Lecciones tempranas

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María Eugenia Londoño

Como en la Fábula de los tres hermanos, la que cantara Silvio, la política latinoamericana nos muestra que al mirar muy cerca, perdemos la posibilidad de ver hacia dónde vamos; mirar muy lejos, no nos deja ver el enemigo inmediato; y ver cerca y lejos simultáneamente, como la forma en que más camino podemos andar, nos deja en riesgo de perder el rumbo.

Al respecto, son varias las lecciones que nos deja el permanente Lawfare a los pueblos del sur, a aquellos que se han atrevido a hablar de soberanía, de autodeterminación, de vida digna. Un ejemplo reciente es el caso del gobierno de Pedro Castillo en Perú, que luego de tejer alianzas con lo que le rodeaba, caracterizado de derecha neoliberal en defensa de los intereses oligárquicos, dejando de lado las acciones propias de su convicción transformadora en favor del pueblo, con el argumento de “poder gobernar”, es destituido y encarcelado.

Claramente las fuertes alianzas del congreso con su enemigo de clase, no le dejaron hacerlo. Hoy, solo el llamado del respaldo popular en las calles, podrían reversar o buscar el camino pronto al retorno de su gobierno u otro, por y para el pueblo.

En tal sentido, el gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez han de aprender múltiples lecciones tempranas. Primero. El enemigo de clase nunca “duerme”, conspira permanentemente cómo regresar al poder político. Aunque ostente plenamente el poder económico, teje alianzas, se muestra como amigo y hasta se atreve a hacer concesiones de orden social para despertar algo de confianza.

Segundo. Ceder a las pretensiones de la ultraderecha guerrerista de nuestro país, en una política de “hagámonos pasito”, no es garantía de que no se geste un golpe blando, por el contrario, es fraguar las condiciones para que ello ocurra y lo que es peor aún, que ocurra con la complacencia del pueblo enardecido que, al sentirse traicionado dada una evidente continuidad de las políticas neoliberales, demande un inmediato cambio de gobierno.

Tercero. El poder popular, tanto en el caso de Perú, como en el de Colombia, fue fundamental para el logro de gobiernos progresistas; sin duda, la legitimidad de estos gobiernos emana de la capacidad de movilización y de respaldo en las calles de un pueblo que ya no tenía nada más que perder.

Podríamos seguir enumerando lecciones, sin embargo, es momento de hablar de las tareas, unas inmediatas que nos permitan proyectar la fortaleza del gobierno del cambio, de la vida, por y para el pueblo.

En tal sentido, urge la necesidad de que éste se desmarque de la continuidad de políticas neoliberales de fondo, fortalezca acciones de integración económica con países hermanos que permitan la toma de determinaciones inmediatas en favor de la canasta familiar, deje de rodearse de esa ultraderecha neoliberal que hoy ostenta importantes cargos en el gobierno, avance en las reformas estructurales para el logro de la anhelada justicia económica, política y social, mitigue hasta eliminar la política guerrerista que marca el ejercicio genuflexo hacia EEUU demandando el retiro paulatino de sus bases.

Es momento de construir los cambios, hacer contrapeso a las matrices mediáticas para evidenciar los avances populares, pero sobre todo, urge hacer un llamado a las masas indignadas, ninguneadas e históricamente oprimidas a respaldar el gobierno del cambio, a permanecer en estado de alerta para que en pie de lucha, defienda su presidencia.