Por un agrarismo para el siglo XXI

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Fabian Briceño (*)

Actualmente el país está atravesando por un momento histórico, ya que el primer gobierno de carácter democrático le apuesta a la implementación de una reforma agraria y la democratización de más de tres millones de hectáreas por medio de la adjudicación de predios, la constitución de Zonas de Reserva Campesina y la ampliación de los territorios colectivos a los sujetos de reforma agraria.

Un elemento que es clave mencionar, es el reciente reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, una disputa que, por más de un siglo, las y los campesinos han venido reclamando, con la finalidad de ampliar los marcos de exigencia y el reconocimiento a este importante sector social que no había sido reconocido, a pesar de tener un rol protagónico dentro de la vida política nacional, en términos de la lucha por la democracia, la soberanía alimentaria y la lucha por la tenencia de la tierra con una latencia a más de 80 años de historia.

Este es un momento clave para enarbolar las banderas del agrarismo, que es una perspectiva política, ideológica y cultural, que busca fortalecer la noción que el campesinado es un sujeto histórico, viviente, que construye y recrea su entorno, donde en muchas experiencias ha sido un guardián de los ecosistemas principales (páramos y bosques), guardián de las semillas y de la producción alimentaria.

El agrarismo es un movimiento político que se puede rastrear desde la revolución mexicana desde 1910, el movimiento plebeyo colombiano, las experiencias de las comunidades cimarronas en el norte del país y los diferentes contingentes del liberalismo radical de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Sin embargo, a mediados del siglo XX se va a ver fortalecido por la presencia de importantes cuadros del Partido Comunista y el gaitanismo influenciados fuertemente por la experiencia de la revolución de octubre.

Pero a pesar de lo anterior, desde el campo hegemónico de las ciencias sociales y las diferentes misiones internacionales, que conciben al campesinado como un sujeto en vía de extinción y dependiente de una realidad anacrónica. En contravía de lo anterior y de las visiones impuestas por el multiculturalismo neoliberal, que durante las últimas décadas ha decretado la muerte del campesinado como sujeto histórico y lo ha subordinado a caracterizaciones economicistas, desligadas de la importancia cultural, ecológica y territorial. Esto generó que durante muchas décadas se negara la participación de las organizaciones campesinas dentro de los consejos directivos de las diferentes instituciones (INCORA, INCODER, ANT, SENA, ADR, ART). Además, los diferentes gobiernos del Establecimiento, por todos los medios buscaron truncar, sabotear y negar la constitución y la consolidación de su principal figura para la gestión y ordenamiento del territorio: las Zonas de Reserva Campesina.

En esta vía, es vital, que en este momento histórico el movimiento amplio del campesinado pueda generar un movimiento desde abajo, desde las épocas de las grandes movilizaciones campesinas con la finalidad de robustecer los ejercicios de edificación del Sistema Nacional de Reforma Agraria, haciendo un escenario participativo, que potencie la construcción desde abajo, las demandas del movimiento social campesino.

Se requiere que dichos escenarios puedan generar el puente de entendimiento entre los conocimientos productivos, territoriales y espaciales del campesinado, con las apuestas del gobierno del cambio, con el propósito de superar las dinámicas de la planificación tecnocrática, garantizando la constitución de escenarios departamentales con la finalidad de ayudar a dinamizar el ejercicio con la movilización del campesinado.

(*) Sociólogo perteneciente al Grupo de Investigación de Estudios Agrarios y Campesinos SUMA-PAZ.