Por qué hablar hoy del cura Manuel Pérez

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Fabiola Calvo Ocampo
@fabicalvoocampo

Recientemente presenté en la Feria Internacional del libro en Bogotá, Filbo2022, “Manuel Pérez un cura español en la guerrilla colombiana” lo cual suscitó la presencia de muchas personas jóvenes y variadas preguntas sobre el personaje y el entorno que vivió en su lugar de origen, motivaciones para llegar a Colombia y el porqué ingresar a una organización armada insurgente.

¿Cuál es la relación entre ese ayer y el hoy? Es grande y profunda, son muchos capítulos de la historia de Colombia con exigencias, reivindicaciones, propuestas que el Estado ignoró y que tuvieron como punto de partida el pacto excluyente llamado Frente Nacional.

Colombia tenía problemas estructurales que empataron con diferentes hechos como la Guerra Fría, el auge del movimiento guerrillero en América y otros continentes, el triunfo de la Revolución Cubana, la invasión a Vietnam, los asesinatos en la Plaza de Tlatelolco en México, el Mayo del 68 en Francia y un creciente sentimiento antimperialista.

En ese marco nacen tres guerrillas con una mirada de liberación nacional y social: Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación, EPL, y fue en las segundas donde se vinculó el sacerdote capellán de la Universidad Nacional, que fundó el Frente Unido y llenó plazas: Camilo Torres Restrepo.

Siguiendo esa huella llegaron a Cartagena, procedentes de República Dominicana, tres jóvenes sacerdotes españoles: Manuel Pérez Martínez, Domingo Laín y José Antonio Jiménez. Su objetivo era luchar por “los más humillados”, salvar el mundo.

Manuel Pérez fue ordenado en Roma por el Papa Pablo VI y, fuera de lo corriente, celebró la primera misa en Alfamén, su pueblo natal, con todo el pueblo y no solo con las “familias pudientes” como quería su padre.

Vino luego su relación con los curas obreros en Madrid y después su vivencia en las barracas de París donde presenció el hambre diaria, cada noche las peleas de los habitantes de calle, los borrachos y la prostitución.

El sacerdote zaragozano, se convenció que la salida para los pobres de América Latina no era otra que la elegida por Camilo Torres, quien decía que lo importante no era saber si el alma es mortal o no porque lo que estaba claro es que el hambre mata. También para Restrepo la vía electoral estaba cerrada para el pueblo porque a su juicio “el que escruta elige”.

Manuel Pérez. Foto archivo

Camilo Torres Restrepo muere en Patio Cemento el 15 de febrero de 1966 en su primer enfrentamiento contra el ejército, hecho con el cual se acentúa en el mundo la leyenda de “el cura guerrillero” y ejemplo a seguir por otros sacerdotes.

En la efervescencia de la búsqueda de salidas para el país nace en 1968 Golconda, un grupo de curas que buscan una vida digna para los más desfavorecidos y lo hacen de la mano con la Teología de la Liberación.

En medio de tales circunstancias el ejército deja casi aniquilado al ELN, y se da por desaparecida esta organización que reaparece con fuerza años después bajo la dirección de Manuel Pérez.

Las entrevistas con el sacerdote español dejaron ver sus conflictos, su cotidianidad, su relación con quienes le acompañaban en el campamento y sus propuestas hacia el futuro. No firmó acuerdos con ningún gobierno y fue abanderado de la defensa del petróleo frente a las multinacionales.

Manuel Pérez consideró que a muchas de las mujeres les faltaba una mayor preparación para llegar a cargos de dirección sin desconocer el machismo presente en las filas.

El libro nos trae temas hoy olvidados bien sea por la amnesia, el retiro de las clases de historia en los colegios o por esta serie de sucesos en forma vertiginosa en Colombia (entre otras razones), nos lleva a la selva donde aún queda mucha historia escondida y nos da elementos para reflexionar sobre el tipo de Estado que tiene o necesita el país.

Ayer una juventud tomó en rebelión las armas para cambiar el mundo y su país, el Estado respondió por la vía militar sin llamar al diálogo cuando estaba en ciernes, sesenta años después, la juventud exige derechos en las calles (porque no se les escucha ni se les cumple) y la respuesta fue la vía militar. ¿Cuál es el camino?