Unidad y resistencia por un nuevo poder

0
83
Movilización del PCC en Bogotá. Foto archivo

Se reunió la conferencia ideológica nacional de programa y estatutos del Partido Comunista Colombiano de cara al XXIII Congreso de esta colectividad revolucionaria. VOZ reproduce la declaración política

Partido Comunista

A cinco años de suscrito el Acuerdo de Paz entre el Estado y las FARC-EP vivimos momentos inéditos del desarrollo político en nuestro país. El citado proceso, la poderosa y combativa movilización popular, que en los últimos tiempos ha llenado calles, carreteras, barriadas y territorios rurales y el cada vez mayor descontento social y popular, reclaman imperativamente un proceso de unidad y convergencias como el Pacto Histórico, es decir, una alternativa de gobierno, un cambio en el rumbo que ha llevado el país a la más grande desigualdad, corrupción, criminalidad sistemática de Estado y desprecio a los acuerdos en búsqueda de la paz.

Esta dinámica refleja el hartazgo de la sociedad, con un gobierno autoritario, soportado por una alianza del neoliberalismo y el narco capitalismo que destruyen la democracia y someten a la sociedad y al Estado a una condición sub colonial, de renuncia de la soberanía y de la independencia en la política exterior.

Crisis económica y Acuerdo de Paz

Se vive el aumento de la pobreza y las privaciones para la mayor parte de la población. El crecimiento de variables económicas solo refleja el enriquecimiento de las elites y la nula redistribución de dicho crecimiento. La persistencia del modelo económico, en medio de la crisis del capitalismo subordinado, agravada en la pandemia, el fracaso en el manejo del Covid-19 y una propuesta de reactivación sobre los hombros del pueblo y en beneficio del gran capital son amenazas de peores consecuencias a futuro si no interviene un cambio democrático.

Contrariamente a las mentiras de la ultraderecha, el Acuerdo de Paz redujo la inseguridad en los indicadores de la violencia de la guerra, con el cese al fuego y la dejación de armas y abrió camino a una perspectiva de cumplimiento de lo pactado, de diálogo con otras insurgencias por la vía de la paz completa.

Duque se propuso “volver trizas” el Acuerdo de Paz, obstaculizar y desfinanciar su implementación mientras simulaba ante el mundo darle curso. Los incumplimientos documentados, los más de mil liderazgos sociales asesinados incluyendo casi 300 firmantes de la paz, el incremento del paramilitarismo, ligado a los grupos mafiosos y mercenarios, hablan de la renuencia del gobierno a una política de garantías para la vida y el ejercicio de la actividad pública. La negación a abrir escenarios de diálogos, alimentan la sospecha de un nuevo ciclo de violencia para vender la idea de que se necesita un orden autoritario, con más neoliberalismo, privatizaciones, militarización y represión violenta de la justa protesta popular y ciudadana.

Momento político

El régimen fracasó en su intentona de echar atrás el Acuerdo de paz. En la medida que se acercan las elecciones concentra en la ultraderecha la monopolización del poder, se apropia de los órganos de control y de las autoridades electorales, elimina en abierto desacato a la tutela las ya débiles medidas de garantías electorales, maneja mediante corrupción el Congreso e intenta hacerlo con las Cortes.

El uribismo está debilitado, pero no derrotado y lidera a los sectores más conservadores y militaristas de la sociedad, en conexión con redes internacionales de la derecha patrocinadas por “tanques de pensamiento” financiados por el gran capital e influyentes en los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea.

A pesar del desprestigio del gobierno, aún se mantiene como la expresión ideológica y política más importante de la ultraderecha y el neofascismo criollos. El Centro Democrático define su apuesta presidencial con Oscar Iván Zuluaga. No obstante, el bloque de poder transnacional dominante se orienta hacia un continuismo matizado, “cambiar todo para que nada cambie”, capitalizando el desprestigio gubernamental.

La imagen “moderada” de un pretendido centro político intenta justificar su identidad bajo una figura de aparente repulsión a los extremos. El Partido de la U y Cambio Radical se distancian del uribismo e intentan recomponer su bancarrota. La “Coalición de la Experiencia”, de exalcaldes y ex gobernadores cercanos al uribismo y la “Coalición de la Esperanza”, de centro izquierda, junto con el Partido Liberal, pugnan por un acuerdo en torno a varios nombres, entre los cuales está el nombre de Alejandro Gaviria, candidatura respaldada por Juan Manuel Santos. Su propuesta de cambio se basa en una idea institucionalizada de la democracia y del ejercicio político, la continuación del modelo económico neoliberal y las “líneas rojas” que planteó el sistema en la negociación de La Habana. Uribismo y “moderados” coinciden en contra de las candidaturas y el programa del Pacto Histórico.

El cambio político

El Pacto Histórico, expresa la necesidad de cambio que avanza en el país. Es una alianza de gran potencial electoral, una apuesta de cambios profundo del régimen sociopolítico neoliberal y su sustitución por un modelo de reformas para la justicia social, la democratización política y del sistema electoral, la implementación total del Acuerdo de Paz y su desarrollo hacia la paz integral y completa, el pleno ejercicio de todos los derechos y libertades ciudadanas, la libertad de las y los presos políticos, sociales y prisioneros de guerra.

Es un desarrollo del concepto de solución política negociada, para atacar de raíz las causas, históricas y actuales de la violencia, proseguir el empeño de sacar las armas de la política, profundizar las reformas sociales, democratizar la sociedad, superar las grotescas desigualdades, liquidar la doctrina del “enemigo interno” y del “orden público”, suprimir el Esmad, iniciar el cambio hacia un concepto soberano de la defensa nacional y dar un paso a la democracia avanzada. Es también una ruta para garantizar el desarrollo de las fuerzas productivas, la defensa de los bienes comunes, del agua y la naturaleza, asegurar una más equitativa redistribución de la riqueza social y lograr un mayor bienestar para toda la población en todas las regiones.

El PH es un espacio en construcción, no excluyente hacia la izquierda ni hacia ningún sector inconforme, honesto y dispuesto a dar su aporte a la unidad. Por eso convoca a todas las expresiones de la diversidad colombiana que tienen conciencia de la necesidad de inaugurar una nueva época de dignidad, soberanía, igualdad, bienestar y seguridad para la vida.

En una dinámica de bloque popular alternativo las distintas expresiones de las izquierdas debemos trabajar en coherencia, con un sentido unitario y responsable. La construcción de listas al Congreso de la República debe reflejar la diversidad de integrantes del PH, pero sobre todo expresar el acuerdo programático, que sustentan la promesa de cambio y transformaciones, en concordancia con las exigencias de la movilización popular

El camino liberador

Este es un periodo en el cual la iniciativa de movilización social y popular debe profundizarse. La indignación con un gobierno cada vez más deslegitimado debe expresarse en la calle. El proceso electoral y la movilización no deben estar divorciados, al contrario, hacen parte de un mismo torrente que propulsa las posibilidades de cambios.

Los pueblos de Nuestramérica están en pie de lucha por sus derechos esenciales. Estamos en el marco de un proceso de cambios y avances en la lucha continental. Las movilizaciones indígenas en Guatemala y mapuche en Chile, el triunfo sandinista en Nicaragua, los resultados alentadores en Chile y Venezuela marcan un camino de avance popular. Expresamos nuestra solidaridad y apoyo a Cuba en su reactivación económica, vacunación de toda su población y rechazo al bloqueo, respaldo que se extiende a todos los pueblos latinoamericanos que continúan trazando el camino liberador.