El ataque de la ultraderecha

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Luis Jairo Ramírez H.
@JairoRamirezH

Es evidente el afán de la derecha global por detener el viraje hacia la izquierda en América Latina. Para no ir más lejos, el 18 de febrero de 2022, ad portas de las elecciones legislativas se reunió en Bogotá el Foro Madrid, impulsado por el partido de ultraderecha español Vox. Según los convocantes, “es nuestra obligación como españoles venir a defender nuestros usos, nuestras costumbres (…) frente al odio entre hermanos que vende el Foro de Sao Paulo”; “estar atentos a las elecciones que se llevarán a cabo este año en países como Colombia y Brasil”. Según una de las asistentes, Keiko Fujimori, el foro será “un referente para la hispanidad”.

Los sucesivos gobiernos estadounidenses continúan atribuyéndose el papel de tutores del mundo. Durante el gobierno de Trump sin el menor recato, desde la propia Casa Blanca le asignaron de facto presidente a un país, -Venezuela-, y la Unión Europea, inmersa en el conservadurismo, aplaudió semejante adefesio. Entonces, de las dictaduras militares sanguinarias se ha pasado ahora a las campañas de difamación, en una primera etapa, con el protagonismo de los medios de comunicación para “promover protestas” y luego articular el poder legislativo y el sistema judicial para asestar lo que han dado en llamar el “golpe blando” y revertir el gobierno hacia los privilegios de los grandes conglomerados económicos.

Como antecedentes cercanos recordemos la persecución mediática, legislativa y judicial que depuso a Dilma Rousseff en Brasil y llevó a la cárcel al ahora presidente electo Lula da Silva; o las elecciones presidenciales de 2019 en Bolivia, cuando Evo Morales resultó ganador, pero el sombrío injerencismo de la OEA manipuló los resultados, para terminar luego en un golpe de Estado.

En Perú, desde inicios del gobierno, las élites dominantes fueron acorralando al presidente Pedro Castillo para hacer imposible su gobierno y luego producir un golpe de Estado parlamentario con el apoyo militar y el auspicio del Poder Judicial y la embajada estadounidense, que finalmente destituyó a Castillo.

Por su parte, en Colombia políticos del Centro Democrático y Cambio Radical, los principales medios de prensa, sectores del empresariado y militares de ultraderecha, orquestan planes de desestabilización contra el gobierno, en un intento desesperado por entorpecer la transición política hacia las transformaciones democráticas; lo mismo que boicotear el cese al fuego y el proceso de paz total que le permita al país transitar hacia el fin de la confrontación armada, el desmantelamiento del paramilitarismo de Estado y buscar la reconciliación nacional.

Según revista Semana, oficiales militares ligados al exgeneral Zapateiro y Uribe Vélez; relacionados con masacres, desfalcos y exterminio de líderes sociales, se están reuniendo y organizando redes sociales para sabotear el cese al fuego bilateral con acciones ofensivas en los territorios. Estarían involucrados generales del Fudra Omega, la Tercera división del Ejército en el Cauca, al mando del general John Jairo Rojas, quien es señalado de hacer parte de las redes del tráfico de cocaína por el Pacífico.

Contando con la pasividad de las altas cortes y la comunidad internacional, un bloque opositor de la extrema derecha actúa ilegalmente con sus medios de prensa para desestabilizar el gobierno y obstruir el desarrollo del programa de gobierno del Pacto Histórico, refrendado por el voto de los colombianos.

La movilización rebelde de los pueblos históricamente sometidos por las élites tradicionales detendrá los planes golpistas.