El año de Colombia

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En una inolvidable temporada, en la que los aficionados hemos podido disfrutar de muchos momentos de gran calidad ciclista en las distintas carreras, este 2016 quedará sin duda grabado con letras de oro en la historia del ciclismo colombiano.

Asier Bilbao

Sin duda. Y no lo decimos por la firma del Acuerdo de La Habana ni por el Premio Nobel de la Paz ni por las medallas logradas en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Nos estamos refiriendo a todos los éxitos cosechados este año en la élite mundial del ciclismo en ruta masculino por el que debería ser considerado como el deporte rey de Colombia. En una inolvidable temporada, en la que los aficionados (exceptuando en las Clásicas de Las Ardenas y sobre todo en un decepcionante Tour de Francia) hemos podido disfrutar de muchos momentos de gran calidad ciclista en las distintas carreras, este 2016 quedará sin duda grabado con letras de oro en la historia del ciclismo colombiano.

No solo es la victoria de Nairo Quintana en la Vuelta a España o los históricos pódiums en las tres Grandes Vueltas a cargo del mismo Quintana y Esteban Chaves (sensacionalmente dirigido por Neil Stephens, el mejor director deportivo actual del World Tour), los dos por partida doble o los triunfos de etapa logrados en esas tres Grandes con Chaves en la etapa reina del Giro, Pantano en la etapa del Grand Colombier y Quintana en los Lagos de Enol.

Por primera vez Colombia finalizó como 2º en el ranking por países del UCI World Tour; a pocos puntos detrás de España, pero con más y mejores victorias que los corredores del país ibérico. Además un colombiano, Quintana, quedó 2º en el ranking individual del UCI World Tour; solo detrás de Peter Sagan, pero con mayor número de victorias de prestigio que las que obtuvo el crack eslovaco (exceptuando por supuesto el Mundial en ruta, que no puntúa en esa clasificación).

Cantidad y sobre todo calidad

La lista de victorias de renombre logradas durante la temporada es tan extensa que puede abrumarnos enumerarlas todas. Y no solo en pruebas del calendario World Tour. Pero hagamos el ejercicio: Aparte de los ya nombrados éxitos en las Grandes Vueltas se logró vencer, en un hito sin antecedentes en nuestro ciclismo, en dos de las clásicas más prestigiosas del calendario ciclista:

– El Giro de Lombardía, con Chaves moviéndose con maestría, como lo hacen los grandes clasicómanos, primero seleccionando el reducido lote cabecero en primera persona y en el final rematando en el selecto embalaje para traerse a casa el 1er Monumento colombiano de su historia.

– La París-Tours a cargo de un imperial Fernando Gaviria sorprendiendo a los favoritos con un embalaje lejano, valiente e incontestable.

Y si estas hazañas nos parecen poco… por primera vez en la centenaria historia de estas dos carreras fueron ganadas por ciclistas no-europeos. Otras victorias en importantes clásicas de un día, logradas también en el final de la temporada, fueron el Giro de Emilia a manos de Chaves y el Giro del Piamonte con Miguel Ángel López.

Hablando de “Supermán”, por primera vez se logró ganar la que hasta hace pocos años era considerada como la 4ª Gran Vuelta: el Tour de Suiza. Y la hazaña corrió a cargo de este prometedor escalador boyacense, quien se trajo la victoria para Colombia gracias a su regularidad en las fracciones clave y a su actitud de capo total, vestido con la camiseta de líder, en el ascenso al Flüela Pass en la última etapa. Con tan solo 22 años ya comienza a acumular un palmarés de prestigio y a meter miedo a sus rivales generacionales.

En esa misma prueba, Darwin Atapuma logró llevarse un merecido y sufrido triunfo de etapa con final en alto en Carì, que nos dejó un buen sabor de boca tras la tristeza por las dos etapas de alta montaña que se le escaparon al nariñense en el Giro (donde logró un meritorio 9º puesto en la general). Luego en la Vuelta también estuvo muy cerca de la victoria en otras dos ocasiones, con sus 2º puestos en sendas etapas con final en alto en Garita de Herbeira y Aitana. Por lo menos logró lucir la camiseta de líder de la carrera durante cuatro días; hasta que se lo cedió a su compatriota Quintana, quien vistió de rojo en 13 etapas más hasta el paseo triunfal de Madrid.

El mismo Quintana ganó anteriormente y con relativa facilidad otras dos importantes vueltas por etapas como son la Volta a Cataluña y el Tour de Romandía (más la etapa con final en alto en Morgins). En la preparación para su principal objetivo del año, en junio ganó sin despeinarse la Ruta del Sur. Pero un mes después no pudo alcanzar el mejor golpe de pedal en la búsqueda del “sueño amarillo”. A pesar de no encontrarse en su mejor estado de salud logró alcanzar el último cajón de pódium de París gracias a su clase innata.

Menos mal la actitud combativa de Járlinson Pantano en el Tour de Francia, que con su victoria de etapa en Culoz y los dos 2º puestos en las etapas de montaña de Finhaut-Emosson y Morzine logró aliviarnos de la decepción que nos llevamos con Quintana y su equipo. Semanas antes el caleño ya nos había dejado un aviso de su estado de gracia cuando consiguió ganar la etapa final del Tour de Suiza en el embalaje del grupo selecto en la meta de Davos.

Pero la sensación del año fue un corredor con unas cualidades atípicas entre los escarabajos. Este 2016 vivimos la irrupción en la élite del panorama ciclista internacional del “Misil de La Ceja”. Entre otras victorias Fernando Gaviria consiguió etapas en la Tirreno-Adriático y el Tour de Polonia (2). Lo impresionante no es solo que con tan solo 22 años recién cumplidos gana en pruebas del World Tour, dejando muchos detalles de versatilidad y eficiencia.

En este año de aprendizaje, actuando siempre con mucha inteligencia, trabajó perfecto para sus líderes en casi todas las clásicas flamencas de un día que disputó; sabiendo colocarse en el lote, estando atento a los movimientos de los capos, metiéndose en los cortes importantes y dando la cara sin esconderse. Y hasta se permitió regalar etapas a varios de sus compañeros, dejando de disputar los embalajes al ver la victoria de equipo asegurada. Esta joya antioqueña promete regalarnos muchas emociones para 2017 en las grandes carreras de un día que tan poca o nula tradición tienen en nuestro país (simplemente porque no existen en el calendario colombiano).

Una lástima que este no fuera el año de Rigo. Tras alcanzar un decepcionante 7º puesto en su objetivo de la temporada, el Giro, Urán estuvo muy cerca de resarcirse en septiembre con todos esos “tiros al palo” en las clásicas italianas de un día, con sus tres 3º puestos consecutivos en Emilia, Piamonte y Lombardía. Otros puestos de honor en pequeñas vueltas de prestigio fueron el 2-3 en la clasificación general de la Vuelta al País Vasco a cargo de Sergio Luis Henao (con un día como líder de la general) y Quintana. Henao también consiguió en tierras australianas a comienzo de año el 3er puesto en el pódium del Tour Down Under.

Por todas estas victorias y puestos de honor, y por la constante presencia del ciclismo colombiano en muchos de los momentos álgidos de la temporada, desde febrero hasta octubre, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que este 2016 en términos ciclísticos fue sin duda El Año de Colombia.

La suerte, ese factor tan decisivo

Nadie conoce los designios de la Diosa Fortuna. A veces juega del lado favorable a “nuestros intereses nacionales”, como ocurrió cuando los jueces regalaron a Quintana una etapa del Tour de Romandía por una supuesta infracción en el embalaje por parte de Zakarin, cuando el boyacense nada podía hacer ya por ganar la fracción. O nos favorece con crudeza, como en el Giro de Italia, con la caída en la nieve del Agnello, a tan solo dos días de final, de un líder sólido como Kruijswijk, que hasta sufrir el percance se mostró inabordable.

Otras veces la suerte “juega en contra” y nos deja con la miel en los labios; como pasó en el mismo Giro al día siguiente, con el resfriado de Chaves vestido con la maglia rosa en la anteúltima y decisiva etapa de alta montaña. Y ya se sabe que “cuando el Tiburón huele sangre no tiene piedad con sus presas”. O como en el despiste y consiguiente caída de Gaviria dentro del último kilómetro de la Milán-San Remo, cuando estaba en inmejorable disposición de disputar el embalaje a los capos de la carrera.

Y que podemos decir de la dolorosa caída (tanto para el mismo perjudicado como para los atónitos corazones de todos los colombianos) de Henao en el vertiginoso descenso de Vista Chinesa por mostrase ambicioso y arriesgarlo todo en pos de la gloria deportiva, cuando con toda seguridad se iba a jugar con Nibali el oro y la plata olímpicos.

¿Qué hubiera ocurrido si la suerte no nos hubiera sido esquiva en esos momento donde se dilucidan las carreras? Nunca lo sabremos. Pero en un año para el recuerdo, tan fructífero y tan difícil que se repita, tampoco tenemos motivo para quejarnos en exceso. Porque con nuestras estrellas actuales y con talentos en ciernes como Egan Bernal o Hernán Aguirre un futuro prometedor nos espera.

Ahora que todos los centros comerciales nos saturan con antelación con la publicidad navideña solo nos queda desearnos y desearles a todos los aficionados colombianos un Feliz y Pleno de Emociones Año Ciclista 2017. Que lo disfrutemos tanto o más que esta histórica temporada que ya finalizó. La “travesía del invierno ciclista” hasta que comience la próxima temporada de ruta se nos hará larga, pero la espera seguro merecerá la pena.

La Ruta del Escarabajo