Pietro Lora Alarcón
Tremendo esfuerzo fue realizado por el Gobierno en el 2024 para habilitar el sistema que permitiera escoger, con transparencia, los delegados y delegadas a la Mesa Nacional de la Sociedad Civil para las Migraciones y, sin embargo, hasta la fecha, esta no funciona y, por lo tanto, la migración sigue sin participar de la política migratoria colombiana.
Marco normativo no falta. La Ley 2136 de 2021 reglamenta las acciones del Estado dirigidas a una migración segura, ordenada y regular, así como la integración cultural, social y económica de los y las migrantes. Incluso, orienta realizar la tan exigida caracterización de la población en el exterior y la retornada.
También ordena verificar dónde están las mayores vulnerabilidades para desarrollar las estrategias que garanticen los derechos y, de una vez por todas, construir una Política Integral Migratoria, PIM, que tenga la cara y el corazón de la gente que a diario sufre de olvido de sucesivos gobiernos de derecha.
La Mesa, espacio de participación abierto y plural, integra el Sistema Nacional de Migraciones, SNM, junto con ministerios como el de Relaciones Exteriores, MRE, Salud y Educación, el Ministerio Público, la Registraduría y la Representación a la Cámara por el exterior.
Siendo una instancia representativa, la idea es que la ciudadanía actúe en el SNM no solamente como voz esporádica, que debe ser apenas consultada o comunicada para ratificar decisiones. Por el contrario, su trabajo es vincularse a la planeación, ejecución y control de la PIM. Los delegados y delegadas ya deberían, estando en pleno ejercicio funcional desde el 1º de enero, ser convocados por el MRE por lo menos para una reunión de trabajo y delimitación de competencias detalladas.
Según la Ley, la Mesa debe ser coordinada por Colombia Nos Une, el grupo de trabajo encargado de las políticas públicas migratorias. La entidad, en respuesta a reiterados derechos de petición que le fueron dirigidos por miembros de la Mesa, indica falta de recursos y carencia de funcionarios para imprimir una dinámica propositiva para solucionar las dificultades y convocar a la colombianidad. El grupo se limitó a presentar los miembros de la Mesa, por región, a los Consulados, para que estos escucharan sus propuestas.
El gobierno del cambio tiene que hacerse sentir más allá de las fronteras, acelerando el proceso de consolidación de la Mesa, dotándola de la fuerza trasformadora de la realidad de millones de migrantes, refugiados y retornados, que carecen de atención y padecen enormes dificultades para ejercer sus derechos.
Hay, entre otros, casos de familias migrantes que carecen de los recursos mínimos para ir a una cita consular, además de temas laborales, pensionales y de género. Y, obviamente, existe una situación extremamente grave de seguridad humana en el Darién. ¡La Mesa tiene que ser una realidad!
¡La Mesa no puede ser una frustrada movilización por la vida!