Lula, Petro y la agenda internacional

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Nils Ostrovsky 

La comitiva de Lula en su visita oficial a Colombia, en este mes de abril, fue amplia y multidimensional. Es comprensible. Hoy lo más importante es que las identidades políticas y los consensos entre Colombia y Brasil sobre cuestiones como parar la agresión de Israel a Gaza, incrementando iniciativas para la paz, así como temas telecomunicacionales y de empleo, renta y migración, se traduzcan en acciones concretas.

Eso pasa por revisar con calma la agenda bilateral y multilateral, y entender que en la coyuntura latinoamericana la relación entre los dos países es estratégica. La Alianza Amazónica, que implica que la OTCA ─Organización del Tratado de Cooperación Amazónica─, se torne un baluarte de la integración regional, asumiendo Colombia la Secretaría General, es fundamental.

El papel de anfitriones que los dos países cumplirán, tanto en la COP16 sobre Biodiversidad en Cali, en el próximo octubre y noviembre, así como en la COP30 sobre cambio climático en Belém, en el 2025, les otorga una corresponsabilidad diplomática para asuntos de interés mundial como la transición energética y el desarrollo sostenible.

Desde luego, el anunciado Programa de Cooperación en Defensa resulta benéfico para Colombia, en perspectiva de una autonomía científico-tecnológica en esta área, que puede proyectarse al terreno geopolítico.

La visita se realizó en medio de un panorama complejo, porque prosiguen las embestidas imperiales, dentro y fuera del continente, así como las agresiones por parte de la ultraderecha regional, pero también se registra la brava e inocultable resistencia encabezada por los estudiantes en los EE.UU. para un alto al fuego en Gaza y los niveles de movilización en Argentina contra Milei y su circo gubernamental.

En perspectiva inmediata, para el movimiento social y popular continental, el resultado de las elecciones presidenciales del 2 de junio en México y del 28 de julio en Venezuela son determinantes. Así mismo, un poco más allá, las presidenciales en Uruguay y las de gobernadores en Chile, ambas el 27 de octubre, adquieren relevancia especial. Un triunfo de las fuerzas democráticas en todos estos procesos políticos, que presentan alta complejidad y contradicciones peculiares, que hay que analizar caso a caso, significa firmar la continuidad de una correlación de fuerzas que se inclina por la integración con soberanía y autodeterminación.

Especial atención merece la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, en Honduras el 26 y 27 de junio. En este marco se realizará también la CELAC SOCIAL. Sin duda, una oportunidad para incrementar la unidad de los sectores populares en torno a una agenda de defensa de los cambios democráticos que obligue a la derecha continental y a los recalcitrantes, empeñados en mantener sus privilegios de clase, a curvarse ante la realidad de que se mantiene viva una potencia popular vigilante y activa, en lucha por objetivos de transformación social. Como también se verá en este 1º de mayo.

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