La guerra económica mundial de las sanciones

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Clara López Obregón

Desde 1992, la Asamblea General de Naciones Unidas viene votando casi unánimemente por el levantamiento de las sanciones económicas impuestas por EE. UU. a Cuba. Solitarios, Estados Unidos y su socio Israel votan en contra.

Las sanciones son completamente ilegales, no están aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU, violan directa e indiscutiblemente el derecho internacional y los derechos humanos, además de causar miles de muertes evitables y mucho sufrimiento. Según el Washington Post, las sanciones de EE. UU. equivalen a “una guerra económica mundial” pues afecta al 30% de los países de la tierra, el 60% de ellos, los países pobres del Sur Global.

Además de las sanciones económicas y financieras que no le permiten acceso al sistema financiero mundial y limitan su comercio internacional al mínimo, Cuba fue incluida, por solicitud del gobierno Duque, en la lista de los Estados que patrocinan en terrorismo, según él, por haberse negado a extraditar a los negociadores del ELN, amparados por un protocolo especial suscrito por Colombia.

Adicionalmente, los ciudadanos de la Unión Europea y otros países como Chile que visiten la isla verán canceladas sus visas especiales que se expiden vía exprés por internet y solo podrán solicitarlas nuevamente seis meses después. Con esta medida, ahuyentan sensiblemente al turismo. Para entorpecer la exportación de servicios médicos.

  1. UU. ha acusado de “trata de personas” a quienes los contraten, limitando ese rubro para la adquisición de las tan necesitadas divisas. Cuba puede apenas sobreaguar, pues EE. UU. efectivamente tiene bloqueadas las importaciones de medicamentos, alimentos y múltiples artículos de primera necesidad y le impide participar en el comercio internacional.

El reporte citado del Washington Post señala que las sanciones han devastado, además de la cubana, las economías de países como Siria, Iraq y Venezuela. En este último, han “contribuido a una contracción económica tres veces mayor que la causada a Estados Unidos por la Gran Depresión”.

El cinismo de su aplicación se puede leer en un memorando desclasificado del Departamento de Estado, fechado el 6 de abril de 1960. Después de afirmar que “la mayoría de los cubanos apoyan a Castro”, concluye que la única “manera de restarle apoyo interno es a través del desencanto basado en insatisfacción y dificultades económica, por lo cual, se debe implementar una línea de acción orientada a debilitar la economía cubana…para producir hambre, desesperación y un golpe contra el gobierno”.

Estados Unidos no ha logrado su cometido, pero es evidente su doble moral en política exterior y su aplicación selectiva. En consecuencia, la guerra económica mundial de las sanciones se devuelve como un bumerán contra la hegemonía estadounidense en un mundo que se abre a la multipolaridad y lo expresa anualmente con su voto en la Asamblea General de Naciones Unidas.

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