Luchas por la memoria y el patrimonio en Sevilla

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La casa de la reina es un patrimonio histórico de la población sevillana. Foto cortesía

El balcón del Valle es desde hace décadas la capital cafetera de Colombia. VOZ conversó con Francia Elena Restrepo, directora de la Fundación Paz Diversa y líder social sevillana, quien habló de los retos a los que se enfrenta el patrimonio y la memoria de este municipio del nororiente vallecaucano

Sergio Estevan García Cardona – Juan Rafael Aguado Ospina

Ensalcemos al pueblo que un día// por querer de una raza tenaz// emergió de la selva bravía// vigoroso, pujante y audaz// Fue la gesta sublime del hacha// que este emporio de vida creó// fue el empuje viril de una raza// que los bosques en pueblos trocó

Sevilla, el balcón del Valle, es desde hace décadas la capital cafetera de Colombia. Sus paisajes y arquitectura están atravesados por más de un siglo de economía del café, lo que muestra a propios y extraños el lento proceso de desarrollo capitalista del agro en el país, con sus bonanzas y crisis permanentes.

Fundado en 1903 como San Luis por don Heraclio Uribe Uribe -hermano del general Liberal de la Guerra de los Mil Días, Rafael-, y declarado en 2011 como parte del Paisaje Cultural Cafetero y Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, este municipio es historia viva de la nación; historia económica y política, pero también cultural e intelectual, que está en riesgo de desaparecer.

VOZ conversó con Francia Elena Restrepo, directora de la Fundación Paz Diversa y líder social sevillana, quien habló de los retos a los que se enfrenta el patrimonio y la memoria de este municipio del nororiente vallecaucano.

El linaje de las matronas: resistencia y cuidado

El desarrollo del capitalismo agrario en Colombia estuvo signado por el avance de la economía cafetera, que implicó la colonización de vastas zonas agrícolas en la frontera agraria. Sin embargo, el avance de las relaciones mercantiles en el municipio trajo consigo también unas grandes cuotas de miseria, que se expresaron desde la mitad del siglo pasado en cinturones de pobreza que circundaron el casco urbano, albergando ancianos, desempleados, jornaleros a destajo, gentes sin techo, trabajadores por cuenta propia y prostitutas.

Quizá el más reconocido de estos cinturones es el barrio San José, antigua zona de tolerancia, edificado sobre el río que lleva su nombre. Los prostíbulos, casas de lenocinio y casas de citas -frecuentadas por homosexuales y transexuales desde los años sesenta- dejaron un legado poco explorado. ¿De qué se trata?

El trabajo social de la Fundación Paz Diversa permitió indagar en la configuración de formas particulares de cuidado y resistencia que se forjaron al calor del trabajo sexual. En medio de las dinámicas relativas a la explotación sexual, nacieron distintas expresiones de la economía popular, y mecanismos singulares de construcción de tejidos comunitarios y sociales, de resistencia ante la expulsión urbana, y de formación de prácticas de cuidado que permitieron la crianza y supervivencia de cientos de niños, niñas y adolescentes, migrantes y ancianos que recalaron -y se asentaron- en el territorio. Unas redes de cuidado dirigidas y conducidas por mujeres de edad, con legitimidad y ascendencia en el barrio, que se encargaron de la protección de los círculos familiares y de comunidad de las trabajadoras sexuales, y que se convirtieron en una suerte de referentes políticos del gremio.

Estas redes aseguraron el derecho a la vivienda, aupando mercados y ollas comunitarias, y organizando a las trabajadoras sexuales alrededor de reivindicaciones políticas, nacieron las matronas del barrio San José, elemento vertebral de la historia urbana y popular de Sevilla. Hoy el barrio ya es residencial, con nuevas problemáticas sociales, pero la memoria de la resistencia ante el olvido y la marginación permanece.

Todo ello está retratado en el documental La Zona de 2023, financiado por el Programa de Concertación Cultural del Ministerio de las Culturas, los Artes y los Saberes.

La casa de la reina. El legado de los Gil Jaramillo

La lucha por la resignificación de la historia popular de Sevilla llevó a Francia Restrepo a seguir los rastros de las matronas hasta un círculo más amplio: el de las diversas formas de violencia sexual contra las mujeres.

Así, convencida de que para la construcción de paz y eliminación de las violencias es necesario un fundamento económico que permita una vida digna, a través del Proyecto de Paz Urbana y en alianza con el SENA, empezó a edificar una iniciativa productiva que vincula a las mujeres a la producción, transformación y comercialización del cacao, alrededor de una unidad productiva llamada La Casa de Chocolate, que además de fomentar la generación de ingresos en madres cabeza de hogar y mujeres víctimas de VbG, busca recuperar la memoria histórica del municipio de Sevilla.

Por ello, la Casa de Chocolate se ubicó en la Calle 49#49-55, conocida como La casa de la reina, patrimonio histórico de la población sevillana. Ubicada en frente del famoso Hotel Sevilla, a pocas cuadras del Parque La Concordia, fue la casa matrimonial de Pedro Emilio Gil Jaramillo, militante Liberal, alcalde municipal, diputado departamental, y fundador de periódicos como Horizontes y El Germinal; allí mismo donde vivió Lino Gil Jaramillo, destacado militante comunista de la generación de sus coterráneos José Cardona Hoyos y Jaime Cuéllar -Anteo Quimbaya-; y que después albergó a Nydia Gil, su hija, reina de Sevilla, reina departamental del Valle del Cauca y virreina Nacional del Café en 1956, quien aún vive en el municipio.

La casa tiene una arquitectura tradicional de la colonización antioqueña, con algunos trazos de la ‘tardía modernidad’ que le implicó a los Gil Jaramillo algunas reformas importantes.

Fue construida en 1922, y puesta a disposición de la unión de don Pedro Emilio y Aurora López en 1925. Ésta fue, quizá, la primera de las casas ‘modernas’ de Sevilla, lo que le valió el epíteto de la ‘casa prestante’, porque allí se recibían las personalidades importantes que visitaban la municipalidad (por esa casa pasaron Alfonso López Pumarejo, el expresidente del Ecuador Velasco Ibarra, Hugo Toro Echeverry, entre otros).

Los Gil Jaramillo, sus propietarios, fueron -al decir de Francia Restrepo- personajes cosmopolitas, que abrieron Sevilla al mundo. Mientras que Pedro Emilio fue un destacado político e intelectual -fue propietario de la primera imprenta del municipio, que hoy reposa en la Casa de la Cultura-, Lino fue un versado poeta y literato, que llegó a ser íntimo amigo del chileno Pablo Neruda -tanto por la poesía como por la convicción militante-; y Leopoldo, el tercero, un gran escritor y cultor de letras.

Entre la demolición y el patrimonio histórico

Por causa de consabidos conflictos hereditarios, la casa fue vendida a un tercero, que ha manifestado su interés en demolerla para construir allí un parqueadero, lo que ha planteado una situación crítica en términos de la preservación del patrimonio histórico.

Menciona Francia Restrepo que, copiando el modelo mexicano de los ‘pueblos mágicos’, la Gobernación ha declarado seis veredas -de más de 30- como Paisaje Cultural Cafetero, enfatizando en una forma muy limitada -y erosiva- de turismo rural, que por su promesa de bonanza ha ido destruyendo el patrimonio de Sevilla.

La amenaza de demolición de la Casa de la reina exige a las entidades públicas una declaratoria de patrimonio histórico ante el avance de los proyectos de renovación urbana que chocan con la conservación del mismo.

Comuniones culturales como el Festival Bandola y las Fiestas Municipales empiezan siempre su recorrido en esta edificación, con lo que su venida abajo dejaría una orfandad inconmensurable a un municipio que, sin lugar a dudas, sigue siendo una meca de las artes, las letras y la música, casa de los hermanos Rodríguez, de Lisandro Duque Naranjo, y de otra miríada de artistas de talla nacional e internacional.