José Ramón Llanos
Avisado lector, claro que no hacemos alusión a la estrofa del Himno Nacional. No. Se trata de que cuando la valentía, la inteligencia, la decisión, la sensatez y el ánimo justiciero devinieron humanos, encarnaron en Gloria Inés Ramírez.
Si, la ministra del Trabajo, esa que ha enfrentado con valor las mentiras y las manipulaciones de los medios corporativos y a todos los presidentes de organismos gremiales de comerciantes, industriales, entidades financieras y todos aquellos que se han enriquecidos esquilmando a los trabajadoras y trabajadores colombianas.
Y también ha enfrentado a los politiqueros que han utilizado sus investiduras de senadores y representantes para urdir proyectos de ley, cuyos contenidos les escamotean a los trabajadores derechos adquiridos y prolongan la jornada de trabajo.
Pero hay otros empresarios que aprovechando el alto desempleo entre profesionales los vinculan mediante ordenes de prestación de servicio que no le reconocen ni vacaciones, ni primas, ni cesantías, ni interés de cesantías. Es precisamente este sector que sería más beneficiado por la reforma laboral que defiende con tanto empeño Gloria Inés Ramírez. Aquí es donde sale la gallardía, la valentía, la decisión y el ánimo justiciero de la ministra. No se deja doblegar por los golpes bajos de los empresarios, ni se arredra ante las voces estentóreas de los jefes de los partidos políticos de oposición.
Otra argucia utilizada para impedir aprobar las reformas del Gobierno es el irresponsable ausentismo parlamentario mediante el cual se impide que se debata el contenido de la reforma laboral. A propósito, ¿dónde está la Procuradora para que investigue y sanciones a quienes, en vez de cumplir con su deber, asistir los recintos parlamentarios para debatir los proyectos de ley, se ausentan del lugar de trabajo tan altamente remunerado?
Todas estas acciones enseñan que los hoy huérfanos parcialmente del poder no se resignan a perderlo y con acciones ilegitimas, sabotean las reformas que rescatarían derechos que fueron conculcados por Álvaro Uribe y César Gaviria.
Para que se vea a qué se oponen el empresariado mencionemos los cambios que introduce la reforma: Prioriza la contratación a término indefinido, recupera y diferencia la jornada diurna y nocturna de 6 a.m. a 6 p.m., vuelve a pagar el 100 por ciento del trabajo dominical y días de fiesta, protege el trabajo en plataformas digitales o de reparto, se fortalece la protección del derecho de asociación sindical. Se prohíben los contratos colectivos con organizaciones sindicales para las prestaciones de servicios o ejecución de obras y se innova dignificando el jornal en el sector agropecuario.
Estos cambios que tiene el objetivo de establecer relaciones equitativas entre el trabajo y el capital que se beneficia de las actuales condiciones de la explotación del trabajador, los convierten en causas que arruinaran las empresas y multiplicará el desempleo en el país. Como se ve la avaricia desbordada del empresariado aniquila la sensatez y los irracionaliza.
Pero la verdad, y lo demuestra la perspicaz ministra del Trabajo, hay otras reformas que multiplican las posibilidades de empleo, la reindustrialización del campo, la protección y estimulo de la economía comunitaria, la reforma rural integral que creará cientos de trabajos en el campo, los nuevos puestos de trabajo creados por la ampliación de los servicios de salud, los recursos de la reforma tributaria que serán empleados en la construcción de vías principales y de vías terciarias.