Casi, casi igual

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Jaime Cedano Roldán
@Cedano85

Pareciera que estuviéramos en la última semana de septiembre del año 2016 cuando todas las maquinarias del clientelismo, la violencia, las mafias y el latifundismo mediático andaban desesperadas ante la inminente posibilidad del triunfo de un Sí que ratificara el Acuerdo de Paz que permitiría que el país pudiera entrar a una nueva etapa que fuera transformando su convulsionada y violenta historia.

Los bulos y las calumnias inundaban los WhatsApp, los medios y la gran prensa los amplificaban y se repetían en las tertulias vecinales. Las derechas más fanáticas denunciaban el aterrador rayo homosexualizador que amenazaba a los niños y las niñas, mientras otros creaban alarma con el cuento de que las pensiones se recortarían para pagarles los supuestos multimillonarios salarios a los excombatientes, que nuevos impuestos, que Venezuela y muchos otros demonios que estaban al acecho para devorarse el país. Sin embargo, las encuestas anunciaban una victoria serena y la ilusión desbordaba a millones de corazones.

Finalmente se impuso la sinrazón y parece que también el fraude. Ganó la mentira y el engaño. Esa misma ultraderecha política y mediática que convirtió la esperanza de la paz en una apocalíptica tragedia, para estas elecciones logró construir en un amplio sector de la población el imaginario de un peligro similar al que supuestamente lo era el Sí a la paz, encarnado en nuevos demonios llamados Gustavo Petro y el Pacto Histórico.

Pero Colombia ha cambiado de aquellos a estos tiempos.

El Acuerdo de Paz ha logrado sobrevivir a pesar de los incumplimientos y del asesinato de centenares de firmantes de la paz. Surgieron nuevos focos de violencia y de exterminios y de masacres y el asesinato de lideresas y líderes sociales. Llegó el gobierno de Duque y se afianzó como una banda mafiosa sin límites, sin escrúpulos y con una permanente ofensiva contra la separación de poderes.  El déspota bufón quería acapararlo todo.

Pero también se levantaron nuevos escenarios de resistencias, empezando por el de la defensa de la paz misma, inmediatamente pasó el estupor por la pérdida del plebiscito. Vendrían las marchas indígenas y campesinas, la rebelión de las ruanas y las jornadas épicas del paro nacional que inculcó en millones la idea de un cambio, el sueño de un nuevo país, una Colombia de oportunidades y no de violentas exclusiones. En el entronque con este sentimiento está la fuerza de la campaña del Pacto Histórico y las candidaturas de Gustavo Petro y Francia Márquez.

Tras las celebraciones por la victoria del domingo habrá que seguir, como lo han señalado tanto el Partido Comunista, la Unión Patriótica y otras fuerzas y movimientos, en el fortaleciendo las resistencias y las rebeldías. Y de las estrategias de campaña tendrá que continuarse con las estrategias de reorganización, recomposición del movimiento unitario y de la movilización juvenil, popular y feminista. Las derechas serán derrotadas, pero no van a desaparecer y seguramente serán más virulentas y desestabilizadoras.

Pero todavía hace falta ganar, aún hay tiempo para buscar más votos, nuevos contingentes de colombianas y colombianos que se vinculen a esta formidable y extraordinaria batalla democrática. Las y los comunistas sentimos una gran satisfacción. En todos los rincones del país y del mundo hemos aportado nuestro pequeño grano de arena para el fortalecimiento de este proyecto transformador.

La lucha continúa.