martes, mayo 21, 2024
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“Hay que dejarse la piel hasta conseguir un buen acuerdo para la gente”

El escritor, analista político y negociador del Gobierno con el llamado Estado Mayor Central, Yezid Arteta Dávila, habló con VOZ sobre su regreso al país, la implementación del Acuerdo firmado en 2016, los desafíos de la Paz Total y el momento de cambio que vive la sociedad colombiana

Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos

Hasta el momento, la mesa de negociación entre el Gobierno nacional y el llamado Estado Mayor Central se encuentra en la incertidumbre. Recientes acciones del grupo armado en Cauca, Nariño y Norte de Santander no solo tienen frenado el inicio de la mesa de negociación, sino que evidencian las dificultades que tendrá en el futuro este proceso de paz.

No obstante, el ejecutivo mantiene su política de Paz Total con los distintos actores armados con el propósito de cerrar definitivamente el ciclo de violencia en el país. Para el caso del Estado Mayor Central, ya se conocen los nombres de las personas que integraran el equipo negociador del Gobierno.

La delegación la liderará el presidente de Indepaz, Camilo González Posso, y contará con la presencia del exministro Fabio Valencia Cossio, la lideresa del Pacífico Luz Dari Landázury, el dirigente del Pupsoc Óscar Salazar, el exministro de Desarrollo Rural Darío Fajardo, entre otros nombres.

Yezid Arteta Dávila, exguerrillero de las Farc, escritor, analista político y director del portal El Comején también hará parte de la delegación. VOZ habló con él sobre su regreso al país después de una década y media de exilio, la implementación del Acuerdo firmado en 2016, los desafíos de la Paz Total y el momento de cambio que vive la sociedad colombiana.

¿Cómo sintió el regreso a Colombia?

-Expectante. Quince años sin volver al país en el que nací y luché es mucho tiempo, sobre todo en una época en que los acontecimientos suceden a velocidades cinematográficas. Observo un notable cambio cultural, especialmente en las áreas metropolitanas. En la periferia rural todo parece igual. En la capital cohabitan la opulencia y la miseria. La brecha social se ha acentuado. En esa brecha germina la ira y la violencia. La violencia cotidiana no se resuelve con el incremento de policías y vigilantes como prometen algunos, sino acortando la brecha social. Hay ir a la raíz del problema. Una ciudadanía satisfecha, como ocurre en las sociedades de bienestar, no necesita robar o violentar.

¿Sobrevive algo de Joaquín Posada en Yezid Arteta?

-Fue mi seudónimo en la guerrilla. Las armas quedaron en el pasado, sobreviven las ideas. Guardo unas convicciones que he adaptado a la realidad. La lucha política no es un camino rectilíneo como el que ejecuta el samurái. Procuro hacer una especie de aggiornamento, para no volverme un nostálgico. Nunca me he sentido como la oveja de un rebaño. Cuando algo no me convence lo cuestiono. Sin miedo. El dogmatismo y el sectarismo no son aconsejables en este tiempo en que la lucha se vuelve más compleja por los cambios tecnológicos, el peso de las redes sociales y la autonomía de grupos sociales que en el pasado carecían de reconocimiento.

Hay un acontecimiento histórico muy importante que fue la firma de un Acuerdo de Paz con las extintas FARC en 2016, pero con una turbulenta implementación que el actual Gobierno quiere resolver. ¿Qué lecciones está dejando todo ese proceso? ¿Cuál es el balance?

-Bien, porque hizo florecer a la política más allá de la dicotomía entre la guerra y la paz. Despertó un entusiasmo que supo capitalizar la izquierda. El triunfo de Gustavo Petro fue el momento culminante del país político que nació de los acuerdos. Las Farc, empero, no consiguieron conectar con el país que existía más allá de sus campamentos de guerra. Es un asunto que está por estudiar. Hubo también un propósito mezquino por parte del Establismenth al pensar sólo en la desmovilización de la guerrilla sin ofrecer una alternativa para las regiones que abandonaron los rebeldes. El presidente Duque dio la espalda a la implementación, dejando un inquietante vacío que poc a poc, como dicen los catalanes, fue cubierto por agrupaciones variopintas que se fueron juntando y rearmando hasta empotrarse en los territorios en los que el Estado es una fantasía.

Para usted, ¿qué es la Paz Total?, ¿o cómo prefiere llamarla? ¿Paz integral, paz completa?

-La nominación es lo de menos, lo más es lo que busca el Gobierno presidido por Gustavo Petro: intervenir y modificar los factores que ocasionan todas las formas de violencia. Duque le dejó un gravísimo problema de orden público que el presidente Petro está encarando con una fórmula que vaya más allá de la militarización. Esto hay que dejarlo bien claro.

Usted participó en 2008 del libro Qué, cómo y cuándo negociar con las Farc. 15 años después, ahora como negociador de paz. ¿Qué, cómo y cuándo negociar con el llamado Estado Mayor Central?

-Fue un libro escrito al alimón con otros analistas, entre ellos Carlos Lozano, el fallecido director de este semanario. El gobierno que preside Petro ha mostrado generosidad con relación a las negociaciones de paz. Él mismo se sentó a escuchar y conversar con representantes del ELN, amén de firmar una resolución en la que otorga estatus al llamado Estado Mayor Central para iniciar conversaciones de paz.

Frente al conflicto no hay más que dos alternativas: agravar o mitigar el sufrimiento de los lugareños. No hay una tercera alternativa. El Gobierno y los alzados están obligados a aliviar la suerte de las familias que habitan en los teatros de guerra. En eso estamos. Hay que dejarse la piel hasta conseguir un buen acuerdo para la gente. El comisionado de paz, Iván Danilo Rueda, es un trabajador infatigable que lo está dando todo para superar la confrontación armada y aliviar el drama de las comunidades afectadas.

¿Cuál es su análisis del primer año del Gobierno del cambio?

Colombia votó por un cambio que no significa voltear la tortilla de un día para otro. Petro recibió un país con una base corrupta, endémica, que cuesta sanear en un cuatrienio. La cosa pública que era un secreto, inaccesible al ciudadano corriente, se ha puesto al descubierto por la acción del gobierno. La ciudadanía entiende mejor las cosas del Estado. Las reformas propuestas por el gobierno no solo la discuten los operadores políticos sino millares de colombianos y colombianas de a pie. Esto en sí, es ya un cambio.

El gobierno que presiden Gustavo Petro y Francia Márquez ha sido el más escudriñado y atacado en la historia republicana de Colombia. Los ataques, antes de debilitar al presidente, lo fortalecen de cara al pueblo que ve en esta estrategia de la derecha una enorme injusticia contra un hombre que tiene las manos limpias y muestra un interés genuino por los excluidos, que son la mayoría social del país.

La extrema derecha en su ataque irracional contra el presidente está consiguiendo un efecto contrario. En España ocurrió una situación parecida. Pedro Sánchez, fue tratado como “perro” e indeseable por la extrema derecha y los medios asociados a ella, lo cual creo una solidaridad ciudadana hacia el jefe de gobierno que se vio reflejada en las elecciones de julio pasado.

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