La onda y el estallido

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Pietro Lora Alarcón

Identificar las formas de relacionamiento de la política y la economía con el movimiento de las clases sociales constituye el núcleo metodológico para pasar de las apariencias a la esencia la esencia de los fenómenos, en sentido transformador y en beneficio de los sectores populares. Igualmente, es importante es reconocer el elemento subjetivo, es decir, el modo como los diversos actores piensan su realidad y generan escenarios de unidad y lucha, definiendo objetivos tácticos y estratégicos o, por el contrario, aceptan las concepciones de mundo impuestas y naturalizadas por la clase dominante junto a las lógicas operacionales del sistema de explotación.

En este ejercicio es común depararse con expresiones que sugieren una síntesis de lo perceptible. Por ejemplo, se habla de la “crisis actual” del capitalismo. La visión exclusivamente proyectada en muchos desavisados es la de un grado de inestabilidad generador de rupturas, que indicaría una etapa de conquistas populares. Sabemos que no es necesariamente así. Muchas inestabilidades fueron confrontadas y remodeladas, surgiendo versiones sistémicas nuevas, mejores o peores para la humanidad.

Por eso, aunque las palabras, sueltas o conjugadas, resultan reveladoras, comunicacionalmente nada dicen sino lo que interpretamos que dicen. En la imagen de la época, al investigar sobre los triunfos de Boric y Petro – ojalá también de Lula – es común encontrar la expresión “onda progresista” en Latinoamérica. Mas al observar que, en Italia, 3ª economía de la UE, vencieron por 1ª vez desde 1945 los herederos del fascismo obteniendo el 43% de la votación, o que en España Vox obtuvo 52 diputados, o que en Brasil los aliados de JB obtuvieron la mayoría legislativa, se habla de la “onda conservadora”. También, en Chile y Colombia, desde el 2019 es frecuente escuchar la expresión “estadillo social”, retratando la rebeldía acumulada y transbordada en peculiar momento.

Tanto la “onda” como el “estallido” transmiten apariencias, proponiéndose un debate sobre sus contradicciones esenciales. La “onda” parece exponer factores relevantes: a) para la derecha reconfigurada y erguida por el capital financiero parasitario, que absorbe y controla sectores del capital industrial y comercial, las reglas políticas y jurídicas clásicas del liberalismo son un estorbo; b) en su lógica funcional, el gerenciamiento tecnológico está aliado a la inseguridad del empleo para flexibilizar relaciones laborales en un ambiente de “todos contra todos”. La sobreexplotación se nutre de un ejército de “nuevos trabajadores caseros”, reduciendo costos y maximizando la productividad; c) ganar la subjetividad significa sedimentar a través de formas avanzadas de comunicación la agresividad, el miedo, el individualismo y un contenido ético unilateral, que identifica “los buenos” y los “patológicamente desadaptados”, tratados como parias a ser castigados moral y penalmente. La “onda conservadora” revela el capitalismo a la ofensiva.

El “estallido” identifica otra situación, la del capitalismo a la defensiva en sociedades de modernidad tardía, que no conocen ni en su versión más tenue el teorizado “estado de bienestar”. Donde la clase dominante no mantuvo su régimen político-militar de alta exclusión y represión. En ellas el empobrecimiento, el hambre, la agonía y la angustia diaria extendida geográficamente produce levantamientos en cadena para resolver lo urgente. En la protesta los actores del “estallido” aprenden a pelear derechos y ganan experiencia. El sentido de organicidad – organización y unidad – sustenta una insurgencia contra históricas discriminaciones de género, de etnias, de clase, que busca y encuentra expresión política.

Esa rebeldía requiere insumos argumentativos sobre la forma como el sistema actúa desfigurando la justicia económica y la solidaridad. Elevar esa consciencia es clave para imponer una hegemonía de clase en favor de la vida, junto a un gobierno para la dignidad.