Tres meses de luchas en Francia

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La crisis económica de Europa debido a la reacción defensiva del sindicalismo y a la acción política de los partidos comunistas y progresistas de Francia, Gran Bretaña, Grecia y España, está subvirtiendo el panorama del Viejo Continente.

José Ramón Llanos

Tres meses después de entregar Miryam El Khomry, ministra del Trabajo, su proyecto de reforma laboral, los sindicatos franceses con movilizaciones masivas rechazan ese intento de acabar con las conquistas laborales obtenidas con sus largas luchas después de la segunda posguerra del siglo XX. Algunas pancartas de los manifestantes se expresan contra los intentos de eliminar cien años de ventajosas conquistas de los trabajadores.

El contenido de esas reformas ha sido impuesto en los países de la UE, por la persistente presión de Bruselas y Berlín, solo los gobiernos franceses habían resistido esas presiones. Pero ahora el gobierno socialista de Hollande decidió aceptar las exigencias de la UE, precisamente un año antes de las elecciones presidenciales. El 9 de marzo la ministra El Khomry entregó el texto de las reformas al parlamento. Al conocer su contenido las centrales sindicales solicitaron al presidente Hollande retirar el proyecto, al negarse a hacerlo, los sindicatos organizaron las protestas en calles y plazas de las principales ciudades del país galo.

Los textos de los artículos más rechazados por los sindicatos son los que hacen relación a “las posibilidades de aumentar la jornada semanal de trabajo que actualmente es de 35 horas; los despidos colectivos, justificados por las empresas “por descensos en pedidos o cifra de negocios”, “cambios tecnológicos”, “o reorganizaciones para mantener la competitividad”. Deteriora aún más la situación del despido ya que la indemnización se reduce de 27 a 15 semanas para trabajadores que tengan 20 o más años de antigüedad. Si la antigüedad es inferior, la indemnización se rebaja un 25%. Todos estos cambios fueron tomados de la reforma laboral implementada por Mariano Rajoy en España. Asunto desvergonzadamente reconocido por el primer ministro Manuel Valls.

Otra norma que introduce una reforma altamente lesiva para los asalariados es la que establece la prevalencia de los acuerdos establecidos por los empresarios y sus trabajadores, sobre las normas regionales y del código laboral. Incluso las empresas quedan habilitadas para aumentar la jornada de trabajo o reducir los salarios, por necesidades de la reestructuración de la empresa o “para lograr la apertura de nuevos mercados”. O por algo tan indefinido como “causas excepcionales”.

Si el gobierno insiste en aprobar el proyecto de ley, sin introducir las reformas exigidas por los trabajadores y el sector de izquierda de los socialistas, el partido se divide. El ala más consecuente de la organización social demócrata acusa al Gobierno de concederle gabelas al empresariado, en un manifiesto firmado por parlamentarios y personalidades socialistas denuncian que la propuesta no es “ni reforma verdadera ni social y que provoca no solo decepción, sino también cólera”.

Este sector del Partido Socialista considera que el ministro Manuel Valls dirige lo que ellos bautizan como “la deriva socioliberal”. Parte de la dirección del partido socialista, encabezada por la alcaldesa de Lille Martine Aubry ha elaborado un documento contra la reforma laboral y ya cuenta con el apoyo de más de medio millón de militantes.

Los sindicatos se toman las calles

La ley El Khomry es tan regresiva que rápidamente las cinco centrales sindicales, encabezadas por la comunista CGT, se pusieron de acuerdo para impulsar la oposición a la ley de reforma laboral y tienen tres meses de tomas de plazas y marchas por las calles de Francia. Philippe Martinez presidente de la Confederación General del Trabajo, considera que de aprobarse la ley sería “una vuelta al siglo XIX”.

Las movilizaciones de estos tres meses han ido de menos a más. Por ejemplo los periódicos, la policía y los sindicatos estaban de acuerdo en que la mayor participación de trabajadores, estudiantes y aún artesanos se había dado el 31 de marzo. Se consideraba que esa gran participación no era superable, sin embargo, las manifestaciones en todo el país del 14 de junio, superaron con creces la participación de los ciudadanos y su combatividad. Los periódicos de todas las tendencias políticas, desde la derecha hasta la izquierda, reconocieron en sus titulares y el contenido de las noticias, recogieron la magnitud de esas arrolladoras manifestaciones en las principales ciudades del país y principalmente en París.

Los titulares fueron: “Decenas de miles de personas desfilan en la mayor protesta contra la reforma laboral en París”. “Movilización monstruo contra la ley del trabajo”. “Masiva manifestación en París contra la reforma de Hollande”, titulares de El País, L’Humanité y El Periódico, respectivamente.

La actitud pasiva y de huida de los manifestantes ante la agresión policial observada en las manifestaciones anteriores, cambió el 14 de junio y los movilizados esta vez respondieron con piedras y palos, resultados de la refriega: 50 heridos, de ellos 29 policías y 60 detenidos. El gobierno ante esta situación amenaza con prohibir las manifestaciones. En realidad, lo que preocupa al presidente Hollande, es que cada día más protestantes se involucran en las manifestaciones, incluso profesionales independientes.

Como declaró Martinez, presidente de la CGT: “esta marcha sobre París ha sido una demostración de que la movilización no se reduce, sino que va en aumento”. Los sindicatos calculan que en la marcha participaron entre 800 mil y un millón de ciudadanos. Sin contar los marchantes de Toulouse y Marsella, donde se calcula manifestaron más de 300 mil.

El mejor relato del momento en que la manifestación se tornó violenta, lo encontramos en el periódico español El País: “Hora y media después de arrancar, en la manifestación de París se han registrado graves incidentes y enfrentamientos con la policía. Decenas de encapuchados han destruido escaparates y mobiliario urbano, han volcado coches y han incendiado vehículos aparcados, a la vez que lanzaban botellas y otros objetos a los agentes. Estaciones de metro cercanas a los bulevares de Montparnasse o Raspail han sido cerradas debido a los incidentes”.

Aparte de los dividendos políticos obtenidos por los sindicatos con las movilizaciones y el desenmascaramiento del presidente Hollande como un ejecutor de los planes antiobreros de la llamada Troika: el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, además quedó el compromiso del gobierno de dialogar a través de la ministra del trabajo Myriam El Khomry con Philippe Martinez el día viernes 17 del presente mes.

El encuentro fue estéril, ni la ministra ni el líder sindical cedieron en sus posiciones. Martinez redujo las peticiones de los asalariados a la eliminación del artículo 2 del proyecto. Además, exigían que en caso de acuerdos entre el sindicato y la empresa, las centrales debían tener la potestad de revisar esos acuerdos.

La respuesta del sindicalismo es seguir organizando las movilizaciones del 23 y 28 de junio.

La crisis económica de Europa debido a la reacción defensiva del sindicalismo y a la acción política de los partidos comunistas y progresistas de Francia, Gran Bretaña, Grecia y España, está subvirtiendo el panorama del Viejo Continente. El sector radical del Partido Laborista inglés, la alianza Izquierda Unida y Podemos, en España abren perspectivas radicales de renovaciones.