Delitos de sangre

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Zabier Hernández Buelvas
@ZabierHernndez

Dejémonos de pendejadas, el corrupto es corrupto a donde vaya. ¿Que se regeneró?, ¿que pagó por su delito? Por lo menos, en Colombia esto es poco creíble. Miren ustedes, todos los corruptos en el país le han heredado sus capacidades y habilidades a sus esposas e hijos y con ello, han convertido la corrupción, por lo menos en la práctica, en un delito de sangre. Hijo o esposa de corrupto que se respete, es hoy candidato. Y al parecer están muy cómodos con tal herencia.

De acuerdo con el monitoreo realizado durante el calendario electoral para el 2022, la Fundación Paz y Reconciliación, Pares, informa que, “de las listas que  inscribieron el 13 de diciembre todos los partidos, se registraron 108 candidatas y candidatos cuestionados avalados en partidos o movimientos independientes (…) Los 108 candidatos y candidatas con cuestionamientos se encuentran avalados en siete partidos con listas propias, seis coaliciones (dos en Senado de la República y cuatro en Cámara de Representantes), dos movimientos por firmas y un consejo comunitario.

En el top cinco de partidos con la mayor cantidad de candidatas y candidatos que tienen cuestionamientos se encuentran: el Partido Conservador (23 candidaturas cuestionadas), Partido Liberal (20), Cambio Radical (19), Partido de la U (16) y Centro Democrático (14). Dentro de este análisis también se cuenta la lista al Senado de la Coalición Centro Esperanza, con dos cuestionados”

Son 17 las familias poderosas en Colombia que concentran sus esfuerzos por conservar sus privilegios y para esto, utilizan a sus hijos y esposas. Como quien dice “familia que roba unidad permanece unida. Estas familias en Colombia son una vulgar copia de las mafias sicilianas, reflejadas en películas tan recordadas y atendidas por la crítica como El Padrino, en la que la extraordinaria dirección de Francis Ford Coppola, la actuación nunca superada de Marlon Brando, potenciada por la banda sonora de Nino Rota, reflejaba una familia mafiosa italoestadounidense, donde había un cierto “sentido del honor” combinado con patriarcalismos y piadosa crueldad.

El Padrino es cine puro. En Colombia es real, son familias cruelmente ordinarias, tienen negocios con el Estado, con todos los gobiernos, y entre ellas, además, asesinan, compran conciencias, compran votos, compran a los grandes y también poderosos medios de comunicación, venden y compran al hijo, a la madre, al papá, al nieto, al sobrino, ¡a quien sea!, con tal de permanecer ejerciendo lo que ellos llaman el derecho a la libre empresa, es decir, a robar descaradamente.

Se insiste mucho desde el Establecimiento que en Colombia no existe el “delito de sangre”, pero está claro, los estudios sobre el poder en Colombia muestran “las ramas ensangrentadas del árbol genealógico” como los llamó Óscar Collazos, de estos hijos y esposas que hoy se presentan ante los electores como unas pulcras e ingenuas palomas.

Estas familias hoy lideradas por hijos y esposas, se han dedicado históricamente a saquear el erario nacional a tal punto que algunos comentaristas dicen que somos una cacocracia.

Es un buen momento para no olvidar. La memoria es un buen punto de partida para elegir bien y apoyar el cambio que propone el Pacto Histórico. A golpe de sufragios electorales recuperaremos el país y sembraremos democracia.

Ni un voto por los linajes de los corruptos, paramilitares, asesinos y financiadores de la guerra y beneficiarios de ella.