Del aula a la presidencia

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Pedro Castillo

Millones de peruanos están entusiasmados con la perspectiva de un triunfo de este profesor de escuela y líder sindical que representa la esperanza de superar el neoliberalismo

Alberto Acevedo

Con unas elecciones con pronóstico reservado y un conteo de las actas de votación de infarto, en la tarde del 9 de junio en el último boletín de la autoridad nacional electoral, con el 98.5 por ciento de las actas escrutadas, Pedro Castillo Terrones, el candidato de la coalición Perú Libre, se imponía con el 50.1 por ciento de los votos, frente a un 49.8 por ciento a favor de Keiko Fujimori, la candidata de la derecha neoliberal peruana.

A los dos contrincantes los separaba una diferencia de 95.000 votos que, en las condiciones de una crisis sanitaria y social de dimensiones colosales, auguraba que el fraccionamiento de la nación y la polarización no se iban a solucionar de inmediato, y en las condiciones de ‘empate técnico’ en los resultados de las urnas, a ninguno de los dos candidatos les iba a resultar fácil gobernar.

Tras conocerse los resultados del último boletín electoral, Fujimori insinuó que se habría producido un ‘fraude’ a favor de su contrincante, afirmación que apunta a desconocer el resultado de las urnas y a intentar incendiar el país. La afirmación es preocupante, puesto que, en su tercer intento por alcanzar la presidencia, Keiko Fujimori esta vez consiguió aglutinar a todo el espectro de la derecha y la ultraderecha neoliberales en torno a su nombre, y entre los sectores que la respaldan estarían las Fuerzas Militares.

Corrupción y crisis sanitaria

Indicadores de la crisis estructural que caracteriza al Perú en estos momentos es en primer lugar el pésimo manejo de la pandemia del coronavirus, que ha cobrado 186.000 muertos y un registro de un millón 900 mil infectados. Por el volumen de su población, Perú se sitúa en el quinto lugar en el ranquin global de muertos, después de Brasil, Estados Unidos, India y México.

Al lado de esta tragedia sanitaria se sitúa la enorme corrupción administrativa, que ha llevado a que una franja enorme de la población desconfíe de la clase dirigente, y haya hecho posible el triunfo de un hombre de la entraña popular como Pedro Castillo. Eso explica que se hayan presentado 18 candidatos a la presidencia; que en los últimos cinco años se haya sucedido en el poder cuatro presidentes, y que todos los expresidentes de esa nación estén hoy en la cárcel o prófugos de la justicia.

Un hombre sincero

A esa corruptela no escapa la aspirante Keiko Fujimori, que en la recta final de la campaña electoral fue acusada por el fiscal José Domingo Pérez, de haber participado de los sobornos de Odebrecht e incurrir en los delitos de lavado de activos, crimen organizado, obstrucción a la justicia y falsa declaración en procedimiento administrativo, por lo que el funcionario investigador pidió 30 años y 10 meses de prisión para la acusada.

Frente a semejante estado de cosas se erigió la candidatura de Pedro Castillo, un maestro de escuela y dirigente sindical, que se lanzó como candidato sin ser parte del establecimiento, ni del liderazgo de los partidos tradicionales. Su respaldo se asienta en sectores humildes y organizaciones sindicales.

Ese pueblo humilde hoy se vuelve a entusiasmar con el triunfo de Castillo. Este maestro irrumpió con el uso de la simbología popular del Perú profundo: el sombrero, y un lápiz como logo. Su origen humilde no hace que aparezca como el hombre que utiliza estos símbolos sino como el que con vive con ellos. No es un gran orador, pero sí un hombre que se ve sincero.