Impuestos progresivos a la minería y el petróleo

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El sector minero energético genera cada vez menos empleo, pero obtiene mayores ganancias y conserva grandes gabelas económicas

Los gobiernos de los últimos 30 años han favorecido la inversión extranjera con excepciones tributarias y hasta jurídicas con el argumento de asegurar su permanencia en el país bajo la figura de la llamada “confianza inversionista”

Iván Posada P.

Las importantes reservas de minerales e hidrocarburos existentes en el país le han permitido satisfacer la creciente demanda de estas por parte de las economías desarrolladas. Tres décadas atrás comenzó a andar la locomotora minero energética y junto a esta una cascada de privilegios y descuentos tributarios a las multinacionales de la minería y el crudo que operan en el país.

Con la llegada al poder del Pacto Histórico se aspira a darle un giro radical hacia la progresividad tributaria a este sector, de tal forma que le asegure al país recursos para atender otras necesidades prioritarias como las sociales.

Contexto

El sector minero energético es el que tiene que ver con las actividades primarias de la economía, el uso de las energías y recursos naturales no renovables, que en esencia son la exploración, explotación y su eventual transformación. Comprende los subsectores de minas y canteras; hidrocarburos; carbón; minería metálica y no metálica; electricidad; gas y refinación.

Desde los años ochenta del siglo pasado este sector ha venido desplazando al café y otros productos del agro por el volumen de exportaciones, lo cual le genera al país un importante ingreso de divisas. Lo característico del sector es que es intensivo en capital y ocupa cada vez más, menos mano de obra, solo genera 350.000 empleos directos y 900.000 indirectos, y aporta al PIB el 2,3 por ciento (Dane 2021); pero en exportaciones tiene una alta participación con el 27 por ciento del total.1

Superar el extractivismo

Por otro lado, es un sector estancado en la etapa extractivista, no ha trazado una estrategia para ejecutar la transformación en el país, que es lo que genera el valor agregado, se exporta tal cual se extrae y esta transformación la realizan los países que compran la materia prima. En lo que atañe al crudo, se está refinando en las plantas de Reficar (Cartagena) y Barrancabermeja, que es la política correcta para asegurar la autosuficiencia energética, la industrialización y la generación de empleo digno y calificado.

Sector privilegiado

Los gobiernos de los últimos 20–30 años han rodeado la inversión extranjera de excepciones tributarias y hasta jurídicas con el argumento de asegurar su permanencia en el país bajo la figura de la llamada “confianza inversionista”. Una de estas gabelas de que se beneficiaron la minería y los hidrocarburos fue el descuento del impuesto a pagar de las regalías, que son recursos que deben transferir las operadoras a los municipios y regiones donde se lleva a cabo esta actividad a modo de compensación por los impactos presentes y futuros, entre ellos los ambientales.

Para otorgar este beneficio la DIAN consideró en forma equivocada, que las regalías eran un costo directo de esta actividad y como tal se debía descontar del impuesto a pagar. Como consecuencia de esta medida la nación dejó de percibir importantes recursos calculados en un tercio (1/3) del impuesto de renta. Si por ejemplo el impuesto a pagar era US$1.000, al descontar las regalías, el impuesto neto a pagar sería US$ 667.

¿Por qué los colombianos tenemos que subsidiar sectores poderosos y en el caso minero, a multinacionales que además de extraer nuestros recursos, dejan enormes pasivos ambientales, sociales y económicos para el país?, se preguntaba Álvaro Pardo.2

Luis Jorge Garay, en el trabajo titulado ‘Minería en Colombia: Fundamentos para superar el modelo extractivista’, indica que Colombia es uno de los países de América Latina con más bajos ingresos fiscales derivados del impuesto a la renta y de las regalías del sector de la minería e hidrocarburos.3 Además el sistema es obsoleto, estático, pues cuando los precios suben, como ahora, la tarifa permanece igual, o sea, la nación termina recibiendo lo mismo. Durante 2021, las arcas del Estado dejaron de percibir 93 billones de pesos, casi el 8 por ciento del PIB, por las llamadas gabelas tributarias, derivadas de tratamientos especiales gracias al lobby, deducciones y las onerosas exenciones. (La República, agosto 24 de 2022).

Tributación progresiva

En el marco de la reforma tributaria que ya comenzó su discusión en las respectivas comisiones de Cámara y Senado, se propone reestructurar la tributación del sector minero energético en los siguientes aspectos:

1) Las regalías no se podrán deducir del impuesto a pagar;

2) Impuesto del 10 por ciento a las exportaciones extraordinarias del barril de petróleo, la tonelada de carbón y la onza de oro; 3) aumento del impuesto a los dividendos para empresas extranjeras de 10 al 20 por ciento. Medidas estas encaminadas a establecer el criterio de la progresividad tributaria y a suprimir privilegios injustificados, con las cuales se aspira a recaudar unos ocho billones de pesos/año.

Temas por resolver

La actual administración heredó de la anterior el saldo en rojo del Fondo de Estabilización de los precios de los Combustibles, mecanismo que fue creado para cubrir la diferencia entre el precio internacional de la gasolina (US$5 por galón aprox.) y el interno ($9.400 por galón aprox.) que para el 2023 será de 24 billones. Las soluciones propuestas para cubrir este faltante son reducir el subsidio al combustible en las zonas de frontera, 2) subir el precio del galón gradualmente en todo el país, medida impopular y con impacto en otros sectores.

Los gremios del sector han creado un ambiente hostil hacia la reforma argumentando que estas medidas sumadas a la decisión de suspender la explotación de crudo y gas por el método fracking, van a desincentivar la inversión extranjera, y en específico en el sector, se va a reducir la oferta de combustibles y por ende sus precios tenderán al alza.

Panorama externo

El ambiente internacional en el tema energético no es el más favorable para la economía colombiana. El conflicto OTAN – Rusia – Ucrania ha impactado negativamente los precios de la energía y los alimentos. El precio del barril de crudo oscila entre 92 y 98 dólares / barril, por otro lado, el dólar está sobre los $4.100, lo que encarece las importaciones -entre otros-  de alimentos y bienes de capital. La inflación golpea tanto a las potencias económicas como a la periferia, en Colombia ya está en 10 por ciento total, el incremento del salario mínimo quedó desbordado.

La OPEC, Organización de Países Exportadores de Petróleo, tratando de proteger los intereses de los países productores, tiene regulado el grifo de la producción para evitar que los precios bajen en el mercado internacional. Estados Unidos entró en recesión técnica al completar dos trimestres continuos de reducción del PIB de 0,6 por ciento, y con alto grado de interdependencia de las economías hoy día, se puede desatar una recesión mundial de incalculables consecuencias.

1 www.vqingenieria.com, minería en Colombia 2021
2 Economista, Red de Justicia Tributaria
3 Dinero.com 2018