Un desplazamiento en nombre del desarrollo

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Municipio de Hatonuevo, La Guajira

La comunidad afro del desaparecido corregimiento de Tabaco en el municipio de Hatonuevo, La Guajira, exige a las autoridades el derecho a reconstruir el territorio. Mientras tanto, el caso de desplazamiento forzado orquestado por las multinacionales carboneras continúa impune

Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo
@Ccajar

Hoy todavía reposa el ensordecedor ruido incrustado

dentro del pensamiento mudo de la gente

En ese cruel momento de dolor asesino

que derribaba rompiendo las cuerdas de la voz del Pueblo”

de un pueblo que la minería borró…

Rogelio Ustate Arregoces

“Nosotros en Tabaco teníamos una vida digna, una vida muy bonita, vivíamos muy bien, teníamos comida, teníamos libertad. Cuando Cerrejón llegó las cosas cambiaron, nos hicieron hacer contratos de arrendamientos y nos hicieron vender con la amenaza de expropiarnos”, recuerda con nostalgia Mariano Deluquez sobre el día en que las multinacionales del carbón lo sacaron a él y a su familia de su territorio.

Tabaco era un pueblo de afrodescendientes en el sur de La Guajira. Se estima que la comunidad fue fundada alrededor del año de 1780. El territorio llegó a tener cerca de 500 habitantes, escuela rural, puesto de salud, cementerio, parque infantil, iglesia, caseta de bomba de agua, cancha de fútbol, dos tanques de almacenamiento de agua, energía eléctrica, plaza, calles y vías.

“Nosotros éramos una comunidad muy unida, muy comunicativa, al inicio la autoridad era el consejo de mayores, mucho antes de que nos volviéramos un corregimiento de Hatonuevo”, evoca Juana Díaz. Este territorio llegó a ser una despensa agrícola en la región, pues la mayoría de sus habitantes se dedicaba a la cría de cerdos, ganado vacuno, cultivo de yuca, maíz, guineo y frutas, siendo usual el intercambio a través de trueques, estas actividades además no solo eran desarrolladas en tierras individuales sino en los terrenos colectivos que poseían; pero a finales de los años noventa, Tabaco se convirtió en un estorbo en los planes de expansión que tenían las multinacionales de la minería de carbón a cielo abierto. En la elección entre la existencia de la comunidad y los planes de expansión de la mina prevaleció el proyecto minero.

Despojo institucional

Edgar Arregocés es un campesino afro que aún siente el dolor de haber dejado su tierra: “Yo salí del Tabaco, pero Tabaco no ha salido de mí. Cuando llegó la multinacional se presentaron muchos inconvenientes, se perdió la identidad cultural, lo más importante que tiene el ser humano. Perdimos la capacidad económica, estamos despojados de muchas cosas que trajimos de nuestro pueblo pero que nos ha tocado salir de ellas para poderle dar una medicina, poderle dar educación a nuestros hijos”.

Para despojar a la comunidad se utilizaron diferentes medios: la compra de tierras alrededor de la mina a precios irrisorios, se expropiaron predios y las últimas familias que se resistieron a salir, fueron desalojadas a la fuerza por el Esmad y la seguridad privada de la empresa, siendo golpeadas, maltratadas y echadas de sus casas, sin que se les permitiera sacar sus enseres y pertenencias. Unos procesos de despojo fueron hechos por Carbocol-Intercor y otros por Carbones del Cerrejón empresa que adquirió las obligaciones y derechos de la explotación minera de la cual se ha beneficiado en las últimas décadas.

“El día que nos sacaron de Tabaco fue el más doloroso de nuestras vidas. Con la llegada de las multinacionales se nos atropellaron todos nuestros derechos, llegaron las expropiaciones de las tierras, nosotros no sabíamos lo que significaba eso, no sabíamos que la vida se nos iba a destruir”, rememora Inés Pérez a propósito de lo que vivió junto a su familia y vecinos, un desplazamiento forzado al que se vieron sometidos por la minería de carbón. “Ellos mandaron a tumbar las casas con quien estuviera adentro, llegaron con la seguridad privada de la empresa, con antimotines, con ejército. empezaron a sacar a la gente a la fuerza, sacaron los enseres para una bodega en Hatonuevo, se llevaron la comida. Para la comunidad esto es algo muy doloroso, ver que una empresa estaba haciendo una masacre y que todas las autoridades los apoyaban. Después de que nos tumbaron las viviendas y quedamos sin nada, el señor Emilio entra a sacar un niño de una de las casas y se le vienen diez policías encima y lo agarraron a garrote, yo me le tiré encima y me agarraron a mí”.

Promesas incumplidas

Luis Carlos Romero, recapitula los inicios de la actividad minera en el corregimiento: “En los años setenta llegaron unos señores al corregimiento de Tabaco, a veces hablaban inglés, a veces español y ellos fueron persuadiendo a la comunidad. Primero hicieron un campamento y allí aterrizaban sus aviones. Le decían a la comunidad que venían a traer beneficios y que debían vender sus casas ya que nunca iban a tener una oportunidad como esa, primero fue un proceso de desalojo voluntario. En el año 98 hicieron un avalúo y mandaron una carta a la gente donde decían que debían destruir su propia casa para evitar problemas con la policía”.

En 2002, un fallo de una tutela de la Corte Suprema de Justicia ordenó que el municipio de Hatonuevo tendría 48 horas para iniciar los trámites para “materializar las soluciones efectivas” para la construcción de las viviendas y necesidades de educación de los menores. 19 años después estas viviendas nunca fueron entregadas.

En 2008, tras un proceso de denuncias a nivel internacional, se deciden firmar unos acuerdos que prometieron la esperada reconstrucción del corregimiento. Estos acuerdos fueron firmados por unos pocos “líderes” que arbitrariamente concentraron la decisión de a quienes se dirigían las “indemnizaciones”, esto provocó que fueran beneficiadas personas que no eran pertenecientes a la comunidad.

Los acuerdos no tuvieron en cuenta el carácter colectivo y el legado ancestral del territorio y la comunidad de Tabaco, les fueron negados los derechos a la consulta y consentimiento previo, libre e informado. De lo que se prometió sobre la reconstrucción del pueblo, solo se tiene la entrega de un terreno, pero no se hicieron las viviendas ni se adecuaron los servicios.

En 2014, un grupo de familias interpuso una nueva tutela. Luego de casi cinco años, a finales del año 2019, la Corte Constitucional notificó la Sentencia T-329 a favor de la comunidad de Tabaco. En el fallo, la Corte reconoce que lo ocurrido con esta comunidad es lo que se denomina un desplazamiento inducido por el desarrollo, frente al que se tienen obligaciones de reparación integral. También reprochó que actualmente no haya una protección importante, real, oportuna y efectiva, para superar el estado de desintegración en el que se encuentra esta comunidad afrodescendiente. Pues como se menciona en el escrito de tutela, el estado de abandono en el que se encuentran, la desintegración y el imposible reasentamiento de la comunidad, se convierte en una presente y constante vulneración de sus derechos fundamentales. A pesar de las acciones adelantadas por la empresa, el estado actual en el que la comunidad de Tabaco se encuentra y la ausencia persistente en el tiempo de medidas reales compensatorias, adecuadas e incluyentes de sus habitantes no logran ser justificadas ni por la empresa ni por el municipio de Hatonuevo».

La Corte ordenó entonces a la empresa y al municipio de Hatonuevo que en cinco meses luego de notificada la sentencia debían estar listas las medidas para la reubicación y el restablecimiento de los derechos de la comunidad de Tabaco, pero aún eso no ha pasado.

Tabaco existe en la comunidad

En mayo de 2020, dada la crítica situación de precariedad y vulnerabilidad que se profundizó con la llegada de la pandemia, un grupo de familias hizo una protesta en la vía férrea de la empresa. Se les respondió que debían tramitar sus reclamaciones en los espacios de reuniones para el seguimiento de la sentencia.

Para Rogelio Ustate, otra de las víctimas del desarrollo, «la minería solo dejó huella de dolor y miseria, acabó con los sueños por una vida mejor, fue la pérdida de la dinámica social y cultural. El territorio ancestral es el elemento fundamental para la convivencia física y espiritual de las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. El territorio es donde se teje nuestra historia y nuestros sueños, es legitimidad, fortaleza en el tiempo. Al perder el territorio por la minería ya nosotros no podíamos decidir sobre nuestro futuro”.

Luego de casi dos años de proferido el fallo de la Corte, sólo se ha prometido que se realizará una caracterización para conocer el contexto actual de la comunidad. Sin embargo, no se tienen plazos o un cronograma estimable, ni un plan de acción para poner en marcha dichas medidas, sólo les ha contestado que una vez se tengan tales resultados de la caracterización se mirara qué se puede hacer para poder repararlos.

Samuel Arregocés, uno de los líderes de la comunidad reprocha la impunidad que ronda este caso: “nosotros hemos reclamado nuestros derechos como comunidad étnica, pero el Estado y la multinacional se siguen pasando por la faja estos fallos judiciales y aún no se ha materializado nada en la comunidad de Tabaco. Seguimos dispersos, aislados, somos una comunidad nómada que solamente la tenemos nosotros en nuestros corazones, Tabaco existe en nosotros y existe en papel para que el municipio de Hatonuevo sea hoy municipio. Estamos exigiendo a las multinacionales que cumplan, pedimos esa anhelada reparación integral”.

En junio de 2021, las compañías multinacionales BHP y Angloamerican anunciaron la venta de sus acciones a Glencore quedando esta última como única dueña de la mina en Colombia. La compra se hizo por un total de 588 millones de dólares, los cuales la compañía suiza dice que espera recuperar en los próximos dos años. Estas empresas venden en medio de una absoluta impunidad por las graves violaciones, despojos y daños causados por la explotación de carbón del que se beneficiaron por décadas, carbón que fue arrancado de las entrañas del territorio donde estaba Tabaco.

Todas las declaraciones de esta crónica surgen del foro virtual: Tabaco, La Guajira: Un desplazamiento en nombre del desarrollo. Reviva la transmisión aquí: https://www.facebook.com/watch/live/?v=820951368607668&ref=watch_permalink