William Agudelo: La obra de un revolucionario

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William Agudelo siempre estuvo al frente de las movilizaciones del magisterio y de la ADE en Bogotá

Varias condiciones de salud se confabularon para quitarnos a nuestro querido dirigente, al afectuoso padre, al esposo responsable, al hermano entrañable, al compañero fiel y al camarada íntegro

Wilson Agudelo Sedano (*)

William Agudelo Sedano logró el sueño de constituir una bella familia, alcanzar importantes cargos en su gremio profesional y en el partido político del que era militante, pero los problemas de salud, de forma despiadada, le impidieron seguir la senda del cambio revolucionario para su amado país.

Su ejemplar desempeño lo testimonia la multitud de personas que le ofrendaron su homenaje en los dos días de ceremonias fúnebres. ¡Cuánto cariño!, ¡cuánto afecto!

La larga marcha por las calles del norte de Bogotá que seguía el carro fúnebre con los restos mortales de William Agudelo expresaba el coraje y la rebeldía de maestras, maestros, estudiantes y familiares que en una emotiva proclama por la vida entonaban canciones de reivindicación social y consignas de lucha del pueblo colombiano.

Una vida en la cultura y la política

Desde su natal Bucaramanga, a finales de los años sesenta, percibió William lo valiosa que es la cultura para alegrar y narrar la vida, y lo importante que hay en la política para entender este enrevesado mundo. Los hermanos Agudelo Sedano sumaban 14 para ese entonces –faltaba llegar la más pequeña en Cúcuta– y allí en el barrio Modelo no pasaban inadvertidas sus iniciativas deportivas y culturales.

“El monte Calvo”, obra de teatro de Jairo Aníbal Niño montada por el grupo de estudiantes del Colegio Santander donde estudiaban sus hermanos mayores, le enseñó, de tanto ver los ensayos en el segundo piso de su casa –donde actuaba Rafael Tobías–, que también con arte y humor se aprende y que la guerra, en este caso la de Corea de los años cincuenta, es un negocio en el que los pobres llevan las de perder.

Y la política la aprendió con el fraude electoral de las presidenciales de 1970 contra el general Rojas Pinilla, del que eran seguidores entusiastas sus padres y abuelos. La impresionante concentración en el parque Santander narrada por doña Gilma y por sus hermanos les generó el optimismo de ver a la Anapo en el gobierno. Aprendió que “el que escruta, elige”, una práctica recurrente desde tiempos inmemoriales en Colombia, y que instalaría al conservador Misael Pastrana en la presidencia. Siembra trampas y cosecharás guerras, pues nacería el M-19 reivindicando la fecha del frustrado triunfo popular del 19 de abril de 1970.

Al cambiar de ciudad, Cúcuta, la cultura y la política se hicieron cotidianas. Con sus hermanos participó en la divulgación cultural, creación y montaje de obras de teatro, de títeres y pintura mural. Presidió la Asociación de Estudiantes del INEM y pregonó las ideas de izquierda con el Partido Socialista Colombiano que dirigían reputados intelectuales como Antonio García, sacerdotes como Saturnino Sepúlveda y luchadores como Plinio Bernal.

Estudiante, profesor y abogado comunista

Luego, en Bogotá, William consolidó los principios y valores de un revolucionario. Más de cuarenta años de su vida las pasó en la capital. Se formó profesionalmente en ciencias sociales en la Universidad Pedagógica Nacional, militó en la Juventud Comunista y la Unión Patriótica. Ejerció de profesor y profundizó su misión en defensa de los derechos de estudiantes y docentes, un propósito que exige cambiar el modelo oligárquico fracasado.

Su capacidad de liderazgo le ganó el respeto de los docentes que lo elevaron a los cargos directivos en sus agremiaciones. Amplió sus conocimientos estudiando derecho en la Universidad Autónoma, de modo que siendo docente y abogado pudo investigar y plantear propuestas que mejoraron las duras condiciones de la población y organizar las luchas reivindicativas del sector educativo en beneficio de padres de familia, docentes y sus gremios.

En el Partido Comunista, del que fue fiel militante por décadas, reconocieron sus méritos eligiéndolo al Comité Central gracias a su trayectoria integral, formación, disciplina y responsabilidad indeclinable.

Un líder gremial de los educadores

La Asociación de Educadores de Bogotá, ADE, significó para William Agudelo el espacio de confraternidad en el que las ideas y principios revolucionarios los aplicó con verticalidad, honestidad y valentía. Ejerció distintas responsabilidades en la directiva, siendo presidente por casi diez años.

También fue miembro de la Junta Nacional de Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode, y realizó importantes emprendimientos cooperativos de gran alcance y significación para el magisterio bogotano. La ADE, un sindicato con más 24 mil afiliados, el más grande de Colombia, emitió un comunicado sobre la desaparición de su líder, destacando su trayectoria como defensor de la vida, de los derechos humanos, de los trabajadores de la educación, de los derechos de las niñas(os), jóvenes y de la educación pública, y un destacado cooperativista.

Allí anuncian que cumplirán tres días “de duelo oficial por el fallecimiento de nuestro maestro, compañero y presidente de la ADE, William Agudelo Sedano”; además programaron actividades en los colegios de Bogotá en su homenaje y acordaron denominar con su nombre el nuevo edificio del sindicato.

William se preparó intelectual y políticamente con la misma persistencia y humildad con las que cumplía sus responsabilidades sociales: como un compromiso ineludible cuyas prioridades fueron los intereses del pueblo por sobre sus necesidades particulares. Esa jerarquía de valores es la que caracteriza a los líderes genuinos y que a los revolucionarios les lleva asumir tareas sin considerar el peligro de su propia vida.

Los riesgos de ser líder social en Colombia contemplan amenazas mortales. Las tragedias de la violencia oficial y las de otras fuerzas nos han arrancado sufrimiento y mucho dolor. Contra esa violencia levantó su enérgica voz William. Y recibió de los enemigos de la paz respuestas de odio que publicaron los potentes medios de desinformación. Sin embargo, salió ileso de las amenazas de esas fuerzas oscuras.

El ataque fatal provino del interior de su cuerpo. Varias afecciones actuaron en una despiadada confabulación para derrumbar a nuestro querido dirigente, al afectuoso padre, al esposo responsable, al hermano entrañable, al compañero fiel, al camarada integral.

Un símbolo de lucha por la paz

La noticia lacerante de ese jueves 8 de julio nubló los sentidos. Nos paralizó. La nada ocupó todo. Pero un grito intenso de dolor se extendió velozmente y emergieron hermosos coros y cánticos que lloraban al ser humano y, que verso a verso, hilvanaron un símbolo de lucha por la paz, la democracia, la inclusión y la revolución social.

El corazón de William estaba constituido con las mismas fibras delicadas del corazón de un hombre bueno, de un hombre justo. Allí cobijó grandes dosis de amor: amor por su familia, amor por su patria, amor por su pueblo, amor por el cambio revolucionario.

Ese hombre justo, generoso, revolucionario, consecuente, está en el recuerdo de cada uno de quienes lo conocimos. Partículas de ese noble espíritu las guardamos como un tesoro los que seguimos sus pasos, atendimos sus ideas y recibimos la bondad de sus orientaciones y de sus obras.

William Agudelo Sedano: ejemplo de hombre íntegro, alegre y honesto. ¡Seguimos la senda que has marcado hacia el cambio revolucionario!

(*) Hermano de William. Doctor en comunicación social y profesor de la Universidad de los Andes de San Cristóbal, Táchira, Venezuela.