La poética en la obra de Fernando Oramas

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Todavía conservamos la felicidad de tener entre nosotros a Fernando Oramas, pintor, personaje exótico, revolucionario internacionalista. También hoy a sus noventa años, es un comunista militante. Ilustró con entrega y belleza durante muchos años los periódicos VOZ de la Democracia y VOZ Proletaria.

Isabel García Mayorca

Oramas es un ser ebrio de lucidez. Un pintor capaz de hacer visible aquello que está oculto detrás de la apariencia. Es un poeta que utiliza los colores, el pincel y la imaginación creativa para trascender la realidad. Él, despliega, con esa luz que solo da la clarividencia, la esencia de lo que representa su obra.

De ahí que hable con entusiasmo de la poética que encontramos en las flores, las plazas de mercado y los paisajes campesinos. Al enfrentarnos con la obra de Fernando, no solo nos quedamos en el mirar, porque cada pincelada, cada color, cada matiz, cada atmosfera que nos muestra en sus cuadros, nos transporta al despertar de los recuerdos, enquistados en algún lugar de la memoria.

Su paleta pictórica, alimentada de fuego, nos traslada al canto de los pájaros, en los atardeceres del verano, a un cielo bermejo de agosto, o al trino de las alondras en las tardes lluviosas de abril. La imaginación y la sensibilidad despertada, ante el acierto poético, continúan su viaje al territorio de los aromas y las voces, conjugadas con el olor de la hierba recién cortada, con la fragancia y el sabor de las frutas del trópico, con la lluvia y el sonido de las campanas en el silencioso atardecer de nuestros pueblos, con el tacto de las manos rugosas y modeladas por el trabajo de los campesinos, hombres y mujeres, que procuran el gozo del paladar.

La simbología entregada en sus floramas nos conduce a los patios y jardines de la infancia, contenedores de voces lejanas y milenarias, de juegos y cuentos, relatados a la sombra de un árbol o en las noches frescas de luna llena. Sus símbolos nos muestran un instante que fluye y se hace eterno en el gesto de un árbol o en el vuelo de la mariposa o en la nube que cambia de color y de imagen como signo del tiempo que fue y que vendrá en un devenir cíclico.

La ensoñación derivada como lectores de la poética, en el universo pictórico de Oramas, nos traslada a una reflexión sobre nuestra interioridad, dado que la imagen encontrada en cada una de sus obras nos dice, ilumina, revela, dando lugar a la epifanía de la conciencia estética provocando la imaginación creativa hacia otros mundos posibles.

Todavía conservamos la felicidad de tener entre nosotros a Fernando Oramas, pintor, personaje exótico, revolucionario internacionalista. También hoy a sus noventa años, es un comunista militante. Ilustró con entrega y belleza durante muchos años los periódicos VOZ de la Democracia y VOZ Proletaria. En sus lienzos homenajea a líderes de las luchas sociales y políticas, mostrándonos que su compromiso estético no cesa con la cotidianidad. Aún tenemos para rato los cielos, los atardeceres, los jardines, los pueblos, y sus homenajes, develándonos la magia del mundo, la vida secreta de las cosas, donándonos un mundo onírico y vivencial.