La reparación a nuestra línea política

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Jefferson Corredor Uyaban

Entre el 7 y el 9 de junio se desarrolló en la ciudad de Bucaramanga el primer taller cuyo objetivo fue construir, junto con la militancia de todo el país, los insumos necesarios para diseñar el Plan Integral de Reparación Colectiva (PIRC) del PCC.

Los diez talleres territoriales y los cinco sectoriales, que se realizarán entre junio y agosto, tienen como finalidad reflexionar de manera colectiva sobre cómo debe ser reparada una organización como la nuestra, que cuenta con un programa, una identidad política de clase con vocación de poder y que, debido a esto, fue víctima de las diferentes dinámicas, actores del conflicto armado y del terrorismo de Estado. Por ende, las afectaciones a la estructura del Partido variaron según la región en los últimos 93 años.

Los talleres territoriales y sectoriales son espacios preliminares de un proceso de reparación política, que pretende garantizar la no repetición a través de un proceso concertado que dignifique y repare la democracia. Esto implica que no solo están involucrados los derechos sociales y económicos, sino también los derechos civiles y políticos.

Las discusiones teóricas y metodológicas revelan la necesidad de ampliar las medidas de reparación integral que ofrece la Unidad de Víctimas. Como Partido Comunista Colombiano, no solo debemos contar con las medidas de reparación simbólica, material, psicosocial y las garantías de no repetición, sino también con una medida de reparación de nuestra línea política.

Los diferentes hechos victimizantes cometidos contra nuestro Partido, sus militantes, sus simpatizantes y su tejido social, tenían el objetivo de eliminar el programa y la línea política del PCC, que hasta la actualidad contiene un nuevo modelo de nación que disputa de forma directa el poder que ostenta y mantiene la burguesía de este país desde su creación como república.

El genocidio político extendido, continuo, sistemático y premeditado del que fuimos víctimas, no solo afectó a nuestro colectivo específico, sino también a la ciudadanía y a la democracia colombiana en general, al arrebatarles la oportunidad de conocer, participar y construir junto con los comunistas otra sociedad. Queda claro que este proceso, que inició el fin de semana pasado, no es un formalismo, sino que se constituye como uno de los espacios en los que, como militantes, debemos reflexionar no solamente sobre la violencia a la que fuimos sometidos, sino también sobre cómo vamos a fortalecer el Partido para desarrollar su crecimiento y su incidencia en los espacios cívicos, comunitarios, obreros, agrarios, juveniles, de mujeres, étnico-raciales, LGBTIQ+, etc.

Debemos avanzar en la materialización de nuestra línea política, tal como lo definió nuestro 23.º Congreso y que quedó plasmado en nuestros documentos de conclusiones, situándonos en el momento actual de la necesidad de “unificar la voluntad del proletariado y las demás clases explotadas, con el fin de crear una nueva visión del mundo, la cual apunta necesariamente a la transformación revolucionaria de la sociedad”.

* Integrante del Comité Ejecutivo Central del PCC

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