Momento de tejer desde abajo

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María Eugenia Londoño

En el incesante vaivén de la política latinoamericana, Argentina y Colombia han presenciado recientemente cambios significativos en la orientación ideológica de sus gobiernos. Por primera vez en la historia republicana de Colombia, ha triunfado un gobierno progresista, luego de este triunfo, las elecciones regionales giraron a la derecha tradicional, amparada por las maquinarias electorales, financiadas por el gran empresariado y el sector financiero.

En Argentina, el domingo pasado ganó la presidencia Javier Milei, quien, a pocas horas de su triunfo, anunció viaje diplomático a EE. UU. e Israel, lo que políticamente indica quiénes serán sus aliados y lo que será su gobierno; sin duda, un viraje político que refleja la complejidad de las demandas sociales y económicas en la región.

El nuevo presidente argentino asume después de un periodo de gobierno progresista, con profundas dificultades en el manejo macroeconómico, liderado por el peronismo. Este cambio, aunque no inesperado, ha generado un debate sobre la dirección que tomará el país en términos de políticas económicas, sociales y exteriores, pues Milei ha ubicado sus discursos en lugares comunes sin profundidad, dispuesto a privatizar todas las empresas estatales, dolarizar la economía y cerrar el Banco Nacional.

Su principal argumento es la necesidad de estabilizar la economía argentina. El nuevo gobierno busca implementar reformas hacia la apertura del mercado, la reducción del gasto público y la promoción de la inversión extranjera, argumentando que estas medidas son esenciales para revitalizar la economía y generar empleo. Es necesario advertir sobre los retrocesos y costos sociales de estas políticas, que aumentarán la desigualdad y afectarán los sectores más vulnerables de la sociedad, quienes perderán la protección social la cual caracterizó al gobierno anterior. Ahora, las reformas de derecha buscan debilitar los programas sociales y de derechos laborales.

En Colombia, un escenario similar ha emergido con el triunfo en las elecciones regionales por parte de la derecha, que anuncia torpedear lo que queda del periodo presidencial. Tales gobiernos regionales han prometido abordar desafíos como la seguridad, promover la inversión privada, la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia; estas políticas pondrán en riesgo los derechos civiles y generarán tensiones en regiones históricamente afectadas por la violencia, limitarán la implementación de reformas estructurales en las que está comprometido el gobierno de Gustavo Petro.

En ambos casos, el papel de la política exterior también ha cobrado relevancia. En Argentina se buscará redefinir las relaciones con otros actores internacionales, priorizando alianzas con países que comparten sus ideales políticos y económicos; mientras que, en el caso de Colombia, se avanza hacia acciones de integración que fortalezcan bloques económicos para contrarrestar el ejercicio imperialista y colonialista de los mercados internacionales.

El cambio de gobierno en Argentina y los resultados de las elecciones regionales en Colombia, reflejan la dinámica de agudización en las contradicciones de clase y la clara y permanente intención de la derecha para reconfigurarse, fortalecerse, afectar la estabilidad interna de estos países y avanzar hacia sus intereses de acumulación.

La situación plantea retos más agudos a la izquierda latinoamericana para contrarrestar el proyecto capitalista y fascista en la región. Hay que organizar a las comunidades, potenciar las acciones transformadoras del gobierno, así como visibilizar los avances hacia la garantía de derechos de las comunidades. En Colombia, es momento de tejer desde abajo, con la gente y avanzar en el cambio sin ambigüedades.