“Uribe es un político preso, no un preso político”: Jaime Caycedo

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Jaime Caycedo Turriago, secretario general del Partido Comunista Colombiano. Foto Prensa Rural.

Con Álvaro Uribe preso, el nuevo escenario profundiza las grietas en el partido de gobierno y golpea al presidente Iván Duque. En esta coyuntura las fuerzas alternativas tienen el reto de derrotar políticamente a la extrema derecha y sus aliados. Entrevista con Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista Colombiano

Hernán Camacho
@camachohernan

La orden de detención domiciliaria contra el expresidente Álvaro Uribe por compra de testigos y fraude procesal, recordó el caso del capo Al Capone quien enfrentó a la justicia norteamericana por impago de impuestos y no por sus crímenes.

Con el senador de la República preso se genera un nuevo escenario político: un uribismo sin Uribe. Este nuevo espacio profundiza las grietas del partido de Gobierno y golpea al ya menguado gobierno que encabeza Iván Duque, pero también abre un juego político en el que las fuerzas alternativas tienen enormes oportunidades para derrotar políticamente a la extrema derecha y a sus aliados.

Jaime Caycedo, secretario general del Partido Comunista Colombiano habló con VOZ para analizar el papel del uribismo, las fuerzas militares, la unidad de los partidos y movimientos políticos alternativos, y el balance del segundo año de gobierno de Iván Duque.

El uribismo y sus contradicciones

-La noticia de la detención de Uribe generó distintas reacciones. ¿Cómo ve la recomposición del uribismo?

-El uribismo viene en un declive fuerte, continuado y sostenido. El gobierno de Duque no ha significado una recuperación, de hecho, le ha colgado a esta fuerza política una carga adicional de desprestigio. El Centro Democrático, CD, se ha comprometido con una política de echar atrás los acuerdos y desprestigiar la JEP, no apoyar el sistema de verdad, justicia y reparación, y tiene una posición política contra la verdad, señalando que toda opinión diversa o toda reconstrucción histórica del curso que ha llevado la guerra no puede existir en Colombia porque lo consideran un plan contra Uribe.

El uribismo ha agrandado sus contradicciones con la sociedad. Uribe está acusado por delitos comunes, soborno y compra de testigos. Es un político preso, no es un preso político, que es muy distinto. El deterioro es muy grande. Veo maniobras ilegales desde el gobierno, pero no observo un gran movimiento alrededor del uribismo y la recomposición de la imagen de Uribe, que esta asediada judicialmente por causas aún más graves.

-La propuesta de una constituyente fue la primera reacción del Centro Democrático. ¿Cómo ve esa propuesta?

– El uribismo no tiene un proyecto político democrático, ni siquiera incluyente. No es una propuesta alternativa, es un continuismo de la peor herencia bipartidista y la reafirmación de un régimen de privilegios que favorece al gran capital financiero, a terratenientes, narcoterratenientes y capitales privados transnacionales. La propuesta de una constituyente es reformar la justicia para salvar a Uribe. No está proponiendo nada para enfrentar la crisis de la pandemia, todo lo contrario, utiliza dineros del Estado para los bancos y no para el sistema de salud que pueda contener una situación crítica como la de hoy. Separa constituyente y pandemia y lo hace para salvar a Uribe, su familia y su entorno, que están comprometidos en delitos graves que rayan con la lesa humanidad, el paramilitarismo, el narcotráfico y son los que en el fondo van a incidir judicialmente contra Uribe. Me parece que es una cortina de humo para esconder la ausencia de ideas.

El papel de los militares

-Los militares no se han pronunciado. Sabemos que el militarismo es una fuerza importante para esa derecha recalcitrante. ¿Cómo ve el silencio de la cúpula militar y cómo califica ese llamado casi a la guerra que una senadora uribista hizo a la “reserva activa”?

-En la cúpula actual hay diferencias de fondo sobre el papel de las fuerzas militares en esta fase del “posacuerdo”. Sobre todo, preocupan los intentos de la extrema derecha gobernante de mantener un clima de guerra en el país y plantear la posibilidad que se preste el territorio y sus hombres para una intervención militar en Venezuela, para el derrocamiento del gobierno legítimo de Nicolás Maduro. El Ejército ha sido utilizado por el CD, como se evidenció en el allanamiento del pasado 18 de diciembre al Batallón de Comunicaciones, con los perfilamientos de ciudadanos y ciudadanas. La información de inteligencia obtenida en ese batallón era remitida a una persona privada que, según informaciones de prensa, era el jefe del partido de Gobierno. Una información calificada y de Estado a disposición de una camarilla.

En nuestro criterio, los militares tienen que reafirmar el respaldo a los acuerdos de paz y tomar en serio la ruptura con el paramilitarismo. Sabemos que Acore y otros miembros de la reserva tienen posiciones contrainsurgentes y anticomunistas muy de las entrañas de la ideología uribista. Les hago un llamado a las fuerzas militares a renunciar a las doctrinas de seguridad anticomunistas, a la falaz excusa de que existe un enemigo interno, a que defiendan la vida de las/os líderes sociales y especialmente a no dejarse usar por un gobierno extranjero para confrontar un país hermano, como es Venezuela. Está en riesgo la vida de muchos colombianos y colombianas.

Perspectiva política

-¿Qué sigue para las fuerzas de izquierda y democráticas ante un uribismo resquebrajado, un Uribe preso y un presidente desgastado?

-La izquierda en Colombia es diversa y los comunistas representamos una sensibilidad comprometida con cambios democráticos de fondo. Existe un campo de fuerzas políticas, sociales, étnicas, religiosas y de la cultura que han defendido el Acuerdo de Paz y las reformas necesarias para su implementación en beneficio de la sociedad.

En consecuencia, consideramos que se hace unidad con quienes comprenden que es necesaria una salida democrática de la actual crisis agravada y que esta incluye una política de diálogo y soluciones por la vía política, en cambio de una guerra estructural permanente que el Gobierno actual mantiene.

Somos partidarios de un pacto para sacar las armas de la política que abunde en las reformas sociales. Hay sectores del centro e incluso de la derecha que comprenden esta necesidad. Los que quieren acabar la paz o la JEP no son mayoritarios en la vida nacional. Hay una alternativa de las fuerzas democráticas que unidas pueden dar un cambio en Colombia sobre la base de acuerdos programáticos. Todo esto está muy bien, pero nos oponemos radicalmente a toda idea de excluir a la izquierda de los procesos de convergencia.

-¿Qué contenidos deben tener esos acuerdos?

-Recogemos las ideas de convergencia sugeridas por distintos sectores, por ejemplo, Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Clara López, entre otros, o la propuesta que ha hecho Gustavo Petro de un pacto democrático para sacar el país de la crisis; propuestas que implican un compromiso de muchas fuerzas y una voluntad de asumir sus consecuencias.

Pensamos que es necesario profundizar en ese acuerdo los aspectos necesarios para enfrentar la crisis: la renta básica, la seguridad laboral y sanitaria del personal de salud en pandemia, las condiciones para acabar la ley 100 y crear un sistema público, universal, de calidad; la educación universal y gratuita, una reforma agraria anti latifundista que reivindique al campesinado en lugar de importar 14 millones de toneladas de comida y la pensión universal,  que es propuesta de Aída Avella en el parlamento hoy.

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