El imposible equilibrio del dolor y la belleza

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Juan Guillermo Ramírez

La película arranca en la Londres de 1914 y desde allí irá y volverá en el tiempo. Estamos en otro de los típicos (y subyugantes) rompecabezas narrativos y ‘patchworks’ visuales de Terence Davies. De una imagen de un Sassoon treintañero pasamos -efectos digitales mediante- a otra del escritor ya veterano que debe lidiar con la paternidad y los reclamos de su hijo adulto. Habrá espacio para los romances y los desengaños, para números musicales, para búsquedas más en el orden del cine experimental, para un uso de imágenes de archivo de la Primera Guerra Mundial que sirven de fondo mientras escuchamos los bellos y desgarradores poemas antibélicos… Todo con ese espíritu solemne (aunque con irrupciones de ese humor absurdo tan típicamente británico), un poco afectado y sombrío, casi siempre desesperanzado, triste y melancólico, que puede irritar o abrumar a los no iniciados en el mundo Davies con sus 137 minutos.

Como ya evidenciaban sus primeros ejercicios de autoficción –englobados en The Terence Davies trilogy(1984)–, el cineasta británico siente debilidad por los personajes que, desde lo queer, resisten estoicamente ante la falta de libertades. En Benediction, esta tragedia de orden social se ausculta a través del estudio del arco vital de Sassoon, que Davies recorre curioseando en la imaginería digital. Un genial travelling circular en torno al protagonista nos lleva desde su yo joven hasta su vejez mediante un efecto de morphing que condensa la obsesión de Davies por la idea de lo eterno (el pasado que siempre vuelve) y lo efímero (el tiempo, y el amor, que se escapa de las manos). Y es que el cine del británico no puede entenderse sin el yugo de la agonía sentimental. De hecho, como ya hiciera en The Deep Blue Sea (2011), Davies construye Benediction sobre la convicción de que el desamor duele como una guerra mundial.

La estremecedora Benediction puede verse como un film-compendio que une los rasgos estilísticos y las fijaciones temáticas que han marcado la carrera del británico Terence Davies. Ahí está, por ejemplo, su interés por la memoria como punto de encuentro de la experiencia personal y la conciencia colectiva. Para Davies, quién irrumpió con Voces distantes (1988) –un fresco autobiográfico sobre las penurias de una familia de Liverpool en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial–, la memoria del pueblo británico está profundamente ligada a la destructiva onda expansiva del fenómeno bélico. La figura del poeta y objetor de conciencia Siegfried Sassoon permite al cineasta anudar, en las composiciones frontales y las sinuosas panorámicas del biopic Benediction, el recuerdo traumático de la Gran Guerra, la disección de una afligida sensibilidad artística –en sintonía con Historia de una pasión (2016), el film de Davies sobre Emily Dickinson– y, por último, el desolador retrato de una homosexualidad golpeada por los dogmas conservadores.

El horror de la guerra, la hipocresía social, el estrés postraumático y la culpabilidad del superviviente se muestran mediante un perpetuo conflicto de contrarios: guerra y poesía, homosexualidad y heterosexualidad, ateísmo y religiosidad en un film de impacto indeleble en el que el concepto del fracaso sobrevuela cada plano. La decepción y la falta de altura frente a las expectativas de la sociedad y el ejército —como representante de una interesada noción de la responsabilidad colectiva encarnada en la patria—, así como frente a la familia encarnada en la figura de la madre del poeta y en su propia esposa, definen a Siegfried Sassoon como un ser defectivo, inadaptado y en constante deuda con el mundo en que le ha tocado vivir. Su talento literario.

Oficialmente, Benediction es un biopic: el de la traumática experiencia bélica, los numerosos lances amorosos, la creación lírica y la existencia desengañada del poeta británico homosexual Siegfried Sassoon. En realidad, nada hay más alejado de los moldes tradicionalmente académicos de aquel género que este nuevo film de Terence Davies, convertido por el creador de obras tan fascinantes como Voces distantes, El largo día acaba, Of Time and the City o The Deep Blue Sea en una estilizada, amarga y dolorosa elegía poética atravesada por una emoción genuina y conformada por los más reconocibles resortes estilísticos de su autor. Davies monta el recitado de los poemas de Sassoon sobre imágenes documentales de la Primera Guerra Mundial, encadena elegantes fundidos que transforman el ‘tiempo’ del relato, organiza enérgicas elipsis que dejan sumergidos enormes períodos de tiempo con sublime delicadeza, fusiona canciones evocadoras con dramáticos acontecimientos históricos y hace avanzar así –sin someterse nunca a la dinámica de la dramaturgia tradicional– un complejo retrato de época que es también, a la vez, una radiografía personal con soterradas resonancias metafóricas sobre su propia historia como creador y, quizás, sobre sus propias amarguras interiores.

Inteligencia, sutileza, sensibilidad. Humor, música, ironía. Melancolía, belleza, poesía. Todos son elementos que caracterizan a la obra del realizador británico Terence Davies y que aparecen, en toda su dimensión, en Benediction, una biografía cinematográfica del poeta británico Siegfried Sassoon. El realizador de Voces distantes, no utiliza casi nunca los recursos clásicos de la biopic. Lo suyo es una reconstrucción de una vida a través de episodios, retazos, alegrías y sufrimientos, momentos capturados o recuperados que transmiten mejor –y de modo más sensible– que un recorrido tradicional la vida y, especialmente, el arte de este fantástico y un tanto olvidado escritor.