Unidad ante la soberbia

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César Santoyo Santos
@Cesar_Santoyo_S

La captura del Estado mediante el nombramiento de amigos y áulicos del actual Gobierno y los grupos de interés que se mueven tras de ellos muestran una clara intencionalidad de aplastar toda forma de oposición y alternativa. No les importa acabar con rasgo alguno de democracia, están gobernando para sus fines, no interesan los medios.

Así como tratan de amedrentar desde ministerios y entidades nacionales al minimizar las dificultades que el conjunto nacional atraviesa, también impulsan la agenda de la legalidad, como hemos dicho en otras columnas, basados en el terror, en la “autoridad” como pilar para disuadir la sociedad, reducir libertades individuales y minar el Estado Social de Derecho. Esa es su manera de hacer trizas la paz: dejar sin oxígeno la vida en democracia y crear condiciones de autoritarismo y soberbia.

Con su sobrada insensatez y conocida incapacidad de resolver problemas de reactivación económica y social en medio de la crisis pandémica, maquillan y explican la política de protección de grandes capitales, bancos, y el vetusto y anacrónico latifundismo.

Esta es la situación social en la que se basan para impulsar su tercera reforma tributaria, la cual sigue sin controlar los elevadísimos salarios de altos funcionarios del país, no ataca problemas estructurales de gasto y menos el descontrol, pago de favores y prebendas políticas en el contexto de la batalla contra la corrupción.

Su fallido Gobierno alberga lo más granado de la ineficacia administrativa con un precio muy alto para los contribuyentes colombianos: luego de sus errores en gestión los premian con cargos en la diplomacia, poniendo en problemas a la política exterior y condenando al país a un servicio diplomático doblegado a intereses personales, sin fórmula de futuro y sin visión de país.

Desde la orilla de la rama judicial, el fallido Duque maximiza su injerencia escogiendo su propio juez y poniendo su gabinete a explicar cómo crean las condiciones para su súper corte a la medida y a la talla de sus amigos y los compadres de migas de aquellos, para que todo sea investigado sin cobrar mérito de litigio alguno en lo que les interesa y señalando, amedrentando y condenando a quien corresponda, multiplicando el riesgo de impunidad y exacerbando el control del ejecutivo a la libertad de actuación de servidores de la rama que hacen su trabajo en el marco del agónico Estado social de derecho.

Dando espacio al resultado en nuestra hermana Ecuador, el ambiente no puede ser más triste. El candidato neoliberal se impuso en medio de los miedos y temores que importó el funcionariato ecuatoriano de las manos del irrefrenable y también fallido Francisco Barbosa, quien con su show, ahora transnacional, señaló a la alternativa en este país, mientras que este gris funcionario aquí en Colombia archiva denuncias de persecución y homicidios a líderes sociales, firmantes de la paz, descarta amenazas a defensores, convierte los recursos de la Fiscalía en caja menor de sus vanidades y con explicaciones geoestadísticas reduce la investigación criminal únicamente a datos y porcentajes.

La unidad, exploración programática de profunda sensibilidad, sensatez y amplitud nos deben guiar para emprender las conversaciones que cambien el rumbo en el ejecutivo, pero también en el Congreso. Es hora de superar el lastre de la atomización y la arrogancia, nuestra hermana Ecuador así lo ejemplifica.

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