Un militante de primera

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Justo Pastor Gómez Pedraza. Foto archivo

Homenaje a Justo Pastor Gómez, inolvidable líder santandereano, quien fue organizador comunista, dirigente sindical y lector asiduo de VOZ. Falleció en Boyacá, que lo acogió en sus mejores años de militancia política

Felipe Alarcón

“Primero la muerte antes que olvidar… no se puede olvidar al Partido Comunista ni a la Unión Patriótica”. Esta fue la sentencia, imprevista, con la que se despidió en la puerta de su casa el camarada Justo Pastor Gómez el día en que nos conocimos. Ahora se cumple un mes de su muerte, pero como diría el entrañable Jaime Pardo Leal, “los revolucionarios nunca mueren, porque su obra se incrusta en la energía que transforma el mundo”.

En este caso su impronta pervive en los testimonios de quienes a su lado se formaron en la militancia comunista; está presente en los sindicatos que contribuyó a crear y organizar, en los derechos y convenciones arrancadas a las patronales y en los barrios que testimonian las luchas por el derecho a la vivienda de las que hizo parte.

Justo Pastor Gómez Pedraza nació en 1938 en la Mesa de Los Santos, Santander. Su niñez y juventud la vivió en el campo entre sismos, cañaduzales, trapiches, sembradíos de tabaco y visitas frecuentes de comunistas a la finca. A sus veinte años, en 1958, viajó a Bucaramanga en donde conoció al camarada Rozo Osorio (posteriormente secretario de Finanzas del PCC) y decidió ingresar a la Juventud Comunista.

En ese momento inició su actividad sindical y su tarea de organizador; labor nómada que lo llevó por los departamentos de Santander, Cundinamarca, Tolima y Boyacá, siguiendo el itinerario marcado por las luchas obreras y la necesidad de crear referentes organizativos de las y los trabajadores.

Sindicalista y organizador

En 1967 continuó su militancia en Barrancabermeja como asesor sindical de la USO y del sindicato de la salud. En la “capital del Río” conoció a Cornelia Hernández, en ese momento directiva del sindicato de enfermeras, quien lo acompañaría desde entonces por los periplos de la militancia, la familia y el amor.

Posteriormente se trasladó a Girardot por razones de seguridad -testimonio común en la historia del PCC-, donde afianzó una importante actividad político-sindical vinculada a la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia, CSTC, extendiendo además su iniciativa y su papel organizador de la clase obrera por municipios de Cundinamarca y Tolima.

Allí, desde finales de los sesenta y durante los años setenta, asesoró sindicatos de algodoneros, cementeros y areneras. Además, trabajó activamente en la organización del sector salud, fue pionero en la construcción de referentes organizativos de vendedores ambulantes de la región y trabó amistad con Luis Eduardo Calderón, quien hacía parte del sindicato de la fábrica de ladrillos FLAM en Ricaurte.

Posteriormente, cerca de dos mil metros arriba por la cordillera oriental, en 1982 se encontró con las luchas sindicales del complejo industrial de la región del valle de Sugamuxi y Tundama en el Departamento de Boyacá. Allí asesoró pliegos, coordinó huelgas y, como él diría, “inició” a muchos trabajadores y trabajadoras en la militancia comunista. A esto se sumó la labor de organización de la naciente Unión Patriótica y un trabajo fundamental de organización del Partido Comunista en Boyacá por cerca de siete años.

En la provincia de Sugamuxi

Durante este tiempo, el trabajo iniciado con Calderón en la región del Alto Magdalena se tradujo en representación política de los trabajadores en la Asamblea Departamental de Cundinamarca, donde éste último fue elegido como diputado. Justo Pastor fue designado como asesor en su equipo de trabajo, labor que se extendió durante la elección de Calderón a la Cámara de Representantes junto con Manuel Cepeda Vargas en 1991.

Desde finales de los años ochenta y durante la década de los noventa sobrevino el genocidio contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista. En su memoria ocupó un lugar central el asesinato de Teófilo Forero, uno de sus amigos y camaradas más cercano con quien militó en el trabajo desarrollado en la Asamblea de Cundinamarca. De estas experiencias se advertía su tono cauteloso, omisiones intencionadas respecto a temas y sucesos; huellas de una práctica política signada por la persecución y la estigmatización.

En este periodo, además de sus actividades en la Asamblea Departamental de Cundinamarca, Justo Pastor apoyó un trabajo articulado entre el sector sindical y el movimiento cívico en la Provincia de Sugamuxi, en el departamento de Boyacá. Allí, junto a sindicalistas como Juan Vianchá y Argemiro Pérez contribuyó a la construcción del barrio Provivienda (actualmente Prado Norte) en el municipio de Sogamoso, de la mano de dirigentes como Mario Upegui.

La alegría como conjuro de la vida

A inicios del siglo XXI, cercano a sus 70 años de edad, Justo Pastor regresó definitivamente a Boyacá. Sogamoso sería el puerto de llegada de su itinerario como militante, donde por un corto tiempo continuó actividades en Anthoc y mantuvo un vínculo partidario. Sin embargo, el tiempo hizo llamados a la salud, sus actividades fueron paulatinamente limitándose y otras fueron las tareas asumidas. Tomó centralidad entonces su rol de esposo, padre y especialmente de abuelo.

En el testimonio de su esposa Cornelia, de su hija Yasmine y su nieta Nikol, habita la memoria no sólo del militante, del organizador y sindicalista; en ellas esta memoria tiene aditivos que la ensanchan, la llenan de humanidad. Se advierte el hombre solidario que heredó a los suyos el afán por la justicia social, la preocupación por la dignidad de los otros y la alegría como conjuro de las durezas de la vida.

También recuerdan al abuelo que apostaba golosinas a las cartas para llevarle dulces a su nieta; el esposo que acompañó a Cornelia cada tarde abrazando su vejez compartida; el padre presente como referente de firmeza, pero también alcahueta y afectuoso. Pervive el consejero popular que hasta sus últimos días ejerció como vicepresidente de la Junta de Acción Comunal; el asiduo lector del VOZ, su propagandista y difusor hasta que la memoria lo permitió. Permanece el santandereano que siempre guardó su tierra como un pedazo dulce de panela en los bolsillos.

Encuentro con el pasado

En definitiva, en Justo Pastor encontramos las memorias de una biografía anudada y hacedora de la historia del PCC, de la UP, de las luchas políticas, obreras y cívicas de la región y el país. Así, al conmemorar su memoria hablamos de quienes hicieron de su vida una lucha por los derechos de los y las trabajadoras. Recordamos a quienes han creído en la revolución social como camino posible y, como diría Gramsci, hicieron de su filosofía testimonio a través de la práctica, de la política propia.

Recordar es exhortar al Partido para el encuentro con su pasado en las regiones, con las memorias vivas que aún testimonian luchas territoriales de militantes que han sido la vida orgánica de la organización, de células que históricamente han dado vida a luchas obreras y populares en barrios, comunas y veredas. Es invitación a articular ese pasado, a recoger las voces de quienes han resistido la persecución y la muerte, o han batallado contra el tiempo y el silencio guardando memorias subterráneas que pugnan por ser reconocidas en ese nuevo relato del pasado que hoy disputamos en el país.

Es una propuesta para reponer las voces de camaradas que, como Justo Pastor, fueron en la historia del Partido –como en sus palabras podría haberse nombrado– ¡militantes “de primera”!