Raúl Pacheco Granados
Nuestro planeta se encuentra en un punto de evolución importante, en el cual peligran las condiciones climáticas necesarias para la vida humana. Las especies que el ser humano requiere para su alimentación están en peligro de extinción, y los expertos vaticinan que seguiríamos nosotros. ¿Qué origina este peligro?
Hay consenso en que la acción del hombre sobre la naturaleza es la que nos llevó a este punto. Pero esa es una explicación superficial, que no señala claramente el origen, los responsables y las obligaciones “por parte de los capitales, los Estados y los pueblos”, como indicó el editorial 3245 de VOZ, señala que el culpable es el modo de producción capitalista depredador de los recursos naturales, en unos casos para consumirlos como materias primas y, en otros, volviéndolos mercancía, como el agua embotellada. La lucha contra el cambio climático es una pelea contra el capitalismo.
El filósofo marxista japonés Kohei Saíto, en su libro El capital en la era del Antropoceno, señala elementos como la resistencia de países en cambiar sus métodos de producción contaminante y la existencia de un capitalismo del desastre, donde ganan dinero a raudales producto de desastres naturales; son elementos retardantes de acciones globales contra el cambio climático.
Saíto plantea que solo la derrota del capitalismo salvará a la humanidad. Esta derrota implica superar el sistema de producción capitalista y adoptar uno nuevo, que será el comunismo decrecentista caracterizado por la supresión de la producción mercantil por otra “en que la riqueza colectiva se gestiona en común”.
Los anteriores planteamientos ponen un debate sobre el poscapitalismo en el marxismo y la izquierda. Fidel Castro abogó en vida por dar la batalla de ideas para confrontar las teorías dominantes. Saíto aporta un marco de referencia para los revolucionarios en cuanto al cambio climático y el futuro de la humanidad.
Escenarios de batalla de ideas son múltiples como la COP16 que acaba de finalizar en Cali, con un balance agridulce dada la negativa de países desarrollados en asumir compromisos concretos y dar la financiación requerida para frenar el cambio climático, o las elecciones en EE. UU., en las que Donald Trump niega el cambio climático y Kamala Harris lo reconoce, pero timorata para contrarrestarlo. En Colombia, Gustavo Petro desafía la oligarquía nacional que nos impuso un neoliberalismo basado en la extracción de carbón y petróleo, al que antepone un modelo económico basado en la productividad del campo y la industria nacional.
La idea dominante es que la humanidad no puede vivir sin capitalismo, pero esta se enfrenta contra el sentir de los pueblos que intuyen que el capitalismo no los salvará. La Unión Patriótica seguramente en su próximo Congreso dirá mucho sobre nuestra batalla de ideas.