“Todavía cantamos, todavía reímos”

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Luz Vásquez. Foto archivo

Falleció la periodista y colaboradora del semanario VOZ, Luz Eugenia Vásquez Cruz. En homenaje a toda una vida en defensa de los derechos humanos, reproducimos su reportaje sobre la movilización del pueblo de Trujillo, Valle, ante las masacres paramilitares

Luz Vásquez

Este 22 de abril (1995) el pueblo de Trujillo esperó a miles de peregrinos con banderas de Colombia en los balcones; niños vestidos de domingo y paredes colmadas de consignas: ¡Por los muertos de Trujillo, toda una vida de combate! ¡Vida con dignidad, no más impunidad! ¡Militares asesinos!

Hombres y mujeres reunidos por el compromiso de defender la vida, llegados desde todos los rincones de la patria y de diversos países latinoamericanos y europeos, marcharon hasta esta población del norte del Valle para entregarle el informe final de la investigación por la masacre de 107 personas.

El acto estuvo cargado de símbolos: banderas blancas, caras pintadas, 107 árboles para plantar en el pueblo masacrado y, sin dudas, lo más impactante, grandes panes en formas de brazos, piernas, torsos aserrados.

En la plaza central de Trujillo, completamente colmada, las gargantas de religiosos, comunistas, luchadores por los derechos humanos, sindicalistas, estudiantes, se unieron para exigir el fin de la impunidad, de la guerra sucia, del militarismo. “Ni perdón ni olvido para los asesinos de Trujillo”.

El sacerdote Javier Giraldo, miembro de la Comisión Especial Investigadora, resumió los motivos de esta manifestación multitudinaria: “Hemos venido para proclamar la inviolabilidad de la dignidad del ser humano, para evocar desde Trujillo los innumerables Trujillos de Colombia… Nuestros campos asolados por la muerte, nuestros ríos tintos en sangre que arrastran innumerables despojos humanos, para evocar nuestras organizaciones comunitarias y populares deshechas por el terror, para evocar a las centenares de familias tocadas por la tragedia, para sellar un nuevo pacto y un nuevo compromiso de vida aquí donde la represión y la muerte dejaron huellas estremecedoras”.

El renacer de la esperanza

En el caso concreto de Trujillo el testigo principal que contribuyó al esclarecimiento de los hechos, Daniel Arcila, continúa desaparecido, todos los familiares que con sus declaraciones permitieron conocer los detalles del múltiple crimen están amenazados y desplazados, los militares responsables disfrutan de libertad y sobre los autores intelectuales, los que ordenaron, pagaron y se beneficiaron, nada se sabe.

El pueblo de Trujillo vive aún bajo un estado de terror que flotaba en el ambiente de este sábado que se vio invadido de visitantes: balcones y puertas cerradas, respuestas evasivas, expectativa sobre el “después que ustedes se vayan”. Y no es para menos, al murmullo se cuenta que narcos y militares recorrieron las casas del pueblo poco después de la partida de la Comisión Especial para averiguar y amenazar.

Este acto tuvo el significado de plasmar el renacer de la esperanza, de la solidaridad, de la posibilidad de la protesta civilizada, de la urgencia de nuestra sociedad de sacudir su conciencia y de aunar esfuerzos para detener la violencia y la impunidad.

Fue, además, una voz de alerta de que nuestro pueblo está dispuesto a luchar por sus derechos fundamentales y que no olvida.

Trujillo nos deja una profunda huella en el alma y el compromiso de luchar por el esclarecimiento de los crímenes, cientos y cientos, de los luchadores populares, de aquellos cuyo único delito fue soñar con una vida mejor.