Justicia y razón

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Nelsy Contreras García

¿Por qué tanta artimaña para elegir al Fiscal general de Colombia? Parafraseando a Quevedo, “donde hay poca justicia es un peligro tener la razón”. Esta frase viene a bien sobre la posición de la Corte Suprema de Justicia de dilatar con fines peligrosos y oscuros la elección del nuevo Fiscal general, que reemplazará al tan cuestionado Francisco Barbosa, en su pésima gestión llena de controversias, a quien se le acusa de convertir la fiscalía en una institución de bolsillo al servicio del crimen.

Según lo establece la Constitución Política de Colombia, en su artículo 249 y habiendo cumplido los dos momentos claves para que se haga efectiva dicha elección, los colombianos hemos visto con impotencia la maniobra de dilatación orquestada por la Corte Suprema de Justicia. Estos momentos los analizaremos brevemente. Primero, le corresponde al poder ejecutivo, representado en el Presidente de la república, la entrega oportuna de la terna con los tres nombres de mujeres idóneas y probas, que cuentan con los méritos suficientes para ocupar el cargo. El segundo momento es la elección. En este juega el poder legislativo, representado en la Corte Suprema de Justicia, siempre ceñida a la terna presentada por el Presidente, buscando con ello un equilibrio de poderes y desligar al ente acusador de maniobras politiqueras y mafiosas.

El presidente de Colombia presentó la terna hace más de cuatro meses, motivos suficientes para que los colombianos rechacemos la demora en la elección, exigiendo que los magistrados hagan el trabajo que les corresponde, sin más dilatación.

En los últimos ocho años, Colombia ha sido protagonista de escándalos de corrupción que han traspasado fronteras convirtiéndose en hechos continentales, es el caso de Odebrecht, que en países como Brasil y Perú tumbaron fiscal y presidente. En Colombia, “pasó todo y no pasó nada” precisamente en la cuestionada y corrupta fiscalía de Néstor Humberto Martínez. Los procesos judiciales sobre este caso de corrupción, con tentáculos en América Latina, avanzan a ritmo de tortuga: lentamente como avanza la elección del Fiscal general de la nación.

Sería bueno preguntarle al exfiscal Francisco Barbosa cuáles fueron los resultados de su gestión para esclarecer todos los hechos de corrupción y poner entre rejas a toda esta mafia enquistada precisamente en ciudadanos de cuello blanco que hoy todavía siguen siendo servidores públicos y están manchados en el caso de Odebrecht.

Fueron tantos los desaciertos de este funcionario en su pésima gestión, que la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes lo investiga por llamar a las fuerzas de policía a la desobediencia y la insubordinación en claro desacato al régimen constitucional y legal. Son innumerables los cuestionamientos realizados como colocar a la Fiscalía como su servidumbre, funcionarios de la Fiscalía paseándoles sus perros, empleados de la misma trabajando en su residencia, viajes con su familia en aviones privados a San Andrés. Pero aquí pasa de todo y no pasa nada.

Lo recordaremos como el pésimo fiscal de la historia republicana del país, donde hubo un estancamiento en los procesos investigativos, una percepción de justicia nula, sobre todo en los crímenes de líderes sociales. Se recordará como un gris líder de la oposición política al presidente y a su política de Paz Total, desvirtuando y descuidando por completo sus papel de fiscal.

La Corte Suprema de Justicia no puede oponerse a la justicia, los colombianos tenemos la razón, no más dilación.

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