Violencias contra mujeres periodistas

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El trabajo que ha hecho el movimiento feminista da sus frutos. En las salas de redacción, se rompe el silencio y el miedo empieza a desvanecerse porque esa conciencia que llega de afuera ha tomado cuerpo y forma entre muchas mujeres que informan

Fabiola Calvo Ocampo
@fabicalvoocampo

El ejercicio del periodismo y las salas de redacción han tenido una representación idílica mediatizadas por la pantalla, el papel, el micrófono, pero poco se conoce la realidad que existe detrás de la inmediatez para las mujeres periodistas y profesionales de la comunicación.

La Plataforma de Beijing con sus doce capítulos que incluyen objetivos y medidas estratégicas sobre pobreza, educación, salud, violencia, los conflictos armados, economía, poder y toma de decisiones, los mecanismos institucionales para el avance de las mujeres, los derechos humanos, los medios de comunicación, el medio ambiente y las niñas, ha representado un progreso no concluido en la búsqueda de las mujeres por la igualdad en derechos.

El capítulo J reafirma el compromiso para el empoderamiento de las periodistas y el trabajo que deben promover los medios por una imagen equilibrada de las mujeres sin estereotipos, responsabilidad que solo puede cumplirse si cambia la concepción que de ellas se tiene y se establece un relacionamiento basado en el respeto y la dignidad. Los capítulos guardan una interdependencia de tal manera que para hablar del capítulo J es preciso referirnos en vínculo con los demás.

Los postulados están establecidos y el Estado Colombiano firma, pero ¿los conoce la sociedad? ¿Los difunden los gobiernos nacionales, regionales y locales? El trabajo de difusión y pedagogía lo dejan a las organizaciones y es lo que ha sucedido con el Capítulo J y el relacionado con las violencias en los medios.

El trabajo que ha hecho el movimiento de mujeres y el feminismo da sus frutos en las salas de redacción, se rompe el silencio y el miedo empieza a desvanecerse porque esa conciencia que llega de fuera ha tomado cuerpo y forma entre muchas mujeres que informan.

Los jefes, los compañeros de trabajo, las fuentes generalmente miembros de la fuerza pública. funcionarios, grupos armados son actores de violencia física, acoso y violencia sexual o violencia psicológica; las salas de redacción, los campos deportivos, la calle, oficinas, espacios cerrados son el escenario, entonces ¿dónde pueden estar seguras? Porque también en los espacios online se ejerce violencias que afectan el estado emocional y las relaciones familiares

Las violencias que viven las mujeres en los medios son un reflejo de lo que pasa en la sociedad, no son ajenos. Han naturalizado comportamientos de discriminación y exclusión, chistes, gestos, invitaciones que exigen un sí como respuesta aprovechando condiciones de poder. Y ya se estarán preguntando ¿Por qué las mujeres no responden negativamente?

El débil trabajo sobre empoderamiento, la necesidad de un trabajo, el miedo, la falta de oportunidades, la inexperiencia de las jóvenes que llegan con todo su entusiasmo a la vida laboral (sin olvidar que la universidad solo las preparó en transmisión de conocimientos), son entre otras razones, terreno para el abuso de poder.

Pero las violencias en el mundo periodístico contra mujeres, no ha sido motivo de políticas públicas ni de protocolos, no existen rutas como tampoco prevención y formación para los equipos de trabajo, digamos que reina un desconocimiento consciente o inconsciente sobre las normas internacionales y nacionales sumado a un escaso interés por colocar sobre la agenda esta problemática.

Estamos celebrando los 25 años de la Declaración y Plataforma de Beijing, Beijing+25, aprobada en la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres celebrada del 4 al 15 de septiembre, una “Conferencia de Compromisos” que están pero que poco se han cumplido en Colombia.

Trabajar por cada uno de sus capítulos y hacerlo por la eliminación de las violencias contra las mujeres periodistas y las profesionales de la comunicación en el ejercicio de su profesión, es hacerlo por el derecho a la libertad de expresión, por el derecho al trabajo en condiciones dignas y de igualdad, es propender por el derecho de la sociedad a una información con diferentes miradas y, sobre todo, es un aporte a la creación de una verdadera democracia.

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