Colombia y pulsión de muerte

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Mateo Gómez Mendieta

Indígenas apaleando policías, policías apaleando ancianos y gaseando niños, un menor de edad asesinado en el transporte público, un padre que asesina a su hijo, una mujer encolerizada gritando en plaza pública que los blancos son superiores a los negros y otra que grita que se reviva a un genocida que desmembraba personas y las tiraba a un río.

Estas son algunas de las postales sociales que ha tenido nuestro país en las últimas semanas, y que magistralmente han sido presentadas por los medios como hechos aislados, atomizados y sin relación, ¿pero será que debemos leerlos así? No nos merecen estos hechos una lectura más amplia, ¿será que encierran una manifestación patológica social, y dan cuenta que la sociedad en que vivimos en su gran medida se tornó incompatible con la vida?

Erich Fromm en su libro, El miedo a la libertad, acudiendo a la teoría psicoanalítica esboza que hay una coexistencia simbiótica en cada individuo entre la capacidad creadora y la capacidad destructora (Eros y Tánatos, lo que Freud distingue como pulsiones de vida y muerte,) sin embargo, la capacidad creadora, dadora de vida posee un dinamismo que la impulsa a extenderse, a expresarse, pero si esta tendencia se ve frustrada la energía yoica encausada hacia este proceso se ve descompuesta y muda hacia la destrucción.

Es decir que cuanto más plenamente se ofrecen las posibilidades de que la vida se extienda, menor es el impulso destructivo, pero si estas posibilidades no se dan, la pulsión creadora se sublima hacia la pulsión destructora.

Ahora, todos estos hechos que se mencionaron al principio tienen un hilo común, la pulsión de muerte, la hostilidad hacia las diferentes formas de vida, entonces no será que en la sociedad colombiana las diversas privaciones a las que estamos expuestos (marginalidad, exclusión, precarización laboral, brechas sociales, etc.) llegaron no solo al punto de limitar la movilidad social, sino que también son el insumo principal para que la pulsión de muerte sea nuestro común denominador en los diferentes escenarios sociales.

¿La hostilidad social a la que estamos expuestos no debería ser leída como una manifestación de dolencia psíquica por la limitación de la vida a la que se encuentra expuesto el colombiano?, ¿Incluso, esta limitación de la vida se extiende más allá de la sociedad colombiana y atañe al sistema per se?

Sabemos la cantidad de fenómenos psicosociales derivados del estadio hipercapitalista en el cual nos encontramos, vivimos en un sistema que dice amar la vida pero nos arroja a la muerte (simbólica, física, mental), aunque la teme… y la teme tanto que la niega a través de la producción y el acaparamiento de bienes que generan la exacerbación de las pulsiones de muerte; odio, ira, resentimiento, violencia, agresión, no son solo manifestaciones de los instintos más básicos del ser humano, son también manifestaciones exacerbadas por nuestro modelo económico.

En su más reciente libro, el filósofo surcoreano Byung Chul Han, aborda esta problemática, planteando que el goce narcisista de nuestra sociedad está enmarcado en la capacidad de hacer morir, pues para nuestra sociedad el hacer morir nos protege de la muerte, pensemos por ejemplo en la carrera armamentística, la cual responde a esta misma lógica, es acaparar la muerte para no morir. Entonces, ¿no será que como menciona él en nuestra sociedad estamos demasiado vivos para morir, pero demasiado muertos para vivir?