinados desde 1983.

Y el mismo 20, otras dos informaciones sacudieron el escenario político del país: al tiempo que el Congreso creaba una subcomisión que analizará las posibilidades jurídicas de restituir la personería jurídica de la Unión Patriótica, la Procuraduría instaba al Consejo de Estado a no revocar el fallo del Consejo Nacional Electoral que en 2002 le arrebató a esta agrupación sus derechos políticos.

A la idea de los congresistas Alexandra Moreno, del Movimiento Mira, y Guillermo Rivera, del Partido Liberal, se unieron las comisiones de paz del Congreso, que tras la sesión conjunta del miércoles 20 habilitaron a un grupo de congresistas que analizarán las vías jurídicas para ello.

Una comisión reparadora y la ley de víctimas

De acuerdo con el presidente del Senado, Roy Barreras, citado por El Tiempo, “se ha creado una subcomisión que revisará las posibilidades jurídicas de restablecimiento de la personería jurídica de la Unión Patriótica, el movimiento víctima del genocidio, conocido y doloroso, y que implica una nueva manera de reparación a esas víctimas de la UP”.

Según la tesis, los artículos 151 y 152 de la Ley de Víctimas contemplan la “reparación colectiva” a las organizaciones políticas que han sido víctimas de graves violaciones a los derechos humanos.

Esto se haría tras una recomendación del Plan Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, el cual encabeza el Presidente de la República, a la Unidad de Víctimas, que emitiría una resolución pidiendo al Consejo Nacional Electoral (CNE) que le regrese la personería jurídica a la UP.

Se trataría de un fallo histórico en el camino de la reparación de miles de víctimas y el resarcimiento de un movimiento que contribuyó a la paz de Colombia tras su fundación bajo los acuerdos de la Uribe de mayo de 1984 entre la administración de Betancur con las FARC de Cese al Fuego, Tregua y Paz, los únicos que por cierto esa guerrilla ha firmado con gobierno alguno.

El Procurador vuelve a matar a las víctimas

Por eso el pronunciamiento del procurador solo apunta a volver a exterminar al joven movimiento que se levantó como una real alternativa política en Colombia.

Los actos administrativos 5659 del 30 de septiembre de 2002 y 7477 del 20 de noviembre de 2002 del Consejo Nacional Electoral fueron demandados ante el alto tribunal por la UP que argumentó que el Consejo Nacional Electoral (CNE) excedió sus competencias, al aplicar la Ley 130 de 1994 sin tener en cuenta que la UP fue objeto de un genocidio político.

El procurador delegado Antonio Eduardo Gómez Merlano, obedeciendo órdenes del procurador general Ordoñez, conceptuó que si el Consejo Nacional Electoral no hubiese aplicado la norma que rige para mantener la personería jurídica de la UP, estaría violando la Constitución o estaría generando desigualdad en referencia a otros partidos políticos.

La ley electoral determina que un partido político pierde sus derechos si no alcanza un determinado número de votos o no se presenta a elecciones. Que no fue precisamente el caso de la UP pues no era igual ante la ley como pretende el procurador pues fue objeto de una política de exterminio que no sufrieron los otros partidos. Olvidar esto no es sino convertirse en cómplice de quienes optaron por la vía de la extinción a sangre y fuego.

Con toda razón los demandantes del absurdo fallo del Consejo Nacional Electoral que le arrebató la personería jurídica y que ratificó a través de las Resoluciones 0101 del 24 de enero de 2012 y 0364 del 11 de abril de 2012, señalan que “la presunción de legalidad que para vergüenza del país aún ostentan estos actos administrativos que se solicitan se revoquen indican a la conciencia nacional, que fue políticamente eficaz eliminar sistemáticamente – matándolos- a los dirigentes visibles y a muchos de los militantes de un partido político para determinar o por lo menos incidir en su bajo desempeño electoral y lograr así la pérdida de su personería jurídica”.

Devolverle la personería jurídica al partido que lideró Jaime Pardo Leal está en consonancia con la Ley de Víctimas y que debe ser tenida en cuenta por el Consejo de Estado en un fallo que espera pronto todo el país.

Se trata, como lo indica dicha ley y en desarrollo de las garantías de no repetición que deben entenderse retroactivamente derogadas las interpretaciones de las normas electorales que para el Consejo Nacional Electoral no admitían -hasta antes de la Ley de Víctimas- considerar «situaciones excepcionales» como lo es un genocidio contra un partido político para inaplicar una norma electoral en particular.

Otra cosa sería volver a repetir un acto simbólico de consumación del genocidio.

Como lo recuerdan los demandantes de las arbitrarias resoluciones del Consejo Electoral, éste se limitó a señalar la imposibilidad legal de asumir un estado excepcional de cosas, como lo es el genocidio cometido, para no aplicar una fría normatividad vigente.

El Consejo Nacional Electoral, textualmente, dijo que: “tampoco es jurídicamente aceptable tener en cuenta «circunstancias extrañas», es decir, el genocidio de la UP, que todas las instancias jurídicas y políticas del país, sin excepción, (para no hablar de las internacionales) entre ellas la Corte Constitucional, la Fiscalía General, el Congreso, los poderes ejecutivos desde el año 2000, han aceptado se perpetró contra dicho partido.

El ex presidente Andrés Pastrana reconoció en su libro La palabra bajo fuego, que lo ocurrido contra la UP fue un genocidio político.

Las inaceptables “circunstancias extrañas” para el Consejo Nacional Electoral

Entonces no aceptar dichas «circunstancias extrañas» niega simplemente, como dice la UP en su alegato, los efectos anulatorios que debe tener un genocidio sobre las normas electorales redactadas para tiempos de normalidad, y constituye en sí misma una postura ideológica que siempre fue inconstitucional y ahora, sin duda, también es ilegal.

“El Consejo Nacional Electoral, además de aplicar incorrectamente la ley electoral -esto no fue lo más grave-, terminó siendo parte importante de una estrategia de genocidio político a la que el faltaba el elemento simbólico que la demandada aportó dando al país la errada idea de que la desaparición de la Unión Patriótica fue constitucional, legal, justa, y, por lo tanto, políticamente correcta”, señala con vigor la demanda.

Al respecto la Corte Constitucional ha sido clara en su doctrina, que debe aplicar ahora el Consejo de Estado del “estado inconstitucional de cosas”, que no fue otra cosa que sucedió en el caso de la UP, sometida a pero barbarie del último medio siglo.

Por ello, con toda razón, los representantes Guillermo Rivera e Iván Cepeda, y la senadora Alexandra Moreno Piraquive sostienen que la Unión Patriótica podría recuperar las curules y los cargos públicos que perdió luego del asesinato selectivo de sus miembros en la década de los 90.

Rivera sostiene que los artículos 151 y 152 de la Ley de Víctimas abren la puerta para la reparación de ese grupo político por medio de la restitución de su personería jurídica, figura que permite a los movimientos postular candidatos para las elecciones.