El pasado y futuro del CNMH

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Jefferson Corredor (Jepes)

Durante el gobierno de Iván Duque, el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, entidad que nació por la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras de 2011 con el objetivo de construir narrativas sobre el conflicto armado en Colombia, perdió en los últimos años el fin por el cual fue creado, en medio de varias disputas sobre los usos de las memorias.

Recordemos que un sector reaccionario, encabezado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, nombró en febrero de 2019 al profesor Darío Acevedo Carmona como director del CNMH. Su tarea principal fue llevar la tesis del negacionismo de la guerra, bajo el argumento que lo dicho por la víctima no es una narrativa y, por lo tanto, no es una verdad oficial.

Por ende, no solamente negó la existencia del conflicto armado, sino que a su vez desconoció a las víctimas del Estado; minimizando de esta manera su responsabilidad, negando también la legitimidad del proceso de paz firmando en La Habana.

Un ejemplo de ello fue lo ocurrido con el guion museográfico de la exposición Voces para transformar a Colombia, el cual estaba diseñado para exponer el conflicto armado a través de tres ejes: el cuerpo, la tierra y el agua. Metáforas que servían para reparar simbólicamente a las víctimas y contar verdades sobre los sucesos violentos.

Pero, el menosprecio de Acevedo a la realidad llevó a que Colombia fuera retirada de la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia (red que reúne a los centros encargados de procesos de memoria en países con conflicto armado). Ante este hecho y otros sucesos, la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, adelantó una diligencia de protección de la documentación y los archivos que tenían en custodia, al considerar que era importante salvar la información recolectada.

El negacionismo lo podríamos definir como un comportamiento individual o colectivo de corte populista y de derechas para evadir verdades, negar las violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH. Pero también sirve para crear o proyectar cambios en la normatividad para favorecer a sectores de las élites en el poder y ocultar su participación o vinculación en delitos de crímenes de lesa humanidad. Reviviendo traumas, revictimización y ejercer impunidad al coartar el uso político de la memoria y la historia.

Con la victoria en las urnas de Gustavo Petro, Francia Márquez y el Pacto Histórico, con la rebelión social que se dio en las calles, hace unos días (5 de julio), Darío Acevedo Carmona presentó su renuncia al CNMH y con ello dejó un balance negativo para la entidad. Así que el nuevo director o directora en el nuevo gobierno popular y alternativo deberá resolver tres problemas importantes. Primero, es menester cuestionar el discurso negacionista que se instaló en la institución; segundo, deberá retomar las alianzas estratégicas con los sitios de memoria nacionales e internacionales; y tercero, tendrá que reconstruir la legitimidad del CNMH ante las organizaciones sociales.

Por otro lado, también existe el gran reto de dignificar a las víctimas, y eso parte de un reconocimiento pleno no solamente por parte de la institucionalidad, sino de la sociedad en general, lo cual vendría siendo un punto de partida para reconocer y eliminar paulatinamente las condiciones sociales que hicieron posible la guerra en el país e iniciar así la consolidación de la paz total.