La nostalgia como mercancía

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Mateo Gómez Mendieta

“Todo tiempo pasado fue mejor” es una frase del popular, que ilustra cómo los tiempos pasados suelen ser mejores que el presente. Ningún sentimiento muestra mejor la incertidumbre del futuro que la nostalgia, aquella sensación que evoca el placer y la seguridad de recordar aquellos momentos y situaciones de nuestra vida que nos sitúan en un lugar y tiempo en el cual carecíamos de las preocupaciones presentes.

El mercado se ha dado cuenta de lo rentable que es apelar al sentimiento nostálgico como mecanismo de lucro; series, conciertos, etc. Son una muestra de ello, pensemos por ejemplo en eventos musicales como el de la agrupación mexicana RBD, que más allá de su cuestionable calidad musical o la reproducción de lógicas “whitexicanistas”, es la muestra de cómo el sentimiento nostálgico es rentable.

El afamado sociólogo y filósofo francés, Gilles Lipovestky define el capitalismo posfordista bajo dos mantras: gustar y emocionar. En una de sus obras que lleva este título, plantea cómo la esfera de la seducción invade todos los ámbitos, desde el privado hasta el mercantil, convirtiendo  los procesos económicos en procesos de seducción en los cuales la emocionalidad juega un papel fundamental, así bajo este modelo se combina la razón técnica del capitalismo clásico con el juego del capitalismo posfordista que se vale de la seducción para generar emociones en el público y a través de esta dualidad instrumental–seductora generar nuevos procesos de consumo y mercado.

Apelar a la nostalgia, es una herramienta básica en este modelo posfordista, así evocar el pasado genera nuevas emocionales y experiencias, trayendo a colación al presente aquellos sentimientos y vivencias que experimentamos en nuestra juventud o adolescencia, este fetiche actual por la nostalgia no deberíamos leerlo únicamente desde el plano económico (los mercados que apelan a ella) sino a su vez, podríamos entender el proceso nostálgico como un mecanismo de defensa de la psique, recordemos que el psicoanálisis distingue básicamente 11 mecanismos; entre ellos la regresión conceptualizada como el regreso simbólico a un periodo en el cual se eliminan las hostilidades actuales.

Podríamos decir que nos encontramos en una sociedad con prácticas regresivas, alentadas desde el capitalismo emocional posfordista, sin embargo, no podemos perder de vista la función que tienen los mecanismos de defensa de la psique, pues precisamente nos defienden de hostilidades externas. Habría que preguntarse entonces, ¿una sociedad en regresión, que apela a la nostalgia, de qué se defiende?, ¿de la hostilidad del presente o de la incertidumbre del futuro?

No se debe ser un genio para responder estos cuestionamientos, basta con ver con algo de suspicacia nuestro presente que se debate entre crisis económicas y políticas, disyuntivas y brechas sociales cada vez más marcadas, contaminación, sobreexplotación y escases de recursos, hambrunas, sequias, etc. Y encontrará la respuesta.

Nuestro futuro se ha hecho tan indigerible, que es más fácil apelar a la nostalgia, que afrontar el cuestionamiento del ¿para dónde vamos?, mientras ese cuestionamiento no sea fácil de responder, nuestra psique encontrará descanso en aquellos grupos, bandas, series, programas, etc. Que nos permiten saborear el pasado y la quietud del mismo, sin tener que enfrentarnos a la hostilidad del presente y la incertidumbre del futuro, y eso sí el capitalismo de la seducción estará al acecho, para generar nuevos consumidores explotando una de las necesidades más básicas del ser humano: la búsqueda de paz del tiempo pasado.