Del desarraigo al poder transformador

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Sofía De la Hoz Terán

Nadie deja su hogar / a menos que su hogar le persiga,

fuego bajo los pies, / sangre hirviendo en el vientre.

Jamás pensaste en hacer algo así, / hasta que sentiste el hierro ardiente,

amenazar tu cuello.

Pero incluso entonces cargaste con el himno bajo tu aliento

Warsan Shire

En este momento de inminentes transformaciones en nuestro país, en la que la palabra cambio ha pasado de ser un grito desgarrador en las calles para convertirse en posibilidad presente y futura, se hace necesario volver la mirada sobre millones de colombianas y colombianos migrantes.

Ellos y ellas salieron desde hace años del país enfrentados a las consecuencias sociales, culturales y emocionales del desarraigo, que les obligó a alejarse de lo que creyeron permanente, transmutaron la incertidumbre en motor que les permite conectar con su esencia, su idioma, su música, sus aromas y sabores, pero, sobre todo, con el sueño de una Colombia más equitativa y justa.

Muchas de las personas que salieron obligadas para proteger sus vidas o tener la posibilidad de estudiar, de prosperar laboral e intelectualmente, de encontrar un lugar para sus profesiones, oficios y pasiones, sintieron que la tierra en que nacieron se convertía en un peligroso tiburón listo para devorarles, tal como lo ilustra el poema Hogar, de la escritora somalí Warsan Shire.

Los y las migrantes han encontrado la forma de crecer, de extender sus raíces, convirtiendo el inicial desarraigo en puentes que se extienden, posibilitando y aportando en la construcción de iniciativas de paz; desde las artes, la educación y la ciencia, en el acercamiento de la academia a las comunidades. Así lo afirma Fabian Plazas, colombiano en París, quien preside la Asociación Pensée Surgentes, que busca generar cambios culturales convirtiéndose en gestores que posibilitan el tránsito de las ideas.

Plazas, académico de la Universidad de la Sorbona en París, tiene la claridad al igual que Laura Malagón, quien es también cofundadora de la asociación académica colombiana, de asumir su rol social no solo dentro del mundo intelectual y su formalismo, sino llevando el conocimiento que en estos espacios se produce a cocrear con las comunidades y aportar en sus transformaciones. Aquí se inspiran del marxista italiano Antonio Gramsci para decirnos que su búsqueda es bajar la academia de un trono inaccesible, de las aulas y de quienes tienen acceso a ellas para simplificar su lenguaje, escuchar, compartir, juntarse y tejer con diferentes comunidades en Colombia y Latinoamérica.

Esta asociación y sus miembros son un ejemplo de lo que diferentes compatriotas continúan gestando; esos lazos y transformaciones que el inicial desarraigo produce. Y aunque este nuevo gobierno ha permitido a algunas personas retornar, otras siguen construyendo país desde lo que algunos llaman la Colombia extendida.

Desde allí, en algún lugar del mundo y en momentos álgidos como en el Paro Nacional o como este de expectativa activa, los colombianos, las colombianas y la colombianidad continúan, al igual que las comunidades dentro del país, retejiendo la sociedad desde la decolonialidad, la interculturalidad, el feminismo y la armonía con la tierra.

Como todo proceso social, cultural y político, es posible convertir el desarraigo en un poder trasformador, en puentes, en nuevas formas de unidad y de transformación social para una Colombia que busca pasar a ser una potencia mundial de la vida.