Alimentando el monstruo

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George Isaac Simán

Desde el 7 de octubre de 2023, Palestina e Israel están en todos los titulares de la prensa global y en redes sociales son temas de tendencia. El lenguaje usado por los medios hegemónicos, financiados por capitales privados de turbios intereses, es muy distinto: los palestinos “mueren”, los israelíes son “asesinados”. Y es esa maquinaria propagandística al servicio del imperialismo estadounidense y por ende a su engendro sionista, la que adopta y promueve la falsa narrativa que todo empezó ese 7 de octubre y que el problema único es la existencia de HAMAS. (Movimiento de Resistencia Islámica por sus siglas en árabe)

Crear monstruos es costumbre de los poderes coloniales para luego culparlos por las monstruosidades que cometen los invasores. Así mismo, recibir un cheque en blanco de parte de su opinión pública para perpetrar cuantos crímenes “deban” cometer con tal de aniquilar, a esa horrible bestia, que “los odia sólo por la envidia de venir de una “civilización” superior”. Como al Vietcong en Vietnam o a los del FLN argelino que nos los vendieron como “terroristas” también.

HAMAS nace en 1987, 39 años después de que la ONU, en una infame Asamblea General el 29 de noviembre de 1947, partiera a Palestina en dos sin consultar siquiera a los palestinos, quienes eran su mayoría de población nativa. Uno de sus fundadores, el Sheik Ahmed Yasín, se convirtió en refugiado a los 12 años, el 4 de noviembre de 1948; cuando él, su familia y los otros 2,400 habitantes de la aldea de Al Jura fueron o asesinados o desplazados por el ejército israelí.

La mayoría de los miembros de la organización a quien EE. UU y los países en su órbita consideran “terrorista” son desplazados o hijos y nietos de desplazados o asesinados por las bandas paramilitares sionistas y por el ejército israelí. Aproximadamente el 70% de los dos millones y medio de habitantes que había en Gaza ese 7 de octubre del año pasado eran refugiados o descendientes de refugiados, es decir, su lugar de nacimiento no era Gaza sino algún otro pueblo palestino víctima de etnocidio entre 1948 y ese día. Nuevamente, el mundo al revés: el oprimido es el villano, el opresor, el justiciero. Como a la generación de mi padre que inundaron con películas de vaqueros donde el Apache nativo era el salvaje y el colono europeo el emancipador.

La campaña mediática por lavarle la cara a los infanticidas cobijados por EE. UU y sus aliados, avivada por mentiras tan infames como colosales ya desenmascaradas como la famosa de “los 40 bebés degollados por HAMAS” o cuando después de masacrar a cientos de civiles que se refugiaban en un hospital dijeron que habían sido “asesinados por el mismo HAMAS”; aun engaña a muchos.

Cierto es que muchas acciones llevadas a cabo por HAMAS, por otros grupos de resistencia en Gaza y Cisjordania, sus antecesores como la OLP o el FPLP o por palestinos sin afiliación a ninguna organización en especial; no son actos que en un mundo ideal deberían ocurrir ni tampoco son agradables de ver.

Los palestinos no quieren ser mártires ni héroes, solo quieren vivir en paz en su tierra. Llevan 75 años luchando casi solos contra la maquinaria imperial más financiada de la historia. Necesitan que el mundo no alimente más al monstruo, al verdadero terrorista.