Las pruebas PISA

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Ómer Calderón

El fracaso evidenciado en los resultados de las pruebas PISA en Colombia refleja una preocupante situación educativa que atraviesa el país. Los datos revelan un estancamiento en el rendimiento de los estudiantes colombianos, en comparación con ediciones anteriores de esta evaluación internacionalmente reconocida. El presidente Gustavo Petro ha calificado estos resultados como una prueba contundente del fracaso del sistema educativo colombiano.

En sus declaraciones, el mandatario ha señalado que las reformas implementadas en el pasado no han logrado garantizar una educación de calidad para la población colombiana. Ha afirmado que el derecho a recibir una educación de calidad simplemente no existe.

Sin embargo, ha destacado que en la ciudad de Bogotá se han observado mejoras en los resultados, lo cual sugiere la importancia de analizar la experiencia del gobierno de Bogotá Humana, con lo que plantea continuar con políticas educativas similares en el actual Gobierno del Cambio, lo cual nos lleva a reflexionar sobre la continuidad de las orientaciones pedagógicas que han sido cuestionadas por los resultados recientes de las pruebas PISA.

En el informe más reciente de 2022, Colombia se ubica por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE en las tres áreas evaluadas: lectura, matemáticas y ciencias.

En competencia lectora, los resultados son precarios, ya que el 78 por ciento de los estudiantes colombianos no alcanza el nivel tres ─de un total de seis niveles─, lo cual indica un dominio apenas básico de los conocimientos en esta área. En ciencias, este indicador se eleva al 84 por ciento, mientras que en matemáticas sorprendentemente alcanza el 91 por ciento de los estudiantes que no superan dicho nivel de comprensión y operación abstracta de las relaciones numéricas.

Algunos analistas han argumentado que las pruebas PISA no consideran otros conocimientos locales, territoriales o provenientes de los pueblos originarios. No obstante, esta perspectiva ignora la importancia vital y estratégica que tienen el dominio de las matemáticas y la lectoescritura en las sociedades humanas. Sin una adecuada comprensión en estas áreas, resulta imposible avanzar en el dominio de las ciencias, las humanidades y el entendimiento objetivo de la realidad local y global.

La lucha de las fuerzas progresistas y revolucionarias ha buscado materializar el proyecto político de la Ilustración, para asegurar que todas las personas, sin discriminación alguna, tengan derecho al conocimiento universal producido por los pueblos originarios y compartido a través de las relaciones históricas entre todas las naciones. Los movimientos obreros, progresistas y revolucionarios han luchado incansablemente para que el conocimiento sea accesible para todos a través de la educación pública.

Si bien es cierto que Bogotá presenta resultados ligeramente superiores al promedio nacional, es importante destacar que la ciudad destina el doble de recursos por estudiante en comparación con el resto del país. A pesar de esta inversión considerable, los resultados académicos distan mucho de ser el doble de mejores que los del resto del país.

Los resultados de las pruebas PISA reflejan el fracaso del modelo educativo dominante en Colombia durante los últimos lustros. Este modelo de pedagogía posmoderna, disfrazado de innovación, es la expresión ideológica del pensamiento neoliberal, que ha desplegado sus banderas en contra del conocimiento, la inteligencia humana y la cultura científica y humanística, en nombre de “las competencias” o saberes prácticos requeridos para sobrevivir en el mercado capitalista.

Urge una propuesta de cambio educativo, científico y humanístico.

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