
Volver de vacaciones puede convertirse en una situación complicada. Es bueno tener en cuenta algunos consejos para asumir el reinicio de actividades en este 2024
Luydomin Atencia
En Barranquilla hay una expresión popular “bien, pero barro”, que se utiliza cuando algo salió bien, pero hay un detalle que salió mal. Al volver de las vacaciones y retomar la rutina del trabajo, se podría decir que se siente “bien, pero barro”.
En la rutina del trabajo y a propósito del tema que grabó en 1954 Alberto Beltrán: “A mí me llaman el negrito del batey. Porque el trabajo para mí es un enemigo. El trabajar yo se lo dejo todo al buey. Porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Es ahí donde se recuerda aquella frase de esta canción cubana que dice que el trabajo lo hizo Dios como castigo.
Lo barro
Lo barro de terminar las vacaciones son la ansiedad y el estrés que se generan y se apoderan de la personalidad que, en algunos, se refleja con el silencio, con expresiones de enojo como el ceño fruncido, con un estado de ánimo bajo, la mirada esquiva y la sensibilidad exacerbada que incluso a los compañeros de trabajo les da miedo preguntar inocentemente “¿Qué tienes?”. A otros, los vuelve irritables, inquietos, hiperactivos, pero al tiempo, inseguros, desconcentrados y con cambios de estados y ritmos bruscos que dificulta la comunicación y el relacionamiento laboral y hasta familiar. Y a otros y otras, les da por restructurar toda la vida, el trabajo, la alimentación.
Los síntomas varían según la personalidad, los niveles de responsabilidad laboral, la capacidad de endeudamiento, la estabilidad en la relación con la pareja, pueden, además, incluir malestar general, depresión, sudoración, falta de concentración, descenso del rendimiento, cambios de humor, incremento de las palpitaciones, síntomas cardiacos y respiratorios.
Se podría concluir que no se debería ir de vacaciones. Pero todo es cuestión de manejo y de organización. Si la situación se vuelve grave e insostenible, hay que buscar ayuda profesional. En general, el común de la gente lo maneja y sale adelante, pero casos se han visto.
Cuidado, aquí se habla de quienes tienen un trabajo formal, pero ¿qué pasa con quienes no tienen trabajo?, ¿los que viven en la informalidad?, ¿los que viven del día a día? Para ellos, el síndrome no es postvacacional, la ansiedad y el estrés es total y permanente, no hay vacaciones, no hay retorno, no hay vida.
¿Qué hacer?
Lo primero es no dejar de ir de vacaciones. El costo beneficio de unas vacaciones sigue generando ventajas para el cuerpo y el alma.
Lo segundo es desarrollar un proceso gradual de readaptación a la rutina laboral. Hay personas que descansan quince o veinte días, viajan desde lejos y llegan directamente a las labores, generando un cambio brusco que produce el síndrome postvacacional. Es bueno llegar a la casa o ciudad unos dos o tres días antes de inicio de labores, que permita, en soledad o en compañía, readaptarse al ambiente y prepararse para el trabajo que viene.
Lo tercero es, ya estando en la ciudad donde se labora, buscar espacios y horas de descansos cortos, que sirvan para ir preparando la mente y el cuerpo para las largas y desgastantes jornadas laborales que se avecinan. No intentar hacer ni abarcar todo al tiempo, es mejor no interrumpir totalmente la realización de aficiones mantenidas durante las vacaciones.
Lo cuarto es aplicar estrategias de higiene del sueño, combinando la identificación de objetivos realistas, priorizando las tareas para evitar sentir ansiedad o demasiada presión ante el trabajo acumulado.
Lo quinto, la palabra y la acción clave es la comunicación, para ello es recomendable sacar tiempo para hablar vía telefónica con compañeras y compañeros de trabajo, esto es importante para hacer la transición y acercamiento gradual a las tareas venideras.
¡Ánimo!, que faltan tres meses para las vacaciones cortas de semana santa y once meses y quince días para las nuevas vacaciones largas de diciembre.