VOZ caminó con nosotros

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Por los caminos de las selvas el semanario VOZ acompañó, desde sus inicios, la lucha guerrillera de las Farc. Timoleón Jiménez y Sandra Ramírez cuentan sus experiencias con el periódico de los comunistas, en su edición 3000

Carolina Tejada Sánchez
@carolltejada

“VOZ Proletaria fue el único medio de comunicación que denunció, en Colombia, la agresión militar a gran escala contra los campesinos de Marquetalia, encabezados por Manuel Marulanda Vélez, Isauro Yosa e Isaías Pardo, entre otros. Ahí se inició la resistencia de 32 campesinos, que por más de tres décadas se convirtieron en miles que conforman las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”, Marquetalia o la epopeya de la resistencia, edición 2.000, febrero de 1999, semanario Voz. El artículo relata, claramente, parte de la historia del conflicto armado colombiano.

Cuando VOZ narró la tragedia de Marquetalia, recogió diversos relatos y cartas que, en esa época, desde el movimiento campesino, se habían enviado a presidentes, como Alberto Lleras Camargo, Guillermo León Valencia y al mayor general Gerardo Ayerbe Chaux, comandante del ejército y a otros oficiales, con el objetivo de detener la agresión militarista a las zonas agrarias. Se trataba de 16.000 soldados contra 42 campesinos, que, como recuerda el mismo Jacobo Arenas al periodista Carlos Arango, “no eran guerrilleros, eran labriegos que querían vivir en paz con sus familias”.

Este tipo de reportajes sobre la guerra le costó a VOZ de la Democracia, el primer nombre que tuvo el periódico, la clausura por parte del Gobierno de Guillermo León Valencia, bajo la licencia 469 de 1957. No era casualidad, la persistencia de su redacción en denunciar, a través de sus páginas, la tragedia del ataque a Marquetalia, lo que luego académicos e historiadores reconocían como el error más grande de la historia del país, así como en plasmar la desigualdad, la ola de desplazamientos de los agrarios y la injerencia militar por parte de los EE.UU con sus planes intervencionistas como lo fue el Plan Lasso. Sin embargo, a finales de ese mismo año, apareció nuevamente a la luz pública el periódico de la izquierda, con el nombre de VOZ Proletaria.

“En estas montañas sabremos luchar”

El 9 de abril de 1964, Manuel Cepeda realizó un reportaje sobre Marquetalia. Ese reportaje le costó más adelante seis meses de cárcel.  El líder agrario, Isaías Pardo, le había expresado a Manuel, “en estas montañas sabremos luchar”. Y no se equivocó. Cepeda, por su parte, le advertía al país, a través de su reportaje, que la guerra contra el campesinado iba a escalar si no se frenaba la oleada militar y que los campesinos “estaban listos para defenderse”.

Eso mismo ratificaría Manuel Marulanda en el marco de la Conferencia Guerrillera del Bloque Sur, el 29 de diciembre del 1964. Relato que quedaría plasmado en el papel a una tinta y en tamaño universal, en el que se imprimía VOZ para la época:

“El gobierno y sus fuerzas armadas cometieron un error al habernos confundido con los bandoleros… pensaron que nos podrían destruir, ahora no somos un pequeño núcleo, sino un movimiento en crecimiento con una táctica y una estrategia capaces de poner en jaque a las fuerzas enemigas…nosotros no debemos hablar de forma armada o de forma pacífica. Tenemos es que hablar de la forma armada o de la forma pacífica, sin que la una o la otra sean puras, porque la forma pacífica puede desarrollar en ciertos casos, incluso, la lucha armada sin que cambie su carácter pacífico, y la forma armada puede y debe luchar por todos los medios para que, al calor de este tipo de lucha, crezca y se desarrolle el más basto movimiento revolucionario por la vía legal”.

Las crónicas y reportajes del periódico le mostraron al país un hilo conductor de una tragedia anunciada. VOZ es un documento histórico, abierto, público, de estudio y, ante todo, es el adalid de la resistencia periodística, por años perseguida por los mismos que ordenaron los bombardeos a labriegos en diversas zonas del país.

Precisamente, y ante la ausencia de libertad de prensa y a la persecución de la que eran víctimas los periodistas, la redacción de VOZ tuvo que utilizar pseudónimos para poder resguardar la seguridad de los colegas que hacían los reportajes, crónicas o entrevistas en las zonas de Marquetalia, El Pato, Ríochiquito y Guayavero.  Uno de los pseudónimos era Rosendo Rosales. Tiempo después, el mismo semanario, en su edición 2000, confiesa que este no era un pseudónimo para un solo periodista, sino para el que le tocara asumir la tarea en aquellas zonas de conflicto. Eso permitía desviar la mirada de quienes escribían con su propio nombre.

La pluma de VOZ en medio de la guerra

“Felicidades para el semanario. Es una odisea llegar a esta edición después de pasar por tantos avatares y con ese sector de la clase dirigente que siempre ha querido negar la voz a opciones distintas y revolucionarias”, fueron las primeras palabras de Rodrigo Londoño o Timoleón Jiménez, como se hacía llamar en la guerrilla de la otrora FARC-EP, en la entrevista realizada, para conocer de primera mano, los relatos de VOZ en medio de la guerra.

Desde la redacción quisimos adentrarnos en la historia que el mismo periódico nunca pudo relatar sobre su función social, como educador, como herramienta para el análisis, incluso en los lugares más apartados del territorio colombiano. Allá, en donde la espesa selva abriga una realidad oculta, a travesando ríos y montañas, llegaban de manera clandestina, en bultos de maíz de arroz, a lomo de mula, los rollos con las ediciones más recientes del semanario VOZ.

Rodrigo Londoño, hoy presidente del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, organización que surge como parte los Acuerdos de Paz de La Habana, con el Gobierno de Juan Manuel Santos, recuerda que su acercamiento con el periódico viene desde la infancia: “Cuando me toca el tema de VOZ, yo me voy a la infancia. Mi mamá me enseñó a leer desde muy niño, a los seis años ya leía de corrido. Y mi papá, que primero fue liberal, en esa época era un comunista militante, un campesino casi que analfabeta, aunque nunca le pregunté por qué se volvió comunista. Él compraba VOZ cada ocho días y como se le dificultaba leer, entonces me tocaba a mí leerlo. Desde esa edad yo conozco el periódico”.

“Estableciendo un vínculo imaginario”

En el año 77, Rodrigo Londoño ingresó a las FARC, allí también encontraría el periódico que desde niño leía, “yo puedo decir que mi sentimiento revolucionario lo nutrí de eso que yo le leía a mi papá. Sobre la violencia en el país y la solidaridad con Cuba. Y, al llegar a las Farc, uno se encuentra que, además de otros periódicos que llegaban, había uno que era sagrado para su lectura, y ese era VOZ”.

El excomandante marquetaliano comenta que el único medio impreso en donde siempre encontraban reflejadas las luchas de los obreros, de las mujeres, de los campesinos era VOZ. Para la guerrillerada “era como un rito sagrado, buscar el periódico. Aunque no llegaba a todos los lugares, no era fácil, porque en muchos de los retenes militares, cuando lo encontraban lo decomisaban o lo quemaban, y quien lo llevaba, pues se metía en problemas. Tocaba camuflarlo en bultos de papa, de arroz, de maíz, pero se hacía llegar y llegaba y lo leíamos”.

En las normas internas de cada campamento había una hora cultural, comenta el exguerrillero que ahí leían el periódico, como también lo hacían para su estudio en las células políticas y, por lo general, el primer punto en una reunión era el del estudio: “Ahí leíamos la editorial. Siempre nos nutríamos de la opinión del acontecer político, del desarrollo del movimiento revolucionario en Colombia y de todas las luchas del pueblo colombiano”.

Sin embargo, y con una risa maliciosa, el exguerrillero recordó que, tan pronto tenían la posibilidad de acceder a VOZ: “Lo primero que yo revisaba era el correo, a ver si llegaban cartas del Quindío, o de los militantes, y, de vez en cuando, aparecían unas de Ovidio Cardona que a veces escribía.  Era como establecer un vínculo imaginario con gente que hacía tiempos uno no veía. También nos gustaba el suplemento Juventud, era muy agradable”.

Luego de una larga charla y de escuchar varias de las historias sobre las lecturas del periódico, de las anécdotas que vivió el mismo Rodrigo, relata que, en una de esas jornadas, en el año de 1977, tomaron la cordillera buscando una zona del partido en la región del Caquetá. Allí, junto a Martín Villa, “llegamos a la casa de un viejito que habían dicho que era del partido. Pero Martín Villa le hablaba y el señor nada que soltaba. La idea era encontrar un contacto con un regional del partido”.

El señor siempre negó saber de comunistas, pero la anécdota está en el momento en el que Timoleón, junto a su compañero con el que esperaban a Martin, se encontraron “un papel en el suelo y lo recogimos, no recuerdo qué decía el papel, pero era como un cobro del periódico VOZ”. Entre risas, recuerda que el señor siguió negando su vinculación con los comunistas, pero el que sí tenía que ver con ellos era el hijo, de eso se dieron cuenta después.

Un periódico que se perdía entre los dedos

Sandra Ramírez o Griselda Lobo, como es su nombre de pila, ingresó en 1982 a las FARC-EP, en Santander su tierra natal. Ella le contó a VOZ: “a los 17 años de edad empecé a caminar las montañas de Colombia”. Así inicia el relato de vida de quien hoy es senadora por el partido FARC, y firmante de los Acuerdos de Paz de La Habana.

Como la inmensa mayoría de militantes farianos, Sandra Ramírez viene de una familia campesina. Sus padres y hermanos, labradores de la tierra, se dedican a sembrar plátano, yuca, maíz, cacao, café y caña. A su memoria llegan momentos felices del campo, “a mis hermanos y a mí nos encantaba que mi papá hiciera las moliendas de caña, porque él, escondía un racimo de plátanos para que se madurara y, cuando empezaba la molienda, nos mandaba a buscarlo, nos daba las indicaciones de dónde lo había escondido y, felices, íbamos a traerlos para cocinarlos en la miel. Ese era uno de nuestros más exquisitos manjares, comer plátano melado con cuajada fresca”.

Quería estudiar, dice, pero los recursos económicos eran insuficientes: “Por más trabajo de mi mamá y de mi papá los recursos económicos no eran suficientes, quería ser médico, porque veía a mi papá velar por enfermos y curar a los vecinos cuando tenían accidentes en sus trabajos, pero desafortunadamente, no conté con un apoyo”.

Entre las actividades de la insurgencia el estudio era fundamental y, para eso, el periódico VOZ era el primer instrumento. Recuerda que, “la primera vez que me llevaron la VOZ Proletaria, era un periódico grande que casi no cabía en mis manos, que no entendía nada de lo que leía, que tenía unas letras grandes rojas, y había un artículo de la URSS, pero no sabía qué era eso. Pero los muchachos me dijeron que lo leyera para que entendiera porqué Colombia estaba mal”.

Los recuerdos con Manuel

Una imagen con la que Sandra Ramírez describe el papel de VOZ en las montañas de Colombia es: “cuando salíamos en misión con el camarada Manuel Marulanda, rumbo al páramo de Sumapaz, nos quedaba un poco más fácil conseguir VOZ. En muchas ocasiones encontrábamos el periódico en alguna casita, siempre una edición viejita, rara vez un número nuevo. En una ocasión, sentados en una fría piedra junto a Manuel, enruanados para apalear el frio, empezamos la lectura de VOZ, el primer artículo que leíamos siempre era su editorial, casi siempre, cuando las condiciones estaban tomábamos aguapenelita caliente, mientras pasábamos páginas y páginas”.

Finalmente, comenta: “Recuerdo a una compañera monita que era la encargada de llevar la prensa y entre ella llegaba VOZ, para contarnos la intensidad del conflicto, de los atropellos que se sufrían en la ciudad, de cómo arreciaba el paramilitarismo en diferentes partes del Colombia, de las masacres cometidas por estos mismos grupos y ahí estaba Manuel con nosotros leyendo. Recuerdo que en el 2003 VOZ público un artículo del costo de las bombas, del costo del combustible, del costo del mantenimiento de un avión y de un helicóptero.  VOZ caminó con nosotros por las selvas, por los ríos, las sabanas, los pantanos, por las cordilleras, siempre había un guerrillero o guerrillera que llevaba bien doblado el periódico”.

Aprender a leer y escribir con el VOZ  

En medio de su relato, y al igual que la historia de Rodrigo Londoño, Sandra Ramírez recuerda que VOZ tenía que llegar “entre los bultos de arroz bien escondida o llegaba entre revistas como Semana, Cromos y Cambio. Ahí escondida para que en los retenes no la vieran porque nos la quitaban”. Solamente en Colombia la prensa como VOZ, alternativa al establecimiento, es perseguida y judicializada.

En la insurgencia el periódico se usaba para el estudio del colectivo, luego se depositaba en las mesitas de las caletas o cambuches para ser compartida por cualquier guerrillero que buscara un dato de alguna edición o quisiera repetir la lectura: “En muchas de nuestras reuniones de célula del partido el tema político era un artículo de VOZ. Cuando no hacíamos la lectura en el día, la hora cultural la iniciábamos leyéndolo”, dice Ramírez.

Tal vez, como pocas historias, VOZ no solo funcionó para describir un país inmerso en un conflicto social armado, político y económico; en la guerrilla servía para aprender a leer. Claro, no solo en la guerrilla, desde diversas regiones del país, campesinos le han contado a la redacción, cómo en sus familias, al iniciar la enseñanza de la lectura para los niños, esta se hacía con VOZ: “Usábamos el periódico para enseñar a leer, entonces, los compañeros y compañeras se hacían una imagen fácil en su cabeza de los pequeños dibujos que son las letras del abecedario y se interpretaba lo que decía, así mismo, se facilitaba el aprendizaje de pintar las letras y pronunciarlas”.

Sin embargo, esa función pedagógica se terminaba cuando portar el periódico, era prueba reina para señalar y criminalizar a quien lo portara: “Nos dimos cuenta de que capturaban a gente que distribuía VOZ, la gente lo leía a escondidas, porque leerlo era un problema”, recuerda la hoy senadora, y menciona que también en la guerra, VOZ se convertía en un problema y afirma, “VOZ era un problema por ser el único periódico critico de este sistema capitalista y sus políticas neoliberales de los TLC y de las políticas imperiales que aquí en Colombia se siguen al pie de la letra. VOZ es quien nos abre los ojos del acontecer diario con sus análisis”.

La paz en las entrañas del VOZ

El grupo de periodistas que pasaron por su dirección, se la jugaron por defender la prensa libre y, sobre todo, por vincular la labor periodística con una militancia por la paz.

Así lo describe en sus palabras Timoleón: “El semanario jugó un papel muy importante, no solo como difusor del proceso de paz, sino también como impulsor del mismo”, comenta que, Manuel Cepeda, cuyas columnas no se perdía, era un abanderado de la paz. Y recuerda, además: “En las postrimerías del Gobierno de Turbay Ayala se había nombrado una comisión de paz, que la encabezaba el expresidente Carlos Lleras Restrepo. A mí me envió el secretariado como delegado a conversar con Lleras, y quien hizo de intermediario fue Manuel Cepeda. Papel que luego asume Carlos Lozano, quien fue otro adalid de la paz, de la solución negociada, y yo digo que en esta edición número tres mil, se le debe rendir un homenaje muy profundo a estos dos directores y abanderados de la paz. Hoy recogemos los frutos de todo el trabajo que hicieron ellos”. En VOZ, asegura: “Está el registro, de que, en medio de la más amplia confrontación armada y la persecución política en los territorios del país, siempre había una historia que contar”.

Por su parte Sandra Ramírez, asegura que: “A quien más recuerdo,  es indudablemente al camarada Carlos Lozano, para mí, un analista de la situación del país, un hombre de paz, y eso siempre lo expresa en su fina pluma”.

VOZ, cubrió el proceso de paz que se llevó a cabo en La Habana, y continúa relatando en sus páginas, la necesidad de la implementación de lo acordado. No sobra traer a colación el reportaje del periodista frances, Jean Pier Serget, quien en el marco de la agresión a Marquetalia, hizo una serie de reportajes sobre la resistencia campesina, allí Serget, afirmaba: no es asunto de romanticismo”, y VOZ, llegó a su 3000 edición reportando la realidad de los agrarios, de las comunidades, siempre con el compromiso de persistir en la paz, como un compromiso de vida.