El centro no es el cambio

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Jefferson Corredor Uyaban (Jepes)

En teoría el “centro” se define como un punto de equilibrio en el cual los intereses de todos convergen en un único proyecto. Pero, en el campo de la política este sector se ha comportado como una añagaza para incautos. En el caso colombiano este reproduce la lógica de la construcción de acuerdos entre las élites, posando como los salvadores de la democracia y la única salida alternativa viable al Estado fallido.

El hecho de que el “centro” sea una opción, corresponde a que su discurso se legitimó con los procesos que confluyeron en la Asamblea Constituyente de 1991 y la nueva Carta Política. Donde se establecieron con fuerza las medidas neoliberales, la nueva “gobernanza”, el accountability, los discursos anticorrupción y el rechazo al bipartidismo.

Las reformas electorales de inicios del siglo XXI permitieron la participación política a candidatos independientes de grupos representativos de ciudadanos como una alternativa frente al aval partidario. Lo anterior demuestra que la inclinación por el “centro” recoge una serie de condiciones disgregadas que en el escenario electoral ponen en evidencia sus verdaderos intereses de clase.

En el panorama político actual existen dos coaliciones que se ubican en este espectro: Centro Esperanza y Equipo por Colombia. Desde sus surgimientos el año pasado, ambas han consolidado alianzas y dinámicas que tienen como base la maquinaria y el clientelismo político. Prácticas que denuncian en sus discursos públicos pero que llevan a cabo, perpetuando con ellas la crisis de la democracia, la institucionalidad y la representación.

La Coalición Centro Esperanza ha demostrado ser la unión más inestable, ya que durante las últimas semanas ha estado en la palestra de la opinión pública por sus múltiples disputas internas. Ejemplo de ello, fue la propuesta de Juan Manuel Galán de pasar de tres a siete precandidatos, o el acercamiento de Alejandro Gaviria a los senadores Germán Varón, de Cambio Radical y de Miguel Ángel Pinto, del Partido Liberal, ambos vinculados a carruseles de contratación, lo cual, ocasionó la renuncia de Ingrid Betancourt a este bloque político.

Por otro lado, la Coalición Equipo por Colombia se caracteriza porque todos sus precandidatos son representantes del tradicionalismo político. La posible llegada del candidato Óscar Iván Zuluaga, generó una serie de enfrentamientos en su interior bajo el argumento de que podían ser tildados como continuistas del gobierno de Iván Duque. Razón por la cual no aceptaron la presencia del Centro Democrático en esta alianza. Sin embargo, no todos sus integrantes descartan un posible acuerdo con este partido de extrema derecha.

Estos dos ejemplos coyunturales demuestran que el “centro” político no existe. No son más que la continuidad del modelo neoliberal, de la corrupción y de las políticas que van en detrimento de las clases populares. Una de sus estrategias de marketing consiste en legitimar las dudosas alianzas que han consolidado durante este periodo de campaña; engañando a ciudadanos que aún no tienen claro por quién votar en las próximas elecciones.

A diferencia del “centro”, los candidatos del Pacto Histórico se encuentran de lleno en las calles del territorio nacional. Generando cambios y diálogos en una movilización ciudadana sin precedentes, en la cual confluyen los diferentes actores del movimiento político y social, reavivando así la esperanza de que es posible construir un nuevo país desde la diversidad con paz y justicia social.