Salario emocional y violencia neuronal

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Mateo Gómez Mendieta (*)

Según un estudio publicado en los últimos días por diferentes medios, realizado por la consultora multinacional THT en más de 398 organizaciones de nuestro país; se concluyó que el 57 por ciento de los encuestados lo que más los motiva en el ámbito laboral no es únicamente recibir un salario digno, sino otros aspectos vinculados al crecimiento y desarrollo personal: sentirse reconocido como profesional, ser humano y trabajador, sentirse parte de un equipo de trabajo, pero, sobre todo, que las organizaciones entiendan que su capital humano no son números o seres cosificados para lograr su tan ansiada “productividad”, sino que son seres sintientes y dignos de respeto.

Este último aspecto es fundamental para romper con ciertas lógicas hiperproductivas de las organizaciones, que ven al trabajador únicamente como un autómata sin sueños, anhelos, emociones, etc. Aspectos que, a la postre, se traducen en motivaciones intrínsecas, que son su mayor movilizador.

Dicha lectura emocional del trabajador va en contravía de la “sociedad del rendimiento”, entendiendo esta como aquel modelo de sociedad donde los discursos de rendimiento, autoptimización y constantes llamados a la motivación para producir están a la orden del día, una sociedad donde lo que el filósofo surcoreano Byung-Chul Han denomina “violencia neuronal”, siendo una manifestación patológica del sistema actual, pues esta violencia es un padecimiento de carácter sistémico e inmanente al neoliberalismo

Sin embargo, este tipo de violencia tiene un carácter somático indoloro, pero se expresa en agotamiento, fatiga y molestias emocionales que son la base del síndrome del trabajador quemado o síndrome de “burnout”, que son el común denominador entre los trabajadores asalariados del sistema capitalista.

El hecho que se presente el estudio anteriormente mencionado, como algo novedoso y casi de carácter paradigmático, es una muestra que las lógicas hiperproductivas siguen dominando el ámbito organizacional, se sigue leyendo al trabajador bajo una retórica productiva que se moviliza únicamente por el dinero (salario) y se dejan de lado aspectos inmateriales que están vinculados directamente con las necesidades humanas como el reconocimiento, la seguridad, la estima o el afecto. Estos aspectos son fundamentales para el sentimiento de realización, como indica en su pirámide de necesidades humanas el afamado psicólogo estadounidense Abraham Maslow.

Así pues, se encuentra una puesta en tensión entre el salario emocional (real), aquel salario emocional que propende por una realización en todas las esferas del ser humano, y las lógicas de la sociedad hiperproductiva, aquellas en las cuales se asume que la realización personal se da en función de la productividad y que el ser humano se mueve únicamente por aspectos de corte material y monetario, conformando una visión anacrónica y arcaica del trabajador actual.

Es pertinente mencionar que ningún tipo de trabajador, profesional, profesión o actividad escapa a la violencia neuronal.  Sino basta con revisar los índices de síndrome de burnout en los profesionales de la salud y, sobre todo, profesionales de la salud mental, personas encargadas a priori de paliar estos síntomas.

Nadie escapa a las garras de las lógicas hiperproductivas de la sociedad neoliberal, y peor aún, en el caso de los profesionales de la salud mental muchas veces terminan siendo instrumentalizados para la réplica de dichas lógicas, siendo estos los encargados de replicar los discursos de motivación hiperproductiva, aunque a su vez estos sean presa de la desvalorización propia de las organizaciones de enfoque netamente productivo, monetario y económico.

(*) Psicólogo FULL. Especialista en salud y desarrollo humano UCMC. Maestrando en desarrollo Humano UCMC