Derechos y libertades para la población LGTBI

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Nixon Padilla
@nixonpadilla

En la historia de las luchas por libertades y derechos de la población con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, hay momentos de la vida política del país, que han sido icónicos y trascendentales.

Podríamos señalar al menos dos. La aprobación de la Constitución de 1991, que ha servido de marco institucional para que las altas cortes hagan los reconocimientos de derechos que ningún gobierno, ni el Congreso de la República se han atrevido a realizar; y el Plebiscito sobre el Acuerdo de Paz de 2016, en cuyo debate público, la inclusión LGBTI fue duramente demonizada, logrando paradójicamente que una parte de la agenda del movimiento llegara a espacios en los que antes no existía y se pusiera al centro del debate nacional.

Estos hitos han dejado claro que es imposible divorciar la necesidad del cambio del régimen político de la lucha por derechos y libertades. La conquista de una apertura democrática es condición fundamental para lograr los cambios de fondo en la sociedad colombiana.

El proceso electoral que culmina el próximo domingo, seguramente se convertirá en un nuevo hito en este proceso.  Las candidaturas en contienda tienen miradas diametralmente opuestas sobre el tipo de sociedad en la que viviremos.

La candidatura del señor Hernández, a pesar de su apariencia de ruptura con el Establecimiento, le apuesta a una mirada altamente conservadora y de concesión a los agentes políticos que dominan el bloque de poder actual. Una breve mirada a su ejercicio político nos permite comprender que estamos ante un hombre pragmático, sin compromiso con lo que predica.

Por eso los anuncios programáticos que realizó luego de pasar a segunda vuelta, en los que incluye de manera expresa propuestas para la población LGBTI, deben observarse como meras salvas disparadas para poder enfrentarse a la candidatura del Pacto Histórico.

Todo lo que rodea la candidatura del señor Hernández, desde el contenido abyecto de sus discursos, el autoritarismo que exhibe y el desprecio por las opiniones contrarias enciende las alarmas y coloca banderas de alerta en todos los sectores sociales. Hernández es la faceta más cruda, vulgar y retrógrada del proyecto de dominación de las élites colombianas, es una especie de bestia que deciden soltar para mantener el control del Establecimiento, aunque en el infierno que se desate, podamos arder todos.

Para quienes hemos hecho ejercicio de activismo en los sectores sociales LGBTI, no queda duda que la única posibilidad de desarrollo y avance de derechos para nuestra población es un gobierno democratizador, no solamente por la voluntad política de Gustavo Petro y Francia Márquez, quienes tienen en su haber político hechos fehacientes de su compromiso con nuestra causa, sino también porque las garantías para la exigibilidad de derechos en un gobierno del Pacto Histórico serán muchas más amplias que en un gobierno de corte autoritario. Más aún si consideramos que la correlación de fuerzas en el Congreso de la República para nuestras reivindicaciones son las mejores.

Estas elecciones pueden convertirse en un punto de inflexión para las garantías de derechos para la población LGBTI. Un eventual gobierno del señor Hernández sería un retroceso total, mientras en un gobierno del Pacto Histórico las posibilidades de un salto de calidad hacia adelante en el desarrollo de la agenda del movimiento LGBTI, son extraordinarias.

Tenemos una responsabilidad inmensa con el futuro, cada voto cuenta y puede hacer la diferencia.