La historia me absolverá: Un programa vigente

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Cubanos en la Plaza de la Revolución despiden al fundador de la revolución.

En condiciones de absoluta incomunicación, estando preso, Fidel Castro elaboró un alegato de defensa, que se constituyó en programa político del gobierno revolucionario, un documento que conserva una tremenda vigencia para América Latina

Alberto Acevedo

La pieza oratoria con que el joven abogado Fidel Castro elaboró su defensa jurídica, tras la derrota sufrida en el intento de tomar por asalto el Cuartel Moncada, la segunda guarnición militar del ejército del dictador Fulgencio Batista, y que después se convirtió en un texto escrito de amplia difusión en el mundo entero, conocido como La historia me absolverá, es un alegato jurídico y político que hoy, 63 años después, llama la atención por su palpitante actualidad.

La pregunta que algunos historiadores y biógrafos de la portentosa figura de Fidel se hacen en relación a ese texto es: ¿Cómo fue posible que en condiciones de absoluto aislamiento, como prisionero incomunicado, sin posibilidad de consultar fuentes ni libros, y menos de escribir el texto en unas cuartillas, pudo organizar su defensa?

El primer referente, que después se corroboró muchas veces en el accionar político de Fidel, es su prodigiosa memoria, su talante de estudioso riguroso, su perfil de estadista, que le permitió organizar de forma coherente su defensa jurídica, exponer unas ideas políticas que se convirtieron después en programa de gobierno del joven movimiento revolucionario, acompañado de muchas citas históricas, y de un profundo conocimiento del ideario del apóstol de la revolución, José Martí.

El juicio se llevó a cabo el 16 de octubre de 1953, tres meses después de la epopeya del Moncada. El tribunal de juzgamiento pretendió adelantar el proceso en condiciones de semiclandestinidad, lejos del público y de la prensa, con el fin de condenar a Fidel, que en ese momento tenía 27 años de edad, a 26 años de prisión.

Derecho a la rebelión

La pieza oratoria de Fidel resultó ser una clase magistral de historia política cubana e internacional, un alegato jurídico en favor del derecho a la rebelión, es decir, a construir un mundo mejor para los pobres de la tierra; pero además un programa que se convirtió en guía de acción para los sectores revolucionarios y democráticos de la isla, y también para los pueblos de América Latina.

De ello habla la siguiente expresión de Fidel: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”.

Fidel hizo lo que hacen los revolucionarios integrales: se convirtió de acusado en acusador, y en un discurso de cuatro horas, enjuició a la dictadura de Fulgencio Batista por ser responsable de mantener un estado generalizado de injusticia social, de represión y violaciones a los derechos humanos. Denunció las condiciones de encarcelamiento de sus compañeros de aventura, casi todos torturados y varios de ellos muertos en prisión por los intensos sufrimientos a que fueron sometidos. Ese discurso se convirtió en un golpe directo a la dictadura, a la imagen de Batista, rompió el silencio de la dictadura frente a sus crímenes y provocó de inmediato la indignación de la población frente a los tratos crueles a que eran sometidos los prisioneros políticos.

Circuló clandestino

La prensa no pudo ocultar el pronunciamiento de jueces, comunidades religiosas y sectores de opinión, condenando los maltratos a los patriotas del Moncada. Fidel se convirtió rápidamente en un héroe entre los sectores populares y creció su imagen de líder.

Concluido el juicio, Fidel se dio a la tarea de reconstruir su discurso, que fue saliendo de la prisión en pequeñas esquelas escritas con zumo de limón, para no revelar su contenido. El texto del alegato, llamado La historia me absolverá, tomando la última frase del discurso, comenzó a circular clandestinamente por todos los rincones de la isla. Los sectores populares fueron apropiándose de sus postulados.

Como libro, apareció publicado por primera vez por una editorial chilena pocos años después, y rápidamente se convirtió en texto de culto de los revolucionarios latinoamericanos.

Guía para la acción revolucionaria

Para los patriotas del continente, el mensaje de Fidel daba la impresión de que se refería a su propia realidad nacional. Así por ejemplo, cuando Fidel se refería a los problemas económicos de la isla: “El porvenir de la nación y la solución de sus problemas no pueden seguir dependiendo del interés egoísta de una docena de financieros, de los fríos cálculos sobre ganancias que tracen en sus despachos de aire acondicionado diez o doce magnates”.

“El país no puede seguir de rodillas implorando los milagros de unos cuantos becerros de oro que, como aquel del Antiguo Testamento, que derribó la ira del profeta, no hacen milagros de ninguna clase. Los problemas de la república solo tienen solución si nos ponemos a la lucha por ella con la misma energía, honradez y patriotismo que invirtieron nuestros libertadores en Cuba”.

Formuló un catálogo de propuestas para el problema de la tierra, de la educación, la salud, la electrificación del país. Propuso una reforma de la educación, bajo los postulados del ideario de José Martí. “Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre”, dijo Fidel citando a Martí.

La historia me absolverá se convirtió finalmente en antecedente fundamental para el triunfo de la revolución cubana tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista y pieza clave de distintos movimientos revolucionarios que surgieron en América Latina tras la llegada de los barbudos al poder en La Habana.