Un monumental pensador latinoamericano nacido en España

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Jesús Martín Barbero

El maestro Jesús Martín Barbero perteneció a una generación de intelectuales que pensaban desde América Latina, donde la conversación y el intercambio en múltiples escenarios académicos y docentes promovió la teorización y el pensamiento propio

Eduardo Restrepo
@erestrepo_

El pasado sábado 12 de junio murió Jesús Martín Barbero, uno de los grandes pensadores de América Latina. Nacido en Ávila España en 1937, Jesús Martín Barbero llegó a Colombia a comienzos de los años sesenta para quedarse y convertirse en una de las más destacadas figuras de campos como los estudios de la comunicación y de los estudios culturales.

Entre las innumerables contribuciones asociadas a Martín Barbero cabe destacar sus investigaciones en torno a las articulaciones entre los procesos de comunicación y las mediaciones culturales, que lo desmarcaron desde muy temprano de los más convencionales enfoques centrados en los medios. Esto lo llevó a tomarse en serio la cultura popular, a entender densamente lo que la gente de a pie hace en sus vidas cotidianas con productos culturales como las novelas o las películas que consumen.

La noción de mediación

El libro más ampliamente conocido y referido de Martín Barbero es De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía. Publicado por vez primera en 1987, con numerosas ediciones y traducciones, el texto es el resultado de una investigación iniciada en 1975 que culmina, luego de un largo proceso de elaboración y escritura, en 1985.

Es un libro denso y contundente, donde se fundamenta este desplazamiento teórico-metodológico de la concepción de los medios como aguja hipodérmica, que inocula la ideología dominante en unas audiencias pasivas, hacia entender situadamente (etnográficamente, pudiera decirse) los procesos de apropiación, transformación y resignificación que constituyen las mediaciones desde la vida cotidiana de sectores sociales concretos.

A partir de la noción de mediación de inspiración gramsciana, Martín Barbero exploró las heterogéneas y contradictorias relaciones de poder y prácticas de significación que se juegan en los procesos de comunicación en la vida cotidiana de las gentes. Así, las visiones de los medios que conciben a la comunicación como proceso de dominación a partir de sus disimiles argucias semióticas son complejizadas por su elaboración más gramsciana de pensar dominación como proceso de comunicación.

Pensar desde América Latina

Como escalofrío epistemológico describía una temprana experiencia vital en sus años en la Universidad del Valle, al ser interpelado en su arrogancia del intelectual iluminista y letrado por las emocionalidades estéticas e interpretaciones de los sectores populares que se le escapaban. Este fue un punto de quiebre y condición de posibilidad de su sensibilidad para acercarse a las culturas populares, sin caer en los extremos de la romantización de lo popular ni de su vaciamiento en una mera caja de resonancia de los sectores dominantes.

Jesús Martín Barbero perteneció a una generación de intelectuales que pensaban desde América Latina; una en donde la conversación y el intercambio auténtico en múltiples escenarios académicos y docentes habilitó la teorización contextuada y el pensamiento propio. Esto lo hizo particularmente crítico de los silenciamientos y políticas de la ignorancia que se agencian desde las geopolíticas del conocimiento del norte global (y a las que, no sobra decirlo, se pliegan borregalmente hoy los criterios de medición para investigadores y grupos de investigación impuestos por Minciencias).

Así, por ejemplo, en el campo de los estudios culturales es bien conocida una entrevista en Alemania a mediados de los años noventa donde Martín Barbero argumentaba que nosotros, en América Latina, habíamos hecho estudios culturales antes de que la etiqueta apareciera en Gran Bretaña. Antes que una apelación a un chauvinismo latinoamericanista, Martín Barbero estaba cuestionando las genealogías eurocentristas de este campo transdisciplinario que asumen el relato historicista de “primero en Europa-Estados Unidos, luego en el resto del mundo”.

Estas genealogías desconocen e invisibilizan las tradiciones, autores y contribuciones producidas desde América Latina, como si nuestro lugar fuera el de simple mimesis y copias diletantes del pensamiento europeo-estadounidense. Martín Barbero se desmarcaba así de unas políticas del nombrar naturalizadas por el establecimiento académico y editorial del norte global que pretenden subsumir desde su violencia epistémica la heterodoxa labor intelectual de generaciones de pensadores latinoamericanos sobre las imbricaciones de la cultura y el poder.

Legado colosal

A lo largo de más de medio siglo, su obra incluye muchas otras preocupaciones. Sus abordajes sobre las identidades, la imaginación de la nación, los jóvenes, las nuevas tecnologías, la globalización y la modernidad, entre otros, hacen parte de su monumental legado.

A veces injustamente cuestionado como un autor postmoderno que celebraba la globalización, Martín Barbero estuvo siempre buscando entender, desde una perspectiva que tomaba en serio los amarres entre comunicación y cultura, las disputas y entramados que constituyen nuestro presente.

Ni un “globalofóbico”, ni “globalototalitarista”, su trabajo no desconoce los procesos de dominación y despojo articulados en las últimas décadas en nombre de la globalización, pero eso no lo ciega a las contradictorias apropiaciones, hibridaciones, resistencias, desplazamientos y disidencias producidas desde lugares y gentes concretas.

Además de una generosidad intelectual y una gran pasión por las conversaciones auténticas, Martín Barbero transitó y se apropió creativamente de un gran espectro de teorías y autores: Antonio Gramsci, Walter Benjamin, Mijaíl Bajtín, Michael De Certeau y Paul Ricoeur, tanto como sus colegas y amigos Néstor García Canclini, Nelly Richard, Beatriz Sarlo y Rosana Reguillo, entre muchos otros.

Monumental

Escucharlo, desde la primera vez que siendo un estudiante de bachillerato tuve la posibilidad de oírle en una conferencia sobre un análisis semiótico-etnográfico de las plazas de mercado y los supermercados en los años ochenta, hasta una de sus últimas conferencias en la Universidad Javeriana, era una invitación a abordar nuevas elaboraciones y temáticas con una destreza que pocos igualan.

En una entrevista que le realizaba hace ya once años, Martín Barbero recordaba sus días de adolescente cuando su profesor de historia de la cultura desconcertaba su pensamiento con frases como: “Puede que algunos de ustedes tengan la tentación de ser intelectuales, no olviden nunca esto: las putas saben quienes las van a llorar el día en que se mueran, los intelectuales no”.

Con su muerte, este recuerdo compartido adquiere un nuevo sentido. No solo somos muchos en diferentes países de las Américas Latinas, sino desde diferentes campos del conocimiento, quienes lloramos sentidamente hoy la muerte de un monumental intelectual latinoamericano que nació en España.