Consulta del Pacto Histórico: la hora de la verdad

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Nixon Padilla Rodríguez

La semana que recién termina, la carrera electoral hacia 2026 entró en una fase interesante. Hemos pasado de un momento en el que se criticaba a la izquierda y al progresismo por no tener candidaturas presidenciales, capaces de atraer el apoyo petrista de la ciudadanía, a otro en el que las precandidaturas del Pacto Histórico deslumbran por su estatura política en la consulta presidencial.

Con la llegada de Gloria Inés Ramírez e Iván Cepeda Castro, el Pacto Histórico consolida un valioso abanico de aspirantes, lo que genera zozobra en las derechas colombianas, que aún no tienen claro cómo enfrentarlos. El nivel argumental, la experiencia, la capacidad y la fortaleza ética que exhiben estas precandidaturas han alarmado a aquellos que aspiran a detener el cambio.

El asesinato de Miguel Uribe y la acción criminal de los grupos armados ilegales en las últimas semanas, han oxigenado el discurso del miedo y el terror con el que se amenaza a los colombianos. A pesar de esto, ninguna de las precandidaturas de la derecha ni las que se presentan como “centristas” han logrado superar la expectativa política generada por la consulta del Pacto.

La consulta popular del próximo 26 de octubre será una oportunidad para que la ciudadanía participe en las decisiones electorales del partido de gobierno y contribuya a su unidad. Por lo tanto, blindarla debe ser una tarea permanente.

Dada la relevancia que ha adquirido la consulta del Pacto Histórico, esta atrae el interés de muchos sectores, no necesariamente comprometidos con el proyecto de cambios y transformaciones. Las prácticas de la cultura política «gamonal» y «traqueta» acechan.

Los ofrecimientos sospechosos de empresarios para financiar candidaturas, los acuerdos para que los caciques electorales tradicionales movilicen sus bases a favor de algunas precandidaturas o el uso ilícito de responsabilidades gubernamentales, deben ser plenamente rechazados y denunciados por la militancia pactista. Permitir y normalizar estas conductas no solo defrauda a la consulta, sino que marcaría estratégicamente al Pacto Histórico con un pecado capital.

No se puede enfrentar a los corruptos usando comportamientos corruptos. Nuestro proyecto es diametralmente opuesto al de la derecha, no solo en cuanto a régimen político y económico, sino, sobre todo, en el terreno ético y moral. Esto es lo que constituye el corazón de la promesa de cambio, lo que mueve al pueblo a darnos su confianza y lo que hace que miles de activistas se comprometan con el Pacto.

La confianza, que en ocasiones ha sido vulnerada por oportunistas, debe ser cuidada con esmero. Esa confianza, que se encarna en los hombres y mujeres que participarán con sus precandidaturas en la consulta del Pacto Histórico, es nuestro mayor tesoro.

Algunos lobos que acechan ya se han asustado con el fuego. Sin embargo, el talante unitario de la izquierda debe guiar el sendero, iluminando el camino de la continuidad y profundización del Gobierno del Cambio.

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