Del vibrador: Entre histeria, historia y lúdica

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Manuel Antonio Velandia Mora

Hablaré aquí del vibrador y su uso como tratamiento para la “histeria”, pero no lo haré sobre los orígenes de esta “enfermedad” que ya estaba diagnosticada a mediados del siglo XIX, ni tampoco escribiré sobre la “histeria masculina”, de la cual ni siquiera se comenta cotidianamente por eso del machismo; por supuesto también dedicaré un espacio a los criterios a tener en cuenta para su compra y a cómo estimular apropiadamente si no se tiene un vibrador a mano.

La curiosa invención del vibrador en la Inglaterra victoriana como una herramienta capaz de remplazar al médico en la estimulación manual de los genitales de la mujer hasta que esta llegara al orgasmo que, en esos momentos, se llamaba «paroxismo histérico», resultó ser la mejor terapia a lo que hasta 1952 la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (APA) consideraba una enfermedad: el deseo sexual reprimido de las mujeres.

El tratamiento para la histeria o “sofocación de la madre” en la medicina occidental en la antigüedad, la Edad Media, el Renacimiento, la Reforma y hasta la edad moderna fue el masaje manual de la vulva. Ya en los libros de medicina de 1653 Forestus hacía la descripción de la técnica manual básica, que parece haber variado muy poco a lo largo del tiempo excepto en los tipos de aceites lubricantes que se usan.

Médicos e iglesia pusieron reparos al tratamiento

Forestus y su contemporáneo Abraham Zacuio (1575- 1642), expresaron sus reservas respecto del decoro de masajear los genitales femeninos y proponían delegar esa tarea a una partera y las dificultades principales para los médicos con experiencia ya que éstos habían desarrollado las habilidades requeridas para definir bien la intensidad de masaje según cada paciente y el vigor necesario para mantener el tratamiento el tiempo suficiente para producir resultados -sobre esto hay un buen chiste en la película-.

San Jerónimo (340?-420), por ejemplo, advertía a las mujeres, sobre todo a las jóvenes, que evitaran bañarse, ya que esto «incitaba pasiones que sería mejor no tocar”, se refería a la masturbación femenina, ya que otra forma habitual de tratar la “sofocación” era el lavado vaginal.

El tratamiento

El uso de la hidroterapia en la histeria tiene una larga historia asociada con la sensualidad y la sexualidad. Se recurrió a baños construidos sobre aguas termales, pero tuvieron más éxito los tratamientos con agua en movimiento, preferiblemente bajo cierto tipo de presión o fuerza gravitacional. Hacia fines del siglo XVIII se habían desarrollado artefactos hidroterapéuticos especializados en trastornos femeninos que se utilizaban en algunos balnearios británicos y europeos. Tobias Smollon escribió en 1752 sobre la gran cantidad de dispositivos hidráulicos que estaban especialmente diseñados para mujeres, hasta el punto que muchos balnearios tenían “departamentos femeninos» especiales y, de los cuales, por lo menos en Estados Unidos, las mujeres solían ser las propietarias, copropietarias o doctoras residentes.

Anuncio clásicos de vibradores para cuello y espalda, en prensa anglosajona

Primer vibrador

El primer vibrador de baterías fue inventado en 1883 por Joseph Mortimer Granville, un médico británico; la compañía estadounidense Hamilton Beach lanzó en 1902 el primer vibrador eléctrico para venta comercial, convirtiendo al vibrador en el sexto aparato doméstico en ser electrificado. De hecho, llegó al mercado mucho antes que la aspiradora (1911) y la plancha eléctrica (1912) pero ya a fines de esta misma década más de una docena de fabricantes estaban produciendo vibradores con baterías o electricidad.

El vibrador electromecánico fue la última de una larga serie de soluciones a un problema que había plagado a los practicantes médicos desde la antigüedad ya que esta era una de las enfermedades diagnosticadas con mayor frecuencia a lo largo de la historia de la salud en las mujeres.

El vibrador dio respuesta a uno de los desafíos más persistentes a la falta de habilidad y paciencia de los médicos como terapeutas físicos en el tratamiento de las pacientes crónicas que solían recibir una considerable serie de terapias durante mucho tiempo.

De la terapia al placer

El vibrador tuvo tanto éxito que pronto salió del consultorio a la alcoba. Ya en 1906 había en revistas anuncios de vibradores como se informa en el prólogo de La Tecnología del orgasmo, donde también se cuenta que en 1900 se exhibieron modelos diferentes en la Exposición de París. El invento tuvo tal éxito que se llegó a convertir en el quinto aparato eléctrico más usado en las casas, incluso más que la aspiradora o la plancha. En 1917 había más vibradores eléctricos que tostadoras en los hogares americanos.

El hecho de que la APA retirara oficialmente en 1952 la histeria de su lista de enfermedades consolidó el uso del vibrador como objeto de placer. El vibrador al ser asociado con películas pornográficas se volvió un objeto “pecaminoso”, pernicioso y mal visto por cortesía de la iglesia católica provocando un cambio de concepción de este maravilloso invento.

Inicialmente los vibradores eran bastante fálicos en su diseño, pero en la medida en que se reconoció la importancia del clítoris en el placer femenino, los vibradores se fueron transformando en juguetes eróticos, algunos con doble uso, conservando así el sentido tradicional que da gran valor a la penetración y recuperando al mismo tiempo el sentido erótico-placentero que realmente es al que más énfasis se le da actualmente en los nuevos diseños.

La sexóloga americana Betty Dodson empezó a utilizar vibradores en sus talleres de salud sexual femenina a mediados de la década de 1970. No se puede negar que una campaña de prevención de Sida, lanzada en la administración Reagan (1986) por el Cirujano General de los Estados Unidos C. Everett Koop en la que se incluyó el vibrador dentro de la lista de opciones ‘seguras’ para practicar sexo, recobró su “uso terapéutico”. El vibrador ya no es un objeto del que se habla en voz baja, series de televisión como «Sexo en Nueva York» pusieron el tema en boca y vagina de muchísimas mujeres en todo el mundo.

El problema es que aun se cree que hay mujeres histéricas y mujeres que no logran hablar con facilidad del vibrador… bueno, no es necesario aclarar que algunos hombres lo utilizan en sí mismos y otros con sus parejas hombres y/o mujeres.