Juego de tronos en La Guajira

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Luis Fernando Lobo Barrera
@luisferlb

El Caribe, pero en especial La Guajira, sufre uno de los inviernos más agresivos en las últimas décadas. Miles de damnificados es el saldo que deja la intensidad de los fenómenos atmosféricos que tiene relación directa con nuestra posición geográfica. El manejo y la respuesta a la crisis demuestran la poca preparación y coordinación que la administración departamental tiene para afrontar y orientar la contingencia.

Al parecer existe un tema más importante que trasnocha a los que se mueven en los pasillos del Palacio de la Marina, quienes afilan todas sus estrategias y priorizan sus esfuerzos para ganar el juego por el poder que impone toda la atención de aquellos a los que se consideran con el derecho de jugarlo.

Tres grandes señores, tres casas y sus abanderados mantienen sus esfuerzos día y noche en una batalla que lleva más de dos meses por el reclamo de su legitimidad al trono. Para ellos este es un momento crucial, parten de la idea que quien se quede con el poder podría reclamar el próximo año un nuevo periodo de perpetuidad para mantener la supremacía de su casa.

Mientras tanto, cientos de miles observan la disputa con la esperanza de que al final sea quien sea el que resulte elegido, pueda ponerse en función de combatir el verdadero enemigo que acecha al pueblo que se ha quedado solo librando su propia batalla por la supervivencia. Pero los intereses de la disputa no parecen estar inspirados en resolver las problemáticas o los anhelos de aquellos a quienes pretenden gobernar.

El escenario de esta batalla se libra en Riohacha. Dicen los susurros que es una confrontación feroz, todos se creen con el derecho sobre el trono. No permitirán ninguna conciliación, lo que indica que la terquedad y mezquindad de sus intereses jamás se doblegará ante el bien superior del pueblo que juran defender. En los últimos dos meses han sonado más de ocho posibles encargados a la Gobernación y cada lunes se espera que aquellos que han asegurado ser nombrados lleguen con la corona entre sus manos de la capital.

El pueblo descubrirá con el sabor de la decepción que cualesquiera sea el vocero de los bloques tradicionales que termine ostentando el cargo de gobernador encargado no traerá consigo ninguna diferencia, porque en el fondo no se pelea el cambio del modelo desigual, sino que se persigue el mismo fin de convertir a la gobernación en un pequeño feudo.

La legitimidad de reclamar el derecho de pertenencia a la Gobernación no le corresponde a ninguna de las castas que han usurpado el pleno desarrollo de la máxima expresión del poder democrático, siendo entonces el único dueño legítimo del poder el mismo pueblo que con lentitud y eficacia comienza a comprender la supremacía que ejerce sobre la definición de los destinos de nuestro departamento.

Hoy es fundamental fortalecer otra agenda. Este es un momento propicio para que la sociedad civil asuma el reclamo desde la movilización social para centrar el debate en nuevos objetivos. En los últimos días estamos presenciando los vientos de una nueva emancipación del pueblo de La Guajira que cada vez exige con mayor contundencia el cumplimiento de deberes y derechos negados de forma sistemática.

Es la hora de construir y fortalecer una ciudadanía libertaria y sin miedo que reclame su derecho legítimo al poder democrático.