La participación violeta

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Beatriz Hernández

El  gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez está promoviendo una estrategia de participación que busca generar en el constituyente primario, donde estamos de muchas formas las mujeres, bien sea en la organización popular, social, comunitaria, campesina, étnica, diversa, ambientalista, sindicalista, barrial,  comunales; de género o feminista; es decir todos, todas y todes en el marco de un escenario más amplio de inmersión en la idea de poder participar en las acciones y decisiones del Estado, pasando de una democracia delegada y restringida, a una democracia directa, comunitaria y territorial.

Los Diálogos Regionales Vinculantes proponen escenarios de decisión para la ciudadanía, colocándonos en una democracia más allá de los procesos electorales, donde la ciudadanía y las organizaciones territoriales podrán construir aportes para la creación del Plan Nacional de Desarrollo, la hoja de ruta de este país que quiere vivir sabroso, que desea convivir en el territorio con plenitud, en paz y sin miedos.

Así se piensa escribir un nuevo capítulo de la democracia en Colombia. Hasta el momento la figura representativa en el territorio han sido simples ejercicios de palabra donde prima la información estadística. Experiencias anteriores, como la participación de las comunidades en los talleres Construyendo País del gobierno de Iván Duque, se convirtieron en un mecanismo de rendición de cuentas. En toda la historia no se ha asegurado la participación ciudadana.

Es importante recordar los famosos consejos comunales en el gobierno de Álvaro Uribe que significaron una transformación publicitada en la forma de hacer política en el país. Sin embargo, la administración del uribato no buscaba la articulación de la ciudadanía en un proyecto colectivo de país, sino la ejecución de respuestas aleatorias a las problemáticas, impidiendo la institucionalización de mecanismos eficaces de intervención y participación.

Pudiera pensarse que los Diálogos Regionales Vinculantes propuestos por el presidente Petro tienen mayor similitud con las construcciones de los PDET, desarrollados en el gobierno de Juan Manuel Santos.

De acuerdo con el ministro del Interior Alfonso Prada, la iniciativa de diálogo en el territorio se constituye en un esfuerzo por fortalecer a la ciudadanía, no solo para atención de las necesidades particulares, sino para la identificación y superación de los factores que han determinado la conflictividad en los territorios.

Y es allí donde las mujeres jugamos un papel fundamental como sujetas conscientes desde nuestros liderazgos, llevando de forma oportuna y eficaz nuestras propuestas sobre la vida y el buen vivir. No basta con la importancia en las herramientas de implementación para la metodología de la participación para que las voces sean escuchadas y recogidas. Es necesario tener la disponibilidad para aportar a la construcción de los consensos en esas agendas comunes, que son en últimas las que veníamos consolidando desde los movimientos sociales por el sueño de una Nueva Colombia.

Es necesario que nos inscribamos desde los territorios, que motivemos a participar y a llevar nuestras propuestas colectivas de país, desde las formas diversas en que lo entendemos como mujeres diferentes que somos, con nuestros rasgos culturales, biodiversos. Es imperativo que las voces de las mujeres y comunidades que somos y que componemos el territorio nacional sean escuchadas.

La participación nos llevará a soñar más allá de cuatro años, más allá de 20 años, en el futuro lejano. La paz total es quizás el sueño colectivo más humanista de nuestro pueblo para proteger la vida misma.