La crisis es de la derecha

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Pietro Lora Alarcón

El Pacto Histórico puede no ser para muchos la unidad ideal. De hecho, hay varias críticas a su proceso de construcción. Pero lo que no se puede afirmar es que no constituya una propuesta para la paz y la democracia, y por eso, contraria a la derecha. Esto es importante destacarlo internacionalmente.

El resultado objetivo de los gobiernos en Colombia en más de un siglo es un legado de incompetencia, corrupción y de uso de la maquina estatal para un proyecto civil-militar excluyente, sustentado por capitales nacionales y foráneos, paramilitarista para sofocar la reacción popular y, más recientemente, con mayor grado de servidumbre geopolítica a la acción de los Estados Unidos.

La derecha a la cual se enfrenta el Pacto es la que ha creado las condiciones para que los recursos naturales sean conducidos servilmente al gran capital. Es la que gana con la guerra y acecha proyectos de autodeterminación económica y política en la región. Por eso, el PH genera esperanzas que sobrepasan las fronteras.

Lógicamente, hay que trabajar dentro del Pacto por su ampliación, a partir de puntos programáticos, sin perder el arraigo popular e incentivando el diálogo con los sectores más golpeados por la crisis. Aterrizar el PH es ligarlo directamente con quien padece el hambre y el repudio del Estado, conectándolo desde los hechos con los sectores más vulnerables, con los indígenas y afrodescendientes, con los excombatientes de las FARC y los luchadores por la tierra.

Fuera del territorio, construir PH significa juntarse a las voces de los que sufren el abandono de sus derechos políticos y socioculturales. Política externa dirigida a migrantes económicos o estudiantes que nunca ha sido prioridad, mucho menos la de atender refugiados, en su mayor parte víctimas del terrorismo de Estado.

Por eso, en el marco de la realidad de un pacto diverso, el voto por la lista internacional del PH es fundamental para seguir en un proceso de organización de identidades políticas en el exterior, que permita continuar la lucha democrática con iniciativas que incidan en la transformación de esa política externa tradicionalmente vinculada a la servidumbre y la guerra.

La crisis no está en el Pacto. Por eso no todas las discusiones a esta altura son bienvenidas. La crisis social es fruto de las políticas de la derecha y por eso la crisis se instaló en la derecha. De allí su necesidad de apelar para acuerdos con lo más delincuencial y fascistoide del planeta.

Causa una explicable extrañeza, para los que observamos en otra época una derecha que -a pesar de su talante arrogante, estrecho y guerrerista-, era capaz de construir fórmulas para el funcionamiento institucional de un Estado liberal-clientelista enclenque, manteniendo así, con cierta vergüenza de clase, su apariencia democrática, ver la falta deplorable de criterios y de argumentos que la caracteriza hoy.

Organizar un “forito” de provocadores en Bogotá, que comenzó auspiciado por un bandido conocido de autos como Steve Bannon, gerente de la campaña de Trump y acusado de desviar un millón de dólares para construir un muro, es simplemente patético. Pero no es problema nuestro. La derecha exterioriza su preocupación, acusa el golpe, reconoce su incapacidad para ser opción. Esa derecha es reactiva, no tiene proyectos, pero sí un adversario, que no es necesariamente la izquierda, sino la civilización.